
“Mi eje personal, quizás también mi forma de ver, hacer y entender el arte está muy estructurado por mis experiencias aquí”, comenta la artista María Ezcurra (Buenos Aires, Argentina, 1973)
En entrevista sobre su primera exposición retrospectiva, “Líneas de fuga” que se puede conocer en el Museo de Arte Carrillo Gil (MACG), la artista radicada en Canadá hace 15 años recuerda que antes vivía en el sur de la CDMX y este recinto siempre fue un referente importante que visitó mucho.
“Sí, volver a exponer… es mi primera retrospectiva de media carrera en general, está siendo precioso, estoy muy contenta y muy agradecida”, expresa.
A la vez, observa que muchos de los temas que trabajó y la ocuparon desde hace años, como joven que se desarrolló en los 80s y 90s, “siguen ocupando y preocupando quizás hasta más, todas las cuestiones de género”.
María Ezcurra es conocida por el uso de textiles, objetos encontrados y materiales reciclados, así como la exploración de temáticas relativas al género y rol social de la mujer.
Comparte que al hacer la relectura de sus creaciones se dio cuenta de la vigencia de seguir tocando estereotipos de género y de violencia sexual, “pero también ampliarlos” para relacionarlos con conversaciones sobre desplazamiento, pertenencia, memoria, migración y ecología.
-¿En este punto de tu carrera tú te nombras feminista? ¿Consideras que hay una relación distinta con los objetos a partir de eso?
“Sí, creo que sí. Mira, las etiquetas siempre me han costado trabajo. Es chistoso, que además joven, me costaba más trabajo llamarme feminista. Lo he revisado y he pensado por qué y quizás porque en ese momento de neo conceptualismos -en el que yo estudiaba y crecía- etiquetarse de alguna forma inmediatamente te excluía de otros grupos”, reflexiona.
Sin embargo, concede que su trabajo es feminista y se atreve a nombrarse como tal porque “la idea del feminismo se ha ampliado muchísimo en los últimos”.
“El feminismo hoy en día no sólo es una lucha por los derechos de las mujeres, sino toda una cuestión de interseccionalidad, que implica abrir esta lucha a otras poblaciones y comunidades. En ese sentido estoy totalmente de acuerdo y lo apoyo”, señala.
En cuanto a la relación con los objetos con los que suele hacer sus obras, tales que medias de nylon, zapatos, maletas, María Ezcurra identifica características que de alguna manera se ha sentido presionada para usar o que conscientemente ha rechazado.
“Es muy distinto que una artista mujer o feminista trabaje con medias de nylon a un artista hombre, simplemente por la experiencia de haberlas usado, de saber cómo se sienten, que aprietan, que pican, que no abrigan, que al mismo tiempo se ven bien: oprimen el cuerpo y desde adentro molesta pero afuera es lo que se está esperando”, ahonda.
“Todos los objetos con los que trabajo están muy ligados a mi historia personal, desde el cuerpo. Una palabra en inglés sería embodiment, como encarnar, construirlos, reactivarlos; pero que al mismo tiempo tienen una gran carga a nivel simbólico, social, incluso estructural o política”, agrega.
Aunque muchas veces desconoce las historias detrás de los objetos, la artista resalta que siempre son “usados” porque “saber que hubo otros cuerpos que también los experimentaron les da toda otra carga a nivel de experiencia, muy fuerte, y eso mismo es lo que creo que permite al público conectar”.

LÍNEAS DE FUGA
“Por un lado, trato de que la obra sí tenga un rigor conceptual, pero también me interesaba mucho tener diversos puntos de entrada, ¿qué pasa con la gente que no tiene todas estas referencias de la historia del arte? Para mí siempre fueron públicos muy importantes”, invita la creadora.
La muestra reúne instalaciones, esculturas, dibujos y archivo fotográfico de performance creados a lo largo de más de dos décadas: obras como Passing/Passant/Pasando, Ni una más y Enclosed, que fueron realizadas con materiales y objetos encontrados en la Ciudad de México; la serie fotográfica Guardarropa del ama de casa perfecta; así como la activación y filmación del performance Mesera (realizado durante la inauguración).
También sobresale una instalación creada específicamente para esta presentación en el MACG, llamada “Reflexiones”, realizada con mantas térmicas de emergencia.
Dicha obra alude a la precariedad de los refugios temporales y a la incertidumbre que enfrentan quienes dependen de ellos, proponiendo una experiencia que oscila entre el resguardo y la desorientación a través de un recorrido laberíntico.
La propuesta curatorial estuvo a cargo de Nuria Carton de Grammont y Fernanda Ramos Mena, quienes concibieron tres núcleos.
El primero aborda las materialidades del cuerpo y su ausencia; el segundo núcleo se centra en la migración y el desplazamiento como cartografías de la memoria; y el tercero se ironiza el “deber ser” de la feminidad.
“Ha sido muy interesante todas estas conexiones, ahí hay distintas visiones geográficas, distintas generaciones. Los núcleos los planteamos entre las tres, pero sobre todo fueron ellas que hicieron esta revisión de la obra y sintieron que era como la forma: si recorres la exposición no son temas paralelos o aislados, se van cruzando, es casi como un tejido, todo el tiempo se están conectando”, describe María Ezcurra.
“Líneas de fuga” es una producción nacional de artes visuales realizada con el estímulo fiscal del artículo 190 de la LISR (EFIARTES) y puede visitarse en el Museo de Arte Carrillo Gil (ubicado en Avenida Revolución núm. 1608, colonia San Ángel, Ciudad de México) de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas.
Para más información sigue las redessociales del @museocarrillogil y @maria_ezcurra