“Romancero en América” (AML, 2025) es un estudio sólido y riguroso sobre la presencia del romance hispánico en América. La obra, inscrita en la tradición filológica y en la literatura de tradición oral, analiza la llegada con la colonización del romancero español medieval y áureo al Nuevo y cómo, a partir de entonces, se adaptó a nuevos contextos culturales, sociales y lingüísticos. Aurelio Gonzalez, otrora académico de número de la institución, responsable de las notas, el estudio y la edición de la obra, muestra que Romancero en América no es un repertorio textual fijo, ni un simple eco de la tradición peninsular, sino un testimonio de la oralidad y recreación colectiva americana.
El libro da cuenta de los mecanismos mediante los cuales los romances se conservaron en la memoria de la sociedad y subraya la variación de los mismos, según la región, el contexto y los cantores. A pesar de que el estudio se centra en México, abarca otras zonas de Hispanoamérica donde siguieron vigentes y analiza cómo las versiones recogidas por folkloristas dialogan con textos impresos.
Uno de los principales aciertos del libro es el cuidadoso estudio de las variantes, donde se evidencia que las modificaciones léxicas, temáticas y estructurales no son una simple alteración al modelo español, sino una muestra de la creatividad popular, la recreación poética y la tradición oral americana.
“Romancero en América” articula filología, historia cultural y teoría de la oralidad y muestra cómo la tradición romancística americana es un fenómeno vivo y variable fundamental para comprender la literatura tradicional hispanoamericana.
Para el escritor Gonzalo Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua, la institución “ha tenido el privilegio de hacer la presente edición ecdótica del romancero en América y de inscribirla en su Colección de Clásicos de la Lengua Española. Después de algunos años de paciente espera y de arduo trabajo, por fin hemos podido cumplir con el compromiso de publicar la rigurosa investigación que realizó Aurelio González, uno de los ilustres miembros de la corporación. Se trata de un legado de enorme valía que nos ofreció como su más generoso testamento y que ahora felizmente damos a la luz”.
Nos referimos a “una obra mayúscula, una obra de peso, una obra monumental que enorgullece a la AML y es fruto del trabajo de toda una vida de nuestro extrañado Aurelio González y que nos remite a su vez al trabajo de toda una vida de nuestra no menos extrañada Margit Frenk, ambos abanderados del estudio de la tradición oral, ambos ‘picados por la misma araña´ como decía Margit, y ambos miembros de esta Academia, a quienes hemos perdido en los últimos meses”, externó la académica Liliana Weinberg.
La investigadora y ensayista propuso ver el romancero en su conjunto “como si fuera un rico jardín, un suelo primordial en que nuestra lengua se encuentra con sus propias capacidades expresivas y en que innumerables generaciones desarrollaron su potencialidad creativa y su vocación por la belleza. En efecto: no es casual que muchas colecciones de romances lleven como ‘la flor nueva de romances viejos’ el sello de la planta y de la flor. Celebremos la aparición de esta monumental obra dedicada a la vida de los romances, que nos devuelve a su vez la presencia de Aurelio González y de su apasionado trabajo de toda una vida”.
Antes, la también crítica literaria y editora explicó que el apasionante estudio del “romancero es uno de los más productivos para asomarse a otros muchos temas no menos apasionantes: el de la relación entre la voz y la letra, la herencia y la renovación, la repetición y la creación. A través de los romances asistimos a la relación viva entre la poesía y la sociedad, entre la creación y la herencia. Asistimos a los fenómenos característicos de la tradición oral, la transmisión ancestral de cantos y saberes, y también, por qué no, al recuerdo de las canciones de cuna que nos arrullaron o a las rondas y juegos de nuestra infancia. Desde el Mambrú… hasta la Delgadina o el Román Castillo que tantas veces escuchamos en la voz de Oscar Chávez”, señaló Liliana Weinberg.
Por su parte, el escritor y académico Felipe Garrido comentó que el “Romancero es de esos textos a los que volvemos una y otra y muchas veces en nuestra vida y este es un libro inacabable. Es un libro inacabable porque además cuando ha pasado algún tiempo y volvemos a una lectura que ya habíamos hecho, el texto es el mismo, pero nosotros ya no somos los mismos que lo leímos la vez anterior. Nosotros ya hemos cambiado. Somos otros. Hemos hecho otras lecturas. Hemos tenido otras experiencias. Ha habido tiempo para asimilar lo que leímos, para cotejarlo con otros temas, con otros materiales. De manera que ¡cuidado! con este libro, no tiene fin. Es un pozo sin fondo. Si ustedes se tiran ya están advertidos. No se puede dejar”, dijo el especialista.
Finalmente, el académico mexicano y editor Alejandro Higashi, concluyó que el Romancero en América, en efecto, no era “un libro para leerse en una semana. Es un libro para leer, decantar, regresar, además Aurelio tenía una idea sobre el Romancero y era el hecho de que él quería que se vieran reflejadas todas las variantes que había a largo de América Latina, desde el territorio norteamericano, las comunidades hispanohablantes que radican en Estados Unidos, tienen un acervo muy rico de romancero y bueno pues como todo esto se desplegaba hasta las comunidades que hablan en Brasil, Chile y Argentina. De manera que por supuesto que el Romancero es un libro inabarcable e inacabable y además, es una probada en cada caso de las versiones que Aurelio consideró las más valiosas”.