
Tras algo más de una década de trabajo, los investigadores franceses han abierto al mundo los secretos de la tumba real celta que fue localizada en el yacimiento de Lavau, que con sus 14 metros cuadrados sorprendió al país en su día por su magnitud, en una exposición en la vecina localidad de Troyes.
El yacimiento, ubicado a unos 150 kilómetros al sureste de París, fue objeto de una extensa excavación entre 2014 y 2015, fruto de una iniciativa de “arqueología preventiva”, que explora sitios en peligro de destrucción, en este caso por el avance de la construcción de edificios de actividad comercial.
Allí se descubrió una necrópolis (de casi una hectárea en total) que albergaba, en especial, una enorme tumba -la más grande descubierta en esta zona de asentamientos celtas- datada de mediados del siglo V antes de Cristo.
Por los objetos que se encontraron dentro, se sabe que se trataba de un líder celta, un príncipe de Lavau, que vivió una treintena de años y que es el protagonista indiscutible de esta muestra, titulada precisamente ‘Lavau. Un príncipe celta a orillas del Sena’.
“Esta excavación dio lugar a un descubrimiento realmente excepcional, ya que se encontró una nueva tumba principesca celta, algo que no se había hecho en Francia desde hacía más de 60 años”, explicó a EFE Bastien Dubuis, arqueólogo, responsable de la excavación y uno de los comisarios de la muestra exhibida en Troyes.
Su contenido era igualmente excepcional y no había sido objeto de pillajes, aunque en algún punto de la historia, su techo apuntalado con vigas se vino abajo y aplastó lo que había dentro desde aproximadamente el 450 antes de Cristo.
Los huesos del príncipe, por ejemplo, quedaron pulverizados, pero los fragmentos del cráneo que se pudieron recuperar sí fueron lo suficientemente grandes como para poder reconstruirlo. Y eso, con ayuda de la tecnología 3D, permitió incluso hacer una recreación de su aspecto, tal y como se puede ver en la muestra.
Los vestigios de un líder
Lo que permite catalogar a este personaje histórico como parte de la realeza de los pueblos celtas de la época son los objetos, joyas de oro y plata y restos de los atavíos que portaba cuando fue enterrado, en especial un carro de dos ruedas sobre el cual se estima que estaba depositado el cuerpo.
“Este príncipe llevaba un gran collar de oro alrededor del cuello y brazaletes de oro. Tenía un equipo muy simbólico, muy específico, que incluía un tocado, una especie de casco ceremonial. Llevaba un gran cuchillo ceremonial enfundado en una funda de cuero ricamente decorada”, completó Dubuis.
También se encontró un enorme caldero de bronce, de aproximadamente un metro de diámetro y de unos 300 litros de capacidad, que es una de las piezas más impresionantes de esta muestra que revela por primera vez el conjunto de los hallazgos de la tumba real.
El caldero se usaba para servir vino y junto a él se encontraron también otros objetos “extremadamente preciosos”, en palabras de Dubuis, como una jarra de cerámica griega, casi en perfecto estado, que se utilizaba para servir el líquido.
“Es una época en la que los celtas están en contacto estrecho con el mundo mediterráneo, con las ciudades-Estado griegas y etruscas, a través de un comercio sin duda floreciente, con intercambios técnicos, intercambios culturales”, contó este experto del Institut national de recherches archéologiques préventives (Inrap).
“Y además, unas décadas después de su muerte el mundo celta se extenderá por el Mediterráneo, los celtas invadirán Italia, cruzarán los Alpes e incluso tomarán Roma en el año 390 a. C. Así que pasamos de una relación muy pacífica con comercio, de relaciones quizás políticas, a algo mucho más violento al final”, recordó.
La exposición se puede ver en el Museo de Arte Moderno-Colecciones Nacionales Pierre & Denise Lévy de la Ciudad de Troyes, una institución que no hubiera sido su hogar natural de estar abierto el de Bellas Artes (donde esta villa expone también el patrimonio arqueológico), actualmente cerrado por reformas hasta 2028.