
Este 30 de julio se estrena en el Teatro Milán Lo que cabe en una fosa vacía, obra de teatro original escrita y dirigida por Jimena Hinojosa.
La obra cuenta la historia de Tomás, un exclavadista y entrenador que tras la muerte de su padre se hunde en una depresión profunda. Al siempre haber percibido una falta de reconocimiento de su padre hacia sus logros como deportista, la muerte representa un punto de quiebre para Tom. Descuida su trabajo como profesor de clavados en la alberca Nadando Ando, su matrimonio y, por encima de todo, la relación con su hija, quien nació el mismo año de la muerte del padre y sufre de mutismo selectivo, siéndole imposible vincularse con su padre.
La historia abarca varios años, pero la puesta en escena se limita a una representación de una alberca vacía con algunas sillas y objetos, y hay pocos cambios de vestuario. A lo largo de la duración, las escenas transcurren sin cortes tajantes, definidas por la entrada y salida de los personajes pero siempre con alguien presente en el escenario. A pesar del minimalismo escenográfico, el escenario impone con la altura y los actores utilizan cada centímetro del espacio para moverse.
Apuesta por el espacio como reflejo del psique
En entrevista con la autora, le pregunté sobre los retos que representó esta puesta en escena. Me dijo que el más grande fue hallar la forma de transmitir que los espacios son distintos y que el tiempo transcurre. La escenografía también cumple la función de comunicar el estancamiento en que viven los personajes. La propia Hinojosa dice que “ellos están en una misma mentalidad y por eso parece que están como encapsulados. Como que es un sólo acto”.
Destaco de la obra la actuación de sus dos protagonistas, Tom, interpretado por Hamlet Ramírez, y Mirella, interpretada por Sunem Serrano Cedillo. Tom lidera la primera mitad de la obra con su apartes en los cuales cuenta la historia de su vida, mientras que Mirella hace lo mismo durante la segunda mita.
Esto sin dejar de lado a los otros actores, quienes hace un trabajo excelente. Luisa M. (Tania Mayrén), la gerente de la alberca con una adicción a las apuestas que con frecuencia pone en riesgo al negocio, y Herrera H (Leonardo Zamudio), el irreverente exentrenador y socio de Tom que mezcla sus refranes, hacen un excelente rol como alivios cómicos a la historia. Y particularmente Gis (Daphne Keller), la esposa de Tom, balancea los momentos irreverentes con lo dramático.
La directora me comentó que escribió el guion hace cuatro años en la Fundación para las Letras Mexicanas. En una lectura dramatizada, conoció a varios de los actores que hoy dan vida a las palabras. Buscó financiamiento por Efiartes pero no lo obtuvo la primera vez que lo intentó. Ahora que ha logrado llevar la obra a cabo, comenta que el mayor placer de poner la obra en escena, en cuanto a su trayectoria respecta, es al fin poder dar un buen sustento a sus actores y que, más que nada, para ella “significa un regreso un poco a esos cuatro años”.
En la producción también participan Anayansi Díaz Gómez (escenografía e iluminación), Viridiana Velasco (vestuario), Emilio Hinojosa Carrión y Jorge Solís Arenazas (composición musical y diseño sonoro) y Manuel Alamilla (asistencia de dirección).

Sueño perdido sin volverse palabra
En cuanto a los temas que toca el argumento, la esposa de Tom los condensa muy bien en un punto al decir “creo que no sé cómo ser feliz”. Me pareció que este es el eje que corre por toda la obra. Le pregunté a la escritora qué consideraba de esta interpretación y si, con la decisiones correctas, el personaje de Tom podría alcanzar esa felicidad. “Están todos en una búsqueda de esa felicidad que no llega” me respondió. “Esa felicidad de la que luego hablamos es cosa que sólo tenemos en la cabeza”.
Más que una buscar la felicidad, la obra nos presenta personajes que incurren en un fatalismo auto infligido. Tom en particular se hunde en una alberca sin agua a causa de no dejar ir —de su padre y de sus sueños de ser un clavadista reconocido— y por tanto sin poder armar nuevos vínculos que den propósito a su vida, ni siquiera con su hija. Con él se deteriora todo aquello que lo rodea (la música hace un gran trabajo en transmitir esta decadencia, con tonadas hawaianas que por momentos se distorsionan). Un duelo nunca superado se convierte en una satisfacción imposible de lograr. Como dice el propio Tom, “una fosa de clavados solamente existe si alguien está dispuesto a saltar” y hay que tener constancia hasta para hundirse. Tom carece de esa disposición y de esa constancia, por lo que está condenado a habitar una alberca vacía.

¿Dónde ver la obra?
Lo que cabe en una fosa vacía se estrena este jueves y permanecerá en el teatro hasta el 23 de agosto. Los jueves y viernes se presentará a las 20:00 horas, los sábados a las 19:00 y los domingos a las 18:00. Dura aproximadamente hora y media sin intermedio. Puedes adquirir tus boletos en la taquilla del recinto o a través de la página Boletópolis. El costo de entrada general es de $350 pesos. El Milagro se ubica en la calle Milán #24, colonia Juárez, alcaldía Cuauhtémoc.