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La escritora habla de su novela “Somos” Misterio, una historia que sucede en Queens, Nueva York, donde un día del año 2013 la “Hermana” Clara despierta con la sensación de que la muerte “está cerca”

Lorea Canales: “La literatura sigue, no la hemos agotado, no se acabó de inventar”

Autora. La periodista y escritora mexicana Lorea Canales.

“Encontré este convento en Queens. Ahí entré, conocí algunas de las religiosas y me pareció un buen escenario para plantear la historia”, relata la abogada, periodista y escritora mexicana Lorea Canales.

En conversación sobre su reciente novela “Somos” Misterio (Dharma Books, 2026), la escritora que lleva 25 años radicada en Estados Unidos explica que en sus primeras novelas se situaba en la Ciudad de México y exploraba temas como el sistema jurídico mexicano.

Luego, cuando se mudó de país comenzó a entrevistar monjas y decidió que utilizaría esa investigación para contar una historia ficticia en ese convento.

La historia sucede en Queens, Nueva York, donde un día del año 2013 la “Hermana” Clara despierta con la sensación de que la muerte “está cerca”.

Se encuentra a punto de cumplir cincuenta años con las Hermanas del Espíritu Santo y reflexiona sobre su vida, su tiempo como misionera en Ghana, como educadora en una escuela en Philadelphia y su función como cocinera del pequeño convento. Hasta que un accidente en la cocina sacude su rutina y la obliga a cambiar de ritmo.

“Yo estudié en una escuela de monjas en Suiza, cuando tenía 14 años y ahí conocí a las primeras monjas”, recuerda la autora sobre los antecedentes de su interés.

LAS MONJAS

Además de sus estudios y las entrevistas en Nueva York, Lorea Canales comparte otras experiencias como una estancia educativa en Florencia -donde se hospedó en un convento porque a su mamá le parecía más seguro- y reflexiones en torno a las monjas y la vida que llevan.

“Hay una distinción entre hermanas religiosas y monjas: unas viven dentro de un convento, se ponen el hábito, y las hermanas religiosas son más liberales, se visten como quieren, pueden vivir en su departamento, pueden tener un coche, siguen viviendo en comunidad y siendo parte de una orden. Hay una distinción grande de los tipos de órdenes que hay”, aclara.

También remarca la distinción que existe entre diferentes tipos de órdenes.

“Las que tienen madres superioras son más conservadoras, que es el arquetipo que tenemos de la monja. Tienen líderes que se cambian cada par de años, es una estructura mucho más democrática, menos jerárquica y son más libres”, comenta.

Observa que esto fue posible a través del Vaticano II, cuando las monjas “empezaron a salir del convento”. Antes, sólo podían ser educadoras, pero en tiempos de guerra su participación cobró importancia y se les permitió ser enfermeras.

“Era lo único a lo que se podía dedicar, o estar enclaustradas. En el claustro sí podían hacer las labores de monjas sus huertos, sus costuras y la cocina, esa siempre fue permitida y vender sus productos, pero ya ser ingenieras, arquitectas… ya hay hermanas religiosas que son lo que quieran”, ahonda.

-¿Cómo ha evolucionado el arquetipo de “la monja” en la literatura? ¿Qué implica ahora como figura femenina y por qué te interesaba abordarlas?

“Me gustaba el arquetipo, pero sentía que que había la monja de plataforma de streaming, la diabólica, la del Exorcista, de película de Halloween; hay la monja perversa, de todas esas monjas que hicieron sufrir a muchas personas, que quitaron bebés y los vendieron, las famosas lavanderías que eran cárceles de mujeres perdidas; y luego está la monja sáfica, lesbiana que en la noche está con la amiga”, describe la escritora sobre lo que había en el panorama cuando empezó esta novela.

En ese contexto, la intención de Lorea Canales era crear una monja que no ofendiera a las personas religiosas. Por eso su personaje es una persona mayor, “que hace las cosas bien, que no tiene rollo”.

“Estoy creando un personaje virtuoso, que trata de hacer el bien, ser una persona buena, de hacer bien. Eso creo que se sale mucho de la literatura, porque creo que los personajes femeninos en general están retratados muy traumados, con mucha violencia, lidiando con situaciones muy feas”, expresa.

“Ya tenemos una violencia extrema contra la mujer, ya las mujeres mismas aplican violencia extrema a sí mismas -problemas alimenticios, cirugías, etc- y yo no quería revictimizar esto en la escritura”, agrega.

Una característica que tenía clara al diseñar a su personaje era que “no fuera madre porque el rol de la mujer es maternal o romántico y yo quería salir de esto y hacer un personaje que no tratara de eso explícitamente”,

En cuanto a Sor Juana Inés de la Cruz, como ineludible referente al reflexionar sobre la vida religiosa, literatura y mujeres, Lorea Canales dice que se trata de una figura que “está en todas las mujeres mexicanas”.

MUJER Y LITERATURA SIN RESOLVER

Entre otros juegos, la literatura permite emular la escritura de otras épocas y disfrazar la ficción de realidad.

“Puedes escribir haciendo que algo parezca más verídico o más florido, más intelectual, más rimbombante. Y me parece interesante que los mismos problemas que tenemos los escritores, en el momento que te pones a escribir, llevamos 300 años dándole vueltas”, señala Lorea Canales.

Además de contar una historia, Somos Misterio es un diálogo literario con autores como Virginia Woolf, Rafael Cadenas y Denis Diderot, con quienes le parece compartir una idea de escritura.

Para ella, la novela “sigue siendo un género donde puedes experimentar, hacer cosas nuevas, crear personajes nuevos”.

“La literatura sigue, no la hemos agotado, no se acabó de inventar. La literatura es totalmente viviente, tiene miles de formas. Me encanta la idea del problema sin resolver y creo que la mujer está subrepresentada a pesar de que ahorita habemos muchas escritoras y lectoras”, reflexiona.

A pesar de vivir un auge de “mujeres hablando”, la escritora considera que todavía las mujeres en el mundo editorial cuentan con menos representación y menor salario, mientras que fuera del mundo literario somos consideradas “minorías” por las instancias de poder.

“En todas las instancias, no somos minoría física, pero somos minoría en todo”, reitera.

SOMOS MISTERIO

“De lo que quería hablar es el misterio de la vida, de cómo nos formamos, a dónde vamos, todo esto que al final trata la novela”, añade Lorea Canales.

Aunque a veces parezca utópico, la escritora apunta que sí ha habido cambios en el pensamiento general sobre los derechos de los animales, lenguajes minoritarios y opina que es importante darse cuenta de que también existe una constante resistencia y gente que busca sacar ventaja a través de la opresión de otros.

En ese sentido, con esta novela también pretende “quitarles el control, digamos, el monopolio de la fe, porque la fe es algo individual, Dios está en cada uno de nosotros”.

“Esa iglesia ortodoxa, patriarcal, misógina, corrupta y mentirosa toma control de algo que puede ser muy bonito, que es la bondad, el amor, la fe…. ¿Por qué les voy a dar ese poder a ellos? ¿Por qué me van a juzgar ellos?”, cuestiona.

Concede que esta postura reflejada en el libro sí es una cosa atrevida de su parte, sin embargo subraya que está hecho “con todo el respeto hacia la iglesia y por eso hago un personaje que cumple con todas las formas, cumplo con la teología. Este es un libro que no le va a sacar ronchas a nadie, es bondadoso y correcto”.

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