Cultura

El Premio Crónica cuenta como una petición insólita desde Londres a su amigo y colega a Leonardo López Luján le hizo visitar la muerte antes de tiempo

“No soy dios ni héroe cultural, pero pude escribir mi autoobituario”, dice Eduardo Matos Moctezuma

Matos El arqueólogo y Premio Crónica Eduardo Matos Moctezuma.

“No soy ni dios ni héroe cultural, lo cual es más valioso, pues sin contar con los atributos de estos personajes, Norman Hammond, investigador en la Universidad de Cambridge, me envió al inframundo antes de tiempo y permitió, caso insólito, que pudiera escribir mi obituario”, dice Eduardo Matos Moctezuma al finalizar su lectura estatutaria de la Academia Mexicana de la Lengua (AML).

Con este humor inteligente que distingue al Premio Crónica, relata cómo la insólita petición de Hammond a su amigo y colega Leonardo López Luján para que escribiera el obituario de Matos y tras su deceso fuera publicado en el periódico The Times, el más influyente en Londres.

Esto, me recuerda, añadió Matos, que amigos y enemigos me aconsejaron tiempo atrás que fuera al psicólogo para saber por qué tenía esa obsesión con la muerte, algo que no hice por dos razones: Una, porque son muy careros y la otra porque al final de meses o años resultaría que la causa es que “estaba enamorado de mi abuelita”.

Son algunos de los puntos que relató con ironía y diversión en su lectura titulada “Diálogos con la muerte, autoobituario de Eduardo Matos Moctezuma”.

EL OBITUARIO

Matos Moctezuma dice que Leonardo, sorprendido, le cuenta la osadía del colega Hammond, quien escribe los obituarios de los arqueólogos trascendentes para el Times. “Entonces, Leonardo le dijo a Norman que su maestro estaba más vivo que nunca y como prueba se había tomado hace poco unas copas con él en el yucatequísimo bar Montejo Sureste”.

Eduardo le contesta a Leonardo: “No te preocupes, yo lo escribo”. Esto sin duda se tradujo en una situación irónica y divertida, al tener Matos el privilegio de definir cómo quiere ser recordado tras su fallecimiento, con un texto escrito ¡por él mismo! Esto es lo que desencadena este hecho de Norman de adelantarse y reaccionar rápido a la partida de Eduardo y ser primero en publicar el obituario.

Y con este privilegio de escribir lo que será la memoria de su vida, Matos Moctezuma dice que primero debe señalar que fueron tres los grandes temas de su vida académica: La historia de la arqueología y su difusión en libros y artículos; el proyecto Templo Mayor de Tenochtitlan, del cual es fundador en 1978 y ahora un centro de investigación con reconocimientos nacional e internacional; y la muerte en el México prehispánico, donde al menos tiene siete libros con la palabra «muerte» y por lo cual sus amigos y enemigos lo querían mandar al psicólogo.

EL INICIO

Matos Moctezuma recuerda que la vocación de ser arqueólogo nace de la lectura del libro «Dioses, tumbas y sabios» de C. W. Ceram, cuando estudiaba el bachillerato y se quedó cautivado por la cultura egipcia: sus tumbas, faraones, momias, porque, dice, “el arqueólogo es como un «inhumador de sociedades muertas», que va en busca del tiempo perdido.

“Siempre he reflexionado que ser arqueólogo implica buscar el pasado, penetrar en el tiempo para traerlo al presente… Somos inhumadores de sociedades muertas, desaparecidas por diversos sucesos que las llevaron a quedar enterradas por el tiempo. Y es por esto que en ocasiones escribo las coincidencias que existen entre el título de la monumental obra de Proust, En busca del tiempo perdido, para aplicarlo a la arqueología. Aunque distantes en propósitos, el título nos remite al quehacer de esta disciplina”.

Matos entonces regresa a su autoobituario y dice: “¡Claro me despaché con la cuchara grande”: Eduardo Matos Moctezuma nació en la Ciudad de México el 11 de diciembre de 1940, estudió y se graduó en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1965, obteniendo el grado de Maestro en Ciencias Antropológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México, y el título de Arqueólogo por la Secretaría de Educación Pública.

Excavó en sitios como Tlatelolco, Cholula, Tula, Teotihuacán, Tenochtitlan y otros más. Fue fundador del Proyecto Templo Mayor en 1978, con un carácter multidisciplinario en el que han participado arqueólogos, biólogos, químicos, geólogos, historiadores y restauradores.

Los resultados obtenidos han ampliado de forma notable el conocimiento de los mexicas o aztecas, y el proyecto se ha constituido en un centro de investigación y difusión reconocido internacionalmente. Se han editado alrededor de mil 300 publicaciones entre libros, tesis profesionales, artículos, catálogos y guías de la zona arqueológica.

En 1987 se creó el Museo del Templo Mayor, con guion del profesor Matos, en donde el público puede visitar sus ocho salas para conocer acerca de los mexicas o aztecas, además de recorrer los vestigios del principal Templo Mexica, cuyas ruinas son muestra evidente de lo que significó para sus constructores tan importante monumento.

Y con esa cuchara grande con la que se sirvió Matos para su obituario, prosigue: Se le nombró investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia y recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Colorado, en Boulder, de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad de Colima. Recibió diversos premios por sus publicaciones, algunas de ellas en coautoría con Leonardo López. Fue nombrado miembro de la Sociedad de Anticuares de Londres y la Universidad de Harvard estableció la cátedra Eduardo Matos Moctezuma Lecture Series, en la que participaron investigadores como Alfredo López Austin, Diana Magaloni, Juan Villoro, Javier Garciadiego, Anne Cyphers, Laura Fillol y el mismo Leonardo.

El doctor Matos Moctezuma fue galardonado con el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2022 y el premio Shanghai Archeology Forum en 2025 por los descubrimientos realizados en el proyecto Templo Mayor. Terminamos este obituario con una frase del doctor Matos Moctezuma: La arqueología no busca tesoros, busca respuestas.

En otra parte de su obituario, compara este viaje al inframundo con el de los poetas Dante y Rilke y concluye que no siendo dios ni héroe, tuvo ese privilegio gracias a la petición de Norman Hammond, que le permitió escribir su propio obituario y, metafóricamente, visitar la muerte antes de tiempo.

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