En una remota región rural de Hungría, la cooperativa agrícola ha quebrado, todo ha quedado en ruinas; los trabajadores partieron, sólo unas cuantas personas decidieron seguir viviendo en un pueblo casi fantasmal y abandonado, tratando de sobrevivir, invadidos por la ilusión, el anhelo de un cambio, deseando salir de la realidad misma que los rodea; en la decadencia en la que se sumergen día tras día, en la monotonía de sus vidas, idealizando otra, y asimismo en la inmovilidad que se apodera de ellos, presos de una esperanza, de alguien que lo cambie todo.

Tango Satánico es una novela que envuelve a quien la lee en una atmosfera donde la lluvia incesante, el barro, el silencio, las paredes agrietadas, tejados rotos y las telarañas transportan a un lugar apocalíptico, donde te sientes atrapado.
Una historia cruda que exige comprender a cada uno de los personajes y adentrarse en sus miedos, en su desesperación, en su dialogo interno y la manera en que cada uno ve, desde diferente perspectiva, un futuro incierto, su esperanza frustrada:
Un director sin escuela; una mujer con delirio religioso; una mujer intelectualmente inmadura que, sobre todo, resalta sus atributos femeninos y, sin escrúpulos, pone a la venta su cuerpo; un doctor alcohólico que se dedica a observar a través de su ventana, vigilando la vida de los demás, anotando cada movimiento en una libreta… y a la vez, entre todos ellos, vigilándose.
Hasta que una noticia llega a ellos. Un hombre a quien han dado por muerto, Irimías, planea su regreso, abriendo interrogantes, ¿será el mesías que llegará a salvarlos? ¿acaso ha resucitado? Inquietos y en espera de su llegada, se abre el portal de la esperanza, fantaseando sobre sus vidas y a la vez abriendo un cuestionamiento sobre su presente y su futuro.
Adentrándose en la novela, se percibe el reflejo de los personajes cuando llega el momento de actuar y ahora están sometidos a la indecisión, invadidos por el miedo, la angustia de tener que arriesgar, de ir a lo desconocido o de huir del sabor amargo de vivir lo mismo.
Una novela post moderna donde el autor, László Krasznahorkai, nos da un estilo único a través de su escritura lineal, con párrafos largos y sinuosos donde los diálogos no tienen saltos ni puntación, abarcando páginas enteras. Mientras la lees, te sumerges en una sensación abismal, donde lo absurdo y la oscuridad impregnaran lo apocalíptico y la búsqueda de sentido.
Pero, ¿por qué “Tango Satánico”? La estructura de la novela transmite cierta idea de circularidad, es decir, se divide en dos partes que a su vez se dividen en seis capítulos cada una. La primera parte es consecutivamente del uno al seis y la segunda parte en regresión (del seis al uno). Los doce capítulos serán los doce pasos que comprende el baile de un tango; esta idea de circularidad se muestra en el principio de la historia con unas campanadas a lo lejos, sin que quede claro su origen; en el final aparecen también con la misma idea, dejando preguntas sin respuesta y abriendo la reflexión.
“Estaba convencido de los fracasos que se repetían semana tras semana, mes tras mes los proyectos cada vez más confusos que se venían debajo de golpe, la esperanza siempre frustrada de una liberación, no suponían el verdadero peligro; es más, todo ello los mantenía unidos, porque el camino entre la mala suerte y la destrucción era largo, pero allí, al final ya ni siquiera se podía fracasar…”
— Fragmento de Tango Satánico
László Krasznahorkai, escritor húngaro ganador del premio Nobel de Literatura 2025, ha sido reconocido por esta obra publicada en 1985 y distinguible por su visión apocalíptica en la que aborda el colapso moral, el desconsuelo y la desesperación, la esperanza y la incertidumbre. Fue llevada al cine por el director Béla Tarr y, sin duda, quien la lea se verá invitado a la reflexión sobre la existencia, sobre la misma vida y sobre los avatares de la esperanza que tiene cada ser humano de lograr un cambio.