Cultura

La autora argentina revela las claves de una novela íntima narrada en primera persona, donde el dolor convive con la luz, el arte y el amor

María Fasce explora el duelo, la memoria y la reconstrucción emocional en Las vidas de Elena

La escritora argentina María Fasce compartió los procesos creativos detrás de su novela Las vidas de Elena (Almadía), una obra que se adentra en el duelo, la identidad y la búsqueda de sentido tras una pérdida devastadora.

Fasce explicó que la historia nace de una pregunta central: ¿qué ocurre cuando una persona atraviesa un dolor tan profundo que siente que queda fuera de la vida? A partir de ahí construyó a Elena, una protagonista marcada por la muerte de su hija, cuya experiencia la lleva a desconectarse de su entorno y de sí misma. Para contar esta historia, la autora optó por la primera persona, una decisión que calificó como fundamental para generar intimidad y permitir que el lector acompañe de cerca el proceso emocional del personaje.

Desde las primeras páginas, la novela plantea una atmósfera de desconcierto: una mujer en un aeropuerto intercambia maletas con una desconocida, gesto que simboliza su deseo de abandonar su identidad. Este recurso narrativo funciona como punto de partida para un recorrido en el que el lector descubre gradualmente la tragedia que marca la vida de Elena.

Uno de los ejes centrales de la obra es el acompañamiento en el duelo. Fasce destacó que cada personaje cumple una función específica en este proceso: desde amistades complejas que mezclan apoyo y rivalidad, hasta figuras que actúan como espejos o catalizadores emocionales. En este sentido, la autora subrayó su interés por retratar la riqueza y contradicciones de los vínculos, especialmente en la amistad femenina.

La novela también aborda la memoria como una forma de permanencia. Para Fasce, recordar es una manera de mantener vivos a quienes ya no están, y esa idea atraviesa la narrativa mediante constantes saltos entre el presente y los recuerdos de la protagonista. Así, el dolor de la pérdida se construye no solo desde la ausencia física, sino desde la imposibilidad de volver a tocar al ser querido.

En términos estructurales, la escritora combinó planificación e intuición. Si bien contaba con una ruta general —con escenarios como Madrid, Ámsterdam y Palermo—, permitió que muchos elementos surgieran durante la escritura, incluido el desenlace, que fue reescrito en varias ocasiones.

Además del dolor, Las vidas de Elena incorpora momentos de luz, humor y sensualidad. Fasce enfatizó que este contraste es esencial para que la experiencia emocional del lector sea más profunda. Elementos como el arte y el tango funcionan como vías de reconexión con la vida, aportando una dimensión sensorial que atraviesa toda la obra.

Finalmente, la autora señaló que su intención fue crear una historia que no solo entretenga, sino que también conmueva y genere identificación. “Todos podemos vernos en Elena”, afirmó, al destacar la capacidad de la literatura para conectar experiencias humanas más allá de contextos individuales.

Actualmente, Fasce se encuentra en México realizando actividades de promoción, con presentaciones en la Ciudad de México y Oaxaca, donde continúa acercando esta historia al público lector.

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