Cultura

El artista habla de su instalación durante un recorrido. Está compuesta por 9 piezas que dialogan con distintos espacios del Museo de Arte Moderno: Sala Gamboa, el redondel y jardín del recinto con el arte digital. Entre las propuestas, 3 son estrenos mundiales

El “Jardín inconcluso” no existe sin el pulso de la gente, dice Rafael Lozano

Pieza Una de las instalaciones de Rafael Lozano-Hemmer. (Ana P Amador Castillo.)

Después de varios minutos, el titilar de las bombillas al ritmo de 4,000 corazones latiendo se vuelve abrumador en el Jardín de Corazonadas del artista Rafael Lozano-Hemmer.

Algunos visitantes sienten el antojo de volver a ver la película de Macario (1960), en la cual el autor se basó para ofrecer una “versión digital de esa sensación de fragilidad y que estamos aquí como un memento mori, algo muy efímero”, según las propias palabras del artista.

Se trata de la obra que cierra el recorrido por la exposición nocturna “Rafael Lozano-Hemmer: Jardín inconcluso”, compuesta de 9 instalaciones que ponen en diálogo distintos espacios del Museo de Arte Moderno -Sala Gamboa, el redondel y jardín del recinto- con el arte digital. Entre las propuestas, 3 son estrenos mundiales.

“Algunas tienen bastante explicación, al lado de cada una, los invito a leerla porque les puede dar algunas pautas literarias, poéticas, tecnológicas o sociales. Queremos que venga mucha gente, si esta exposición no se activa con el público, no existe”, invita. La duración del recorrido es de aproximadamente 1 hora.

UN SENDERO DE LUCES, SONIDOS, CÁMARAS Y SENSORES

Antes de iniciar, durante un primer recorrido, con prensa e invitados especiales, el artista previene que, aunque las instalaciones hacen uso de inteligencia artificial, robótica, sensores de rayos cósmicos y “tenemos un montón de tecnologías aquí térmicas, etcétera, la idea no es resaltar la parte tecnológica, no estamos haciendo esto con tecnología por ser algo nuevo, sino para insertarnos dentro de tradiciones experimentales que existen en México desde hace muchísimo tiempo”.

En la entrada, recibe un faro sensible a la radiación cósmica, aunque el artista no menciona el detalle, parecen emular a los reflectores de tiendas departamentales que anuncian ventas nocturnas.

En realidad, la pieza “Faro Colisionador” (2026) está inspirada en el Pabellón de Rayos Cósmicos de Jorge González Reyna y Félix Candela (1951). Consta de un sensor con media docena de Contadores Geiger dispuestos para detectar radiación cósmica y con esa información modular el brillo de las luces.

La visita continúa a través del lobby principal del MAM, donde se proyectan videos con imágenes en el domo del recinto, cuyas imágenes remiten al interior del cuerpo y textos enigmáticos - “las olas momentáneas, levantadas por la brisa”- invitan a la reflexión poética.

La pieza hace de puente para salir al jardín trasero, donde se encuentra Calzada de Voces (2026), compuesta por 3 mil altavoces que reproducen archivos de la Fonoteca Nacional y con los que se puede interactuar.

MAM Otra de las instalaciones de la muestra nocturna “Rafael Lozano-Hemmer: Jardín inconcluso”. (Ana P Amador Castillo)

“Tito Rivas eligió una serie de archivos de la Fonoteca Nacional y ahora están representadas 440 grabaciones anteriores, de vez en cuando vas a escuchar sonidos de México en los años 60, 70, 80”, detalla Rafael Lozano-Hemmer.

Además de funcionar para sintonizar sonidos, la pieza es interactiva , señala y, a continuación, el artista se acerca a la bocina con amplificador: “cuando yo hablo, mi voz se convierte en tiempo y se lanza a la distancia”.

“Ese mensaje ahora está aquí y según más personas participan, esto va empujando las grabaciones anteriores. Cuando presentamos esta pieza en Park Avenue en Nueva York tuvimos 4 propuesta de matrimonio de las cuales 3 se consumaron y una no… fue terrible porque la escuchabas decir que no y viajar en la memoria del túnel”, agrega antes de seguir hacia la siguiente pieza.

Un cráter digital en el que sombras y luces giran como la espuma de una sopa. Se trata de “Reflector espiral”, que “no está hecho con filas y columnas de puntos de luz, sino de 300 m de una sola línea”.

“Cuando a Frank Lloyd Wright le pidieron que hiciera un edificio con una sola línea, hizo una espiral tridimensional y se inventó el Guggenheim de Nueva York. Aquí esta luz es una espiral que tiene en el centro una cámara de vigilancia panóptica. Esta cámara es como una especie de agujero negro, hay una luz que continúa y representa a dónde está mirando la cámara de vigilancia”, explica

Conforme la gente aparece en este radar, también se va diluyendo su representación en el vórtice.

Luego está el Homenaje a Felguérez (2026), que proyecta las palabras “Equilibrio”, “Tensión” y “Ruptura” sobre El Barco, México 68 del escultor y amigo del artista digital, Manuel Felguérez.

“Fue amigo mío y tuvimos oportunidad de hablar sobre creación digital. Él dice que en su producción existe una triada -ruptura, equilibrio y tensión - entonces tomé esa triada y verán cómo estas imágenes se hacen y deshacen a través de la deformación anamórfica. De hecho, esta es la pieza más sencilla de todo el show, pero quizás la que más me gusta”, comparte Rafael Lozano-Hemmer.

A medida que el público avanza por el sendero del jardín, alrededor de la escultura, las palabras se reordenan, desaparecen y vuelven a aparecer para hacer ver que la perspectiva también depende de dónde se está parado.

Posteriormente, en la Sala Gamboa está el estreno de “Caudales Resurgentes” (2026), creada con compendios de literatura contemporánea en lenguas originarias y contiene la obra de 10 poetas que aparecen en versión bilingüe en una pantalla.

El artista indica que es una suerte de “jardín generativo en traducción”, que contiene una grabación en láser del jardín escultórico del MAM representado con puntos de luz de los que, simbólicamente, emanan las poesías.

“Es muy importante para mí, trabajando con lenguas originarias, las tres C: consentimiento, compensación y crédito. Esta es una plataforma para que las poetas puedan presentar sus obras de una forma diferente, todas aceptaron ser parte de este proyecto y queremos expandir, poner más y más voces”, agrega el artista.

En la planta alta de este recinto está la instalación sonora -60 km de cable- con 3 mil bocinas, cada una con un registro de audio distinto: aves, insectos, mar, viento, niños, metrónomos y bombas, entre muchos otros sonidos.

La idea es que “cuando tú caminas a través de esto, tienes un viaje sonoro, un paisaje sonoro que vas creando según caminas”.

El artista asegura que lo que cada quien escucha es distinto entre sí y apunta que la reflexión detrás es que la atmósfera no es neutral, sino que “tiene estas memorias del pasado”.

En las partes finales del recorrido está la “Deriva Térmica” (2022) que detecta el calor según emana de los cuerpos y se mezcla con el medio ambiente, sobre la cual el autor comenta que solemos concebir la piel como el límite del cuerpo, “pero de hecho tenemos feromonas, voces, calor que emanamos”.

La visita concluye con el Jardín de Corazonadas, donde cada asistente puede registrar su pulso vital, el cual quedará guardado hasta que el paso de gente por esta exposición termine por borrarlo.

Puedes visitar “Rafael Lozano-Hemmer: Jardín inconcluso” en el Museo de Arte Moderno (Av. P.º de la Reforma s/n, Bosque de Chapultepec I Secc, Miguel Hidalgo, CDMX) a partir del 11 de febrero y hasta el 25 de abril 2026, de miércoles y jueves, en un horario de 7pm a 11pm; viernes y sábados de 7pm a medianoche. El costo de entrada general es de $150, con acceso programado cada 15 minutos. Los boletos se adquieren en la plataforma Fever y en taquilla del MAM.

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