Cultura

Fue una ciudad profundamente multiétnica, dice la Premio Crónica. Ofrecerá el ciclo el 20 de enero en El Colegio Nacional

Linda Manzanilla mostrará cómo las ciencias ayudan a entender Teotihuacan

Arqueóloga La doctora Linda Rosa Manzanilla Naim.

La doctora Linda Rosa Manzanilla Naim ofrecerá el ciclo “La ciencia del siglo XXI al servicio de la arqueología: el caso de Teotihuacan”, en el cual analizará cómo diversas disciplinas como la geofísica permiten conocer características de los sitios arqueológicos antes de iniciar una excavación o cómo el estudio químico de los pisos de estuco posibilita comprender qué actividades se desarrollaron en cada cuarto, pórtico o patio previamente rescatado.

En entrevista, la Premio Crónica cuenta que Teotihuacan fue una ciudad profundamente multiétnica. “Es la primera vez que vemos una capital de esta magnitud con tal diversidad”, subraya la arqueóloga.

La arqueóloga explica que ha dedicado muchos años de trabajo a comprender una enorme ciudad multiétnica y a sus habitantes, por lo que era necesario individuar a las personas provenientes de otros lugares dentro de esa multietnicidad: ¿De dónde provenían los restos que desenterré en el centro de un barrio? ¿Quiénes eran? ¿Qué hicieron en vida? ¿Qué grupo genético tenían? En suma: el estudio forense de una población”.

Teotihuacan estaba organizada en al menos 22 barrios, cada uno con intereses, alianzas y corredores propios hacia distintas regiones de Mesoamérica. Teopancazco, centro de coordinación de un barrio del sur que ha estudiado Manzanilla Naim, concentró población procedente de Puebla, Veracruz, Hidalgo, Tlaxcala e incluso Chiapas. La costa del Golfo dejó huellas materiales en la infraestructura del lugar: el piso de estuco contenía vidrio volcánico de Altotonga, Veracruz.

Cientos de personas que llegaron a esta gran metrópoli mesoamericana, como lo confirman los restos óseos, fragmentos de cerámica, textiles y suelos analizados durante cinco décadas Linda Rosa Manzanilla, miembro de El Colegio Nacional desde el 2007. “Yo hago ciencia, no ciencia ficción”, afirma en entrevista.

Explica que algunos migrantes se incorporaron a la confección de prendas con conchas marinas; otros, a la manufactura de redes de pesca, a la talla de obsidiana, al transporte de cargas o a la pintura mural y de cerámica. Cada oficio dejó marcas específicas en el cuerpo. Los pintores y tejedores presentan entesopatías en los dedos; los pescadores, en los brazos; los buzos muestran exostosis auditiva por la inmersión constante; los cargadores registran compresión de vértebras cervicales y alteraciones en pies y cráneo por recorrer largas distancias, como el trayecto de más de 300 kilómetros entre Teotihuacan y Nautla, Veracruz.

Gracias al análisis de ADN mitocondrial, a los estudios osteológicos, de isótopos estables y de estroncio fue posible establecer quiénes eran migrantes y de dónde provenían; con estudios osteológicos de sus articulaciones y con isótopos estables, a qué se dedicaban y cuál era su dieta; quiénes eran teotihuacanos que salieron de su localidad y regresaron a la metrópoli; y, finalmente, quiénes nacieron y murieron en Teotihuacan.

El trabajo de Manzanilla Naim fue pionero en México. Sus investigaciones contribuyeron a la creación del laboratorio de ADN antiguo del Cinvestav-Irapuato y al inicio, en el Instituto de Geofísica de la UNAM, de estudios de isótopos de estroncio aplicados a restos óseos humanos. “Entusiasmé a varios laboratorios a hacer por primera vez análisis sobre restos arqueológicos”, enfatiza.

LA INTERDISCIPLINA AL SERVICIO DE LA ARQUEOLOGÍA

No existen documentos de la época de Teotihuacan que ayuden a comprender el funcionamiento de la ciudad y su sociedad; sin embargo, la ciencia contemporánea ofrece herramientas para desentrañar su pasado. Ese será el tema Linda Rosa Manzanilla en su ciclo La ciencia del siglo XXI al servicio de la arqueología: el caso de Teotihuacan, que se realizará o martes 20 de enero, a las 17:00 horas, en el Aula Mayor de El Colegio Nacional.

El ciclo estará integrado por dos conferencias: “La ciudad de Teotihuacan a través del lente de la ciencia del siglo XXI” y “Estudio forense de la población multiétnica de Teotihuacan”.

FORMACIÓN

Desde sus años de formación en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Manzanilla Naim incorporó un enfoque interdisciplinario. Bajo la guía de su maestro José Luis Lorenzo (1921–1996) aprendió a integrar datos de la geología, la paleobotánica, la paleozoología, el análisis de suelos y la química para comprender el pasado. Más adelante, ya como investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, fortaleció este enfoque gracias a la creación de laboratorios especializados impulsados por Jaime Litvak King (1933–2006).

“Cuando gané la plaza en la UNAM seguí haciendo interdisciplina de una manera fabulosa”, recuerda. Las colaboraciones con institutos de Física, Geofísica y Geología permitieron aplicar técnicas avanzadas de fechamiento y análisis de materiales arqueológicos. A partir de los años dos mil, para entender a los migrantes de Teotihuacan, incorporó el estudio de ADN antiguo, así como análisis de isótopos estables y de estroncio.

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