
“Baño con ojitos” (2008) es una obra en la que Rafael Cauduro continuaba trabajando cuando murió. Ahora el público puede conocer la pieza inacabada, en una disposición curatorial que evoca el espacio íntimo de creación del artista: la exposición “Aquí está Cauduro” se puede visitar hasta el 16 de mayo, en la galería Pablo Goebel Fine Arts (Hipólito Taine No. 212, Polanco, CDMX).
Se trata de una muestra antológica, que reúne más de 65 obras creadas por Rafael Alejandro Cauduro Alcántara (Ciudad de México, 1950–2022) a lo largo de 5 décadas de creación.
El recorrido desemboca en lo que habría sido su última creación, colocada sobre el caballete en el que trabajaba, “imagínate cuánto tarda en hacer una sola pieza…y no le alcanzó la vida”, señala el galerista, Pablo Goebel.
“Yo creo que es muy significativo que Cauduro ya bastante enfermo está trabajando sobre una pieza, queda inconclusa, pero la estamos exhibiendo como la dejó. Es cierto que este sillón no era el que usaba para pintar, pero es una referencia a su relación con sus antepasados, lo cual era muy importante para él, que venía de Italia”, continúa.
Durante la visita guiada que hace para medios de comunicación, el coleccionista y comerciante de arte comenta algunas piezas.
“Ahí está en el caballete, está con sus pinceles, están sus pinturas. Ahí está”, señala en la última sala.
AQUÍ ESTÁ
Antes de llegar a “Baño con ojitos”, a lo largo del recorrido se pueden conocer los primeros dibujos y caricaturas de Rafael Cauduro, que datan desde 1968, pasando por bocetos para el mural que realizó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (“Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores”), así como otras piezas que, si bien han sido objeto de estudio de críticos de arte y existen registros de ellas, no han sido expuestas anteriormente en museos o galerías.
“Inéditas por completo no estamos seguros, porque sí hay publicaciones, pero que no se habían exhibido en museos: Reflejo de agua (2004), es una de ellas; Violence in the bathroom corner (1986)”, apunta Danielle Goebel, curadora y directora de la galería.
También considera inéditas las piezas hechas en vidrio alrededor de 2002 y 2003: “Viejito Roto”, “Figura de hombre” y “Escorzo”.
“Y algunos dibujos, pero ni la Fundación de Cauduro supo decirme cuáles”, agrega.
“Independientemente de que se hayan exhibido o no, el proceso creativo de Rafael Cauduro es la principal primicia de esta exposición”, retoma Pablo Goebel.
Aunque no esclarece detalles de la gestión y el estado de las obras que se encontraban en “colecciones privadas, con la familia y en el estudio del artista”, Pablo Goebel asegura que esta muestra es el resultado de “toda una vida”.
“Tienes que lograr la confianza de los coleccionistas - hay contrato, hay seguro, hay todo- y es una operación de toda una vida. Hacer esto es la culminación de 30 años de trabajo”, expresa.
La lectura curatorial no es cronológica, sino que enfatiza las técnicas artísticas
con las que experimentó Rafael Cauduro, como un artista que creó su independencia post-ruptura.
“Ya la ruptura había roto con algunos de los cánones del muralismo mexicano y Rafael Cauduro pertenece en edad a esa generación, pero definitivamente es único, singular, no sigue ninguna tendencia”, opina el galerista.
Como ejemplo de su unicidad, Pablo Goebel destaca en el estilo de Cauduro características propias de la fantasía a la vez que del barroco y el hiperrealismo.
“Cauduro representa materiales de construcción, pero no lo son. Los tabiques no son tabiques, es una apropiación para su creación”, detalla.
Danielle Goebel complementa que los “ladrillos” utilizados en algunas piezas, en realidad son un material inventado por el artista para poder cargar sus obras.
Así como el óxido es en realidad óleo sobre tela, los curadores invitan a pensar en qué es real y qué cosas están -o no- ahí.
“El hiperrealismo como definición de arte sería lograr lo más cercano una fotografía de algo, normalmente son temas muy cotidianos y más bien Cauduro lo que hacía era observar el detalle, tenía una capacidad impresionante para construir imágenes y usar los elementos y los materiales, sin embargo, son escenas que nunca pudieron haber sucedido”, ahonda Danielle Goebel.
Asimismo, en la muestra hay algunos cráneos que son artificiales, “pero los dientes son reales”.
“Él se iba a los consultorios dentales y le decía ‘dientes que quites, guárdamelos’ y los ponían sus cráneos”, informa la directora de la galería aunque ignora la motivación detrás.
El texto curatorial introductorio de Alesha Mercado destaca temas primordiales en la obra de Cauduro: el paso del tiempo, la muerte como consecuencia inevitable, el cuerpo femenino y los paisajes interiores, “una combinación de realidad y fantasía que no se limita a la mirada”.
Piezas como Ángel Caído (1995), Vendedora de Sopes (1979), A Blackboard Next to a Painting by Holbein(1988) o Tzompantli II (1994) ofrecen una perspectiva sobre el sentido del humor y mirada mágica con la que el artista transitó también por el cubismo, la identidad mexicana y estableció diálogos entre distintos momentos de la historia del arte. La museografía estuvo a cargo de Patricia Álvarez.
¿CÓMO FUE TRATARLO?
“Siempre se me hizo una persona muy inteligente podía convivir con un grupo y eran ligero, pero en esa forma de ser yo percibía una gran reflexión interna, donde él quería estar a solas para hacer sus sus creaciones. Atendía muy bien, agradecía las visitas”, comparte Pablo Goebel sobre su propia experiencia con Rafael Cauduro.
Recuerda que el artista se apropiaba de sus propios aprendizajes en distintas técnicas y los convertía en herramientas para seguir creando. También se daba la libertad de acudir a datos históricos para incorporarlos en sus obras y exploraba las texturas.
Las visitas a “Aquí está Cauduro” son gratuitas, con cita previa. La muestra está abierta hasta el 16 de mayo, en la galería Pablo Goebel Fine Arts (Hipólito Taine No. 212, Polanco, CDMX). Para más información ingresa a la página web pgfinearts.com y redes sociales de @pablogoebelfinearts