El tercer lunes de enero es conocido como el Blue Monday, el supuesto día más triste del año. Mientras las redes sociales se llenan de frases motivacionales, tips de productividad y consejos exprés para “sentirse mejor”, la literatura recuerda algo incómodo pero necesario: hay tristezas que no se curan con optimismo inmediato. Existen libros —y relatos— capaces de provocar una melancolía mucho más profunda que cualquier lunes gris.
Mención honorífica: La tristeza, de Antón Chéjov
Antes de hablar de novelas, vale la pena mencionar este breve pero devastador cuento de Chéjov. La tristeza narra la historia de Yona, un viejo cochero ruso que acaba de perder a su hijo. Desesperado por compartir su dolor, intenta contarlo a sus pasajeros, pero todos lo ignoran. Al final, Yona termina confesándole su pena a su caballo, en una escena que resume la soledad humana y la deshumanización con una crudeza silenciosa y conmovedora.
Tan poca vida, de Hanya Yanagihara
Esta novela se convirtió en un fenómeno en redes sociales: lectores llorando frente a la cámara, comparando su vida antes y después del libro. Y no es para menos. Tan poca vida es una lectura devastadora, pero sobre todo profundamente pesimista: no hay respiros ni concesiones al alivio.
La historia sigue a cuatro amigos —Jude, Willem, Malcolm y JB— a lo largo de varias décadas en Nueva York, explorando sus sueños, fracasos y vínculos. Sin embargo, el eje es Jude St. Francis, un hombre marcado por un pasado traumático que deriva en dolor crónico, autolesiones y adicciones. La novela pone a prueba los límites de la amistad, el amor, el sufrimiento y la resiliencia humana, a través de una experiencia emocionalmente intensa.
La estación de Ueno, de Yū Miri
Ganadora del National Book Award for Translated Literature, esta novela de la autora japonesa Yū Miri ofrece una perspectiva desgarradora sobre la marginalidad y la soledad en la modernidad japonesa.
El protagonista es el fantasma de un hombre sin hogar que vaga por el Parque Ueno, en Tokio, mientras recuerda su vida marcada por la pobreza, la pérdida y acontecimientos clave de la historia de Japón. Una de las frases más demoledoras del libro ocurre cuando su madre le dice que es un hombre sin suerte, destinado a ser infeliz toda la vida. Una sentencia que parece perseguirlo incluso después de la muerte.
Indigno de ser humano, de Osamu Dazai
También conocida como Ningen Shikkaku, esta obra semi-autobiográfica de Osamu Dazai es un retrato crudo de la alienación y la angustia existencial. Narra la vida de Yozo Oba, un joven sensible que no logra comprender la hipocresía social y adopta la máscara del bufón para encajar.
A lo largo del relato, Yozo se hunde en el alcoholismo, las drogas y la desesperación, desde la infancia hasta la decadencia en el Tokio de posguerra. El libro explora con brutal honestidad la pérdida de identidad, la culpa y la imposibilidad de sentirse humano en un mundo que exige máscaras constantes.
El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger
Pocas cosas resultan tan tristes como observar la rabia y el desencanto de un adolescente que ya perdió la inocencia. Holden Caulfield, de 16 años, recorre Nueva York durante dos días tras ser expulsado de su internado, cargando la muerte de su hermano y un profundo desprecio hacia lo que considera la falsedad del mundo adulto.
En su deambular, Holden busca conexión, pero se siente permanentemente alienado. Su deseo de convertirse en un “guardián entre el centeno” —alguien que salve a los niños de caer al abismo de la hipocresía— resume la melancolía de una juventud que presiente una adultez igual de miserable.