Para Bernardo González-Aréchiga, imaginar el futuro no significa necesariamente escribir ciencia ficción. Su novela Testigo Anticipado parte de una pregunta más amplia: qué futuros pueden surgir de las decisiones que la humanidad toma en el presente y cómo la tecnología, la inteligencia artificial y la transformación del ser humano modificarán la vida en los próximos siglos.

En entrevista con La Crónica de Hoy, González-Aréchiga contó que la obra comenzó a gestarse durante años a través de frases, ideas y mapas mentales. Economista de formación, con una trayectoria vinculada a la academia, el sector financiero y la educación, explica que su método de trabajo fue determinante para encontrar la estructura de la novela.
“Desde hace muchísimos años yo colecciono frases. Me encantan las frases”, relató. A ello se sumó una práctica que adoptó después de conocer a un premio Nobel de Economía que impartió una conferencia utilizando un mapa mental.
Desde entonces, González-Aréchiga comenzó a utilizarlos como una herramienta para pensar y organizar ideas. El mapa que dio origen a Testigo Anticipado comenzó cuando tenía alrededor de 65 años y, cuatro años después, alcanzaba unas 200 páginas.
Para el autor, la principal virtud de esta herramienta es que permite que las ideas crezcan de manera orgánica. Mientras la escritura tradicional conduce de un párrafo a otro hasta llegar a un punto, en un mapa mental una idea puede abrir nuevas ramas y convertirse en nuevas preguntas.
“Cada punta que tiene un mapa mental es como una pregunta, no es un punto. Es una pregunta que te invita a seguir pensando”, explicó.
De las ideas al personaje
Uno de los momentos decisivos en la construcción de la novela fue encontrar al personaje de Martín Möbius, cuya identidad reúne dos dimensiones que González-Aréchiga considera fundamentales: la racionalidad científica y la imaginación.
El autor explicó que durante una primera etapa prácticamente no había personajes en la obra. Las ciudades, los tipos de trabajo y la tecnología eran los elementos centrales. Fue después de conversar con el escritor Irán Rubalcaba cuando recibió una observación que modificó el proyecto: “Bernardo, tienes que tener personajes”.
A partir de entonces, González-Aréchiga comenzó a incorporar personajes para encarnar las ideas que había desarrollado durante años.
Entre ellos destaca una cyborg identificada por su número de serie y no por su nombre, personaje por el que el autor expresa un particular afecto.
También recordó como especialmente difíciles de construir las historias de El regreso de los ángeles y las pitonisas y La muerte de los genes. En la primera explora la posibilidad de que una nueva conciencia digital sea necesaria para evitar que los seres humanos continúen dañando al planeta; en la segunda plantea un escenario de guerra en el que se provocan mutaciones para impedir la reproducción de poblaciones enteras.
Para González-Aréchiga, son escenarios inquietantes precisamente porque considera que podrían llegar a ser posibles.
Un viaje por futuros posibles
Testigo Anticipado está estructurado como una serie de viajes a distintos futuros y abarca un periodo de 300 años. González-Aréchiga decidió utilizar el formato de bitácora de viaje porque le permitía explorar diferentes posibilidades en lugar de presentar un único futuro inevitable.
“Hay un número virtualmente interminable, infinito, de futuros posibles”, señaló.
Cada viaje representa, así, una posibilidad distinta. Incluso si el protagonista vuelve a un mismo lugar en otro momento, la realidad puede ser diferente, pues cada decisión modifica el camino que conduce hacia ese futuro.
Por eso, el autor prefiere definir su obra como “una historia del futuro” antes que como ciencia ficción.
Las posibilidades que aparecen en la novela surgen, en buena medida, de preguntas detonadoras. Una de ellas es la idea de que “la tecnología es el vehículo de la inteligencia”. A partir de planteamientos como éste, González-Aréchiga imagina tecnologías diferentes y las consecuencias que podrían tener sobre las formas de inteligencia humana.
De ahí nacen también algunos de los escenarios más complejos de la novela. Uno de ellos parte de la posibilidad de que los países poderosos utilicen el acceso al conocimiento como una forma de guerra: restringir la ciencia, eliminar bibliotecas, borrar registros electrónicos o impedir el acceso a publicaciones académicas.
La pregunta siguiente, explicó, es cómo podrían resistirse las sociedades a esa forma de dominación.
Libros, inteligencia artificial y cultura
Durante la conversación, González-Aréchiga también habló sobre la reciente circulación de información acerca de libros físicos que son adquiridos para ser digitalizados y posteriormente destruidos como parte de procesos de captura de información para sistemas de inteligencia artificial.
“Me parece horrible que destruyan los libros”, afirmó.
Más allá de la destrucción física de los ejemplares, el escritor considera que uno de los grandes retos es garantizar que las obras que forman parte de la cultura latinoamericana tengan una presencia adecuada dentro de los sistemas de inteligencia artificial.
“No le vamos a ganar a la inteligencia artificial como medio de consulta”, sostuvo, pero consideró necesario asegurar que la literatura y los ensayos que definen a la región puedan ser consultados por estas herramientas en condiciones similares a las obras de otras tradiciones culturales.
Para González-Aréchiga, el desafío no debe entenderse únicamente como una amenaza, sino como una oportunidad para replantear la relación de América Latina con un mundo dominado cada vez más por estas tecnologías.
Del antropoceno al neoceno
Una de las preocupaciones centrales de Testigo Anticipado es la huella que el ser humano ha dejado sobre el planeta. González-Aréchiga vincula esta reflexión con el concepto de antropoceno y con otro término que considera fundamental: el neoceno.
El primero sirve para pensar la magnitud de la intervención humana sobre el planeta. El segundo, en la interpretación que plantea el autor, representa la posibilidad de que la humanidad asuma la responsabilidad de gestionar la biosfera y proteger la salud del planeta, de los ríos, del agua, del clima y del medio ambiente.
Sin embargo, sostiene que esa tarea no puede realizarse únicamente con las capacidades humanas actuales.
“Necesitamos una inteligencia más potente. Y esa es la inteligencia artificial”, afirmó.
Desde esa perspectiva, la novela funciona como una reflexión sobre una posible coevolución entre humanidad y tecnología. González-Aréchiga la define como “una utopía disfrazada de tragedia”: una historia que muestra escenarios oscuros, pero que en el fondo conserva una mirada optimista sobre la capacidad humana de transformarse.
Cambiar de piel sin dejar de ser humanos
Uno de los conceptos que el autor considera centrales en su obra es la “ectización”, que define como un cambio de piel.
La imagen proviene de las cigarras que, al crecer, rompen su antigua piel porque ya no les permite desarrollarse y generan una nueva. Para González-Aréchiga, algo semejante tendrá que ocurrir con los seres humanos frente a la inteligencia artificial.
Pero ese cambio no implica renunciar a aquello que constituye nuestra humanidad.
“La inteligencia artificial requiere de una contraparte con una enorme fortaleza humana”, sostuvo.
Esa fortaleza, explicó, debe construirse a partir de la relación del ser humano con el conocimiento y con la llamada “infósfera”, el universo de información y conocimiento que forma parte de nuestra experiencia como especie.
Por eso, ante la posibilidad de una inteligencia artificial cada vez más poderosa, González-Aréchiga considera que la pregunta fundamental no es únicamente qué tan inteligente o consciente llegará a ser una máquina.
“No importa qué tan inteligente sea la inteligencia artificial. Realmente no importa qué tan consciente sea esa inteligencia artificial. Lo que importa es que el ser humano lo sea. Que el ser humano nunca deje de serlo”.
Para el autor, Testigo Anticipado representa apenas el primer tramo de una reflexión más amplia. Después de trabajar durante años con su mapa mental, descubrió que no tenía una sola obra, sino tres. La primera explora futuros que llegan hasta 300 años; las siguientes se adentran todavía más en el porvenir y en la posibilidad de que la humanidad se reinvente intelectual, genética y emocionalmente.
Así, el viaje de Martín Möbius no busca únicamente anticipar lo que viene. También plantea una pregunta sobre el presente: qué tendría que cambiar en nosotros para poder entrar en el futuro sin dejar atrás aquello que nos hace humanos.