Cultura

Arqueólogos explican el contenido de las ofrendas 186, 187 y 189”, con la conferencia “Cofres para los dioses: excavación, análisis y conservación de los tepetlacalli de Tenochtitlan”, en el ciclo La arqueología hoy, de El Colegio Nacional

“Muchas ofrendas del Templo Mayor son pequeños cosmogramas, donde cada objeto tiene un simbolismo y orientación específica”

Conferencia Leonardo López Luján, Alejandra Aguirre Molina, Belem Zúñiga, Adriana Sanromán y Antonio Marín Calvo.

A modo de continuación de las exploraciones arqueológicas realizadas durante la primera y cuarta temporadas del Proyecto Templo Mayor (PTM), en el año 2023, el equipo complementa la información arqueológica recuperada en el edificio principal de los mexicas:

“A finales de los años 70, durante la primera temporada se excavaron dos ofrendas que se encontraron por debajo de dos esculturas de gran formato con forma de serpientes, las cuales se ubicaban en la fachada oeste, que es la fachada principal de la plataforma correspondiente a la etapa cuatro del Templo Mayor de Tenochtitlan”, relata la arqueóloga Alejandra Aguirre Molina, quien participa en el Proyecto desde el 2007.

Dicha plataforma de la etapa 4 fue fechada de 1440 a 1469 y corresponde al reinado de Moctezuma Ilhuicamina o Moctezuma I.

Durante la sesión “Cofres para los dioses: excavación, análisis y conservación de los tepetlacalli de Tenochtitlan”, del ciclo La arqueología hoy, de El Colegio Nacional, los integrantes del PTM comparten metodología e interpretaciones de los hallazgos.

“Las ofrendas 18 y 19 fueron depositadas en unos cofres de piedra transportables que han sido denominados con el nombre náhuatl tepetlacalli. Dichos cofres se encontraban por debajo de las cabezas de serpiente ya referidas y su contenido estaba conformado principalmente por algunas esculturas de piedra verde del denominado estilo mezcala, que se ubicaba en el norte del estado de Guerrero”, informa Alejandra Aguirre Molina, jefa en campo del Proyecto.

Tras hacer un recuento de los antecedentes a la temporada 2023, cuando se realizaron la novena y décima temporadas del Proyecto Templo Mayor, la también antropóloga especialista en estudios mesoamericanos indica que se proyectó continuar con la localización y exploración de los otros tres posibles cofres de piedra -o tepetlacalli - que debían encontrarse debajo de las esculturas flanqueadas por braseros que se ubicaban tanto en el lado este de la plataforma de la etapa 4, como en el lado sur, áreas que hasta ese momento estaban sin explorar.

“Afortunadamente, los trabajos arqueológicos que realizamos en dichas áreas dieron como resultado la esperada localización de los otros tres tepetlacalli que se tenían previstos que podríamos localizar: las ofrendas que nos ocupan el día de hoy, es decir, las ofrendas 186, 187 y 189”, señala.

Con fotografías del antes, el proceso y la actualidad de las excavaciones y las piezas, la arqueóloga y antropóloga relata que la exploración de las ofrendas 187 y 189 tuvo algunas dificultades de acceso.

“Donde se presumía que encontraran los depósitos rituales, se complicaba mucho por su por la ubicación, que tenían sobre la plataforma de la etapa cuatro. Además de que teníamos que remover las esculturas de serpiente que se encontraban ahí todavía in situ. Por este motivo es que como primer paso, se construyeron varios andamios”, continúa.

“Fuimos descubriendo de forma gradual el primer nivel de objetos de los cofres y debemos señalar que en muchas de las ofrendas del Templo Mayor se representan pequeños cosmogramas, en donde la colocación de cada objeto tiene un simbolismo y una orientación específicas”, agrega.

También indica que las asociaciones que tienen los elementos dentro de la ofrenda deben ser tomados en consideración, ya que ninguno de estos objetos fue colocado al azar.

“Los objetos depositados conforman todo un discurso simbólico, motivo por el que trabajar con la información que nos aporta un buen registro arqueológico de los contextos es básico para entender el mensaje que los sacerdotes mexicas querían hacer llegar a sus divinidades”, ahonda.

Los niveles de excavación fueron determinados por los arqueólogos de forma aleatoria; mientras que los niveles de deposición ritual son los niveles en que los sacerdotes colocaron deliberadamente las ofrendas.

“Solamente después de haber terminado la excavación de la ofrenda, de ver las asociaciones, todos los datos y hacer un análisis de los elementos durante nuestro trabajo de gabinete, es cuando podemos hacer una propuesta de cuántos niveles rituales fueron colocados en la ofrenda y qué podrían estar representando”, reitera Alejandra Aguirre Molina.

Conferencia Una vista de la ofrenda 189 y su contenido.

PIEDRAS ANTROPOMORFAS Y TEPETLACALLI

Entre los avances de investigación y los más recientes datos obtenidos de las ofrendas 186, 187 y 189 -actualmente en excavación- del Huei Teocalli de la ciudad-isla, que el equipo del Proyecto del Templo Mayor (PTM) presenta en el ciclo del Colnal, el arqueólogo Antonio Marín Calvo aborda el registro digital y el simbolismo de algunos de los elementos depositados en estas ofrendas.

“La cantidad es sorprendente, pues tan solo en seis tepetlacalli suman 83 piezas, eso sin contar las otras esculturas procedentes de la Cámara 3, en la cual se contabilizaron un total de 70 en solo un depósito”, destaca.

Informa que los mexicas las utilizaron con fines religiosos, principalmente en una ceremonia ligada a las deidades pluviales, ya que las esculturas presentan decorados policromos que “sin duda remiten a Tlaloc y a los Tlaloque, debido a que tienen entre sus elementos iconográficos las anteojeras y bigoteras, atributos característicos de estos seres”.

Después de un breve recuento del contenido de las ofrendas, en el que sobresalen las figuras antropomorfas en piedra verde, hechas con trazos simples por artesanos mesoamericanos, Antonio Marín Calvo abre la conversación sobre los tepetlacalli, objetos ceremoniales de piedra hecha en dos piezas: una caja cúbica y una tapa, que por su tamaño y forma ( “≈ 57cm de alto x 56cm de ancho) posiblemente fueron fáciles de transportar para ser utilizados en distintos ritos.

“El nombre deriva de los términos náhuatl que significan piedra y caja de estera, una cesta hecha de fibras vegetales entrelazadas en las que se almacenaban cosas de gran valor -como mantas de algodón, plumas finas y piedras preciosas- y que de ahí deriva esta palabra en español que conocemos vulgarmente como petacas”, profundiza.

Metafóricamente estos cofres de piedras se comparaban con otros “receptáculos valiosos”, tales que el vientre de la mujer embarazada o el pecho del anciano sabio.

Otra relación simbólica de gran importancia se daba con el Tlalocan (algo así como el paraíso regido por Tláloc), “ya que era ahí donde se resguardaban las riquezas de la tierra”.

“El uso ritual de estos objetos quedó manifestado en la cuarta etapa constructiva del Templo Mayor de Tenochtitlán, ya que en una ceremonia masiva se depositaron una serie de cofres de piedra que contenían imágenes de dioses de la lluvia, acompañados de materiales marinos que en conjunto consagraron las esculturas y a la edificación, ya que se concebía como un monte sagrado que resguardaba las riquezas y la fertilidad”, elabora el arqueólogo y jefe de campo del PTM.

Detalla que los cofres de piedra eran de distintos tipos, lisos, decorados con policromía y con relieves. “En algunos códices se ven algunas deidades acompañadas de estos contenedores divinos, por los que denota también su importancia simbólica”.

Asimismo, Antonio Marín Calvo denuncia que “muchas de las piezas se encuentran en diversos museos y colecciones privadas alrededor del mundo. Esto se atribuye al coleccionismo voraz que se desató en aquella época, quizá tratando de encontrar paralelismos con el arte antiguo de la cultura cicládica”.

Por su parte, la bióloga Belem Zúñiga Arellano ahonda en los moluscos encontrados en estos depósitos rituales. Las especies identificadas están relacionadas con el nivel acuático del cosmos y proceden en su mayoría de las costas del Atlántico.

Contextualiza que los moluscos eran marcadores de intercambio y de estatus. “No todos los moluscos se los van a comer. Muchos tenían un valor simbólico o económico para los pueblos prehispánicos”.

Por ejemplo, las cochas de los moluscos se han utilizado como atavíos de deidades, mientras que los caracoles pueden ser representaciones del inframundo acuático.

“En las ofrendas del Templo Mayor los moluscos se colocaban para recrear el suelo marino, van a simbolizar la fertilidad, el origen de la vida y la humedad necesaria para el sustento humano”, añade.

COFRES PARA DIOSES

Debido a la coincidencia temporal y material, los especialistas consideran que los seis depósitos rituales localizados en el Templo Mayor fueron colocados al mismo tiempo en lo que pudo ser la ofrenda más grande realizada por Motecuhzoma Ilhuicamina, huei tlatoani de Tenochtitlan.

“Son descubrimientos que se hacen una vez en la vida”, expresa el arqueólogo Leonardo López Luján, miembro del Colnal, coordinador del ciclo La arqueología hoy, así como director del Proyecto del Templo Mayor.

Recuerda que la Archaeology Magazine, una publicación de amplia circulación en todo el mundo, nombró este descubrimiento como uno de los 10 más importantes del 2023.

Asimismo, el Premio Crónica expresa que las esculturas de estilo mezcala, “por desgracia”, están enclavadas en el centro y el norte del estado de Guerrero, “una región que topográficamente es muy escabrosa, de difícil acceso y en varios momentos de nuestra historia se ha convertido en una zona muy peligrosa entre otras cosas porque ha sido parte del narco”.

“¿Qué sucedió sobre todo en los años 1930 y 1940, que hubo un saqueo gigantesco? Estas esculturas -bellísimas- comenzaron a ser apreciadas en el extranjero y por los grandes coleccionistas de piezas arqueológicas que vivían en México, pienso particularmente en figuras como Miguel Covarrubias, William Spratling, Diego Rivera, los Saenz y tantos más”, observa.

El crecimiento del mercado para estas piezas fomentó la excavación ilícita por parte de campesinos locales, que las encontraban tanto de manera fortuita como premeditada y las vendían un circuito de turismo, “que al principio visitaba el puerto de Veracruz y posteriormente cuando se volvió un emporio joyero de la plata en Taxco se impulsó el saqueo”.

Uno de los problemas que dejó este fenómeno es que los arqueólogos que actualmente trabajan en el estado de Guerrero difícilmente han encontrado estos objetos en contexto original, para poderlos fechar y saber sus funciones en el pasado.

“Tenemos un enorme desconocimiento del arte Mezcala a través de los registros científicos arqueológicos. Ese es uno de los grandes problemas y los arqueólogos siguen trabajando en el área, siguen encontrando objetos, pero de manera interesante el sitio donde más han aparecido objetos de Mezcala -estoy hablando de cientos de esculturas- ha sido en el Templo Mayor”, explica Leonardo López Luján.

“Hemos seguido excavando y no las hemos encontrado en ningún otro contexto. ¿Cómo explicar esto? ¿Por qué no hay esculturas Mezcala en el Templo Mayor antes de Moctezuma I, pero tampoco las hay después?”

Con esto, el director del PTM considera que se ilustran las primeras conquistas que el huei tlatoani Moctezuma I hizo fuera de la Cuenca de México, en lo que hoy son el Estado de México, Morelos y Guerrero, cuando incorporó los territorios Tlaxco y Tlaxmalac, entre 1440 y 1469.

Los especialistas definen que esta ofrenda debió implicar una logística colosal, tan solo para mover esculturas que pesan entre 600 y 1,000 kilogramos, y disponer 83 figurillas antropomorfas, labradas en piedra verde.

“Pronto esperemos que tengamos la publicación y exhibir estos materiales -algunos todavía están siendo analizados- en el Museo del Templo Mayor”, adelanta López Luján.

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