
En una sala que se encuentra al fondo de las Catacumbas Mesón de San Antonio, acondicionada con suelo de madera y una pared de espejos que protegen este espacio de la oscuridad y humedad del resto del recinto, Thomas Quillardet pregunta con curiosidad antropológica sobre la puntualidad de quienes asisten a este tipo de actividades.
La intérprete y equipo de organización le aconsejan esperar unos 10 minutos antes de empezar el taller de performance que ofrece como parte del programa formativo del 54° Festival Internacional Cervantino, en el último fin de semana de actividades.
Al final de la tolerancia, no llegan las 21 personas que se habían registrado para la clase de 2 horas. Esto le viene bien al director, intérprete y escenarista, pues le permite desarrollar otro tipo de ejercicios.
Adelanta que su intención es abordar las herramientas que en diversas áreas de la vida ayudan a relatar tanto nuestras propias historias como las de otros.¿Cómo contamos historias? ¿Necesitamos pasar por la fantasía o sólo necesitamos las palabras exactas que describan el hecho?
Thomas Quillardet considera que al intentar contar las historias de otros descubrimos quiénes somos como actores e incita a observar si para narrar se necesita del cuerpo o de la objetividad del relato. También advierte que puede ser un poco de ambas.De buen humor y a través de una intérprete pide a sus alumnos-del-momento caminar por la habitación y reconocerse entre sí, pues no todos se conocen.
Destaca que los actores deben saber observar, sin caer en un exceso de concentración alienante e invita a ser como una pantera que bebe agua en su hábitat natural.“Es un ejercicio vital, estar concentrado en el agua que bebe y a la vez ser consciente de todo lo que sucede a su alrededor. Es cosa de vida o muerte”, plantea como explicación de la dinámica que busca.Luego, en círculo, pide a cada participante que comparta una historia sobre una irrupción de la cotidianidad.
No requiere que sea una historia compleja, en realidad debe ser corta, como algo que surgiría en una plática amistosa, pero debe ser cierta y a la vez debe enfocarse en un momento preciso donde algo derrumba la estabilidad de la lógica preconcebida.
Durante la práctica, el invitado francés pide un par de veces alargar el tiempo. Razona que si comenzó tarde, puede terminar un poco más tarde y todos están de acuerdo.Después de escuchar las historias de todos y apropiarse de ellas a través del relato y la actuación, Quillardet se disculpa por la falta de tiempo para ser minucioso, pero asegura que intentó cubrir los rasgos más importantes de la reflexión.
Todos se despiden, hay un par de fotos e intercambios amistosos entre estudiantes, bailarines profesionales y prensa participante, quienes a partir de esta experiencia quizás establecerán contacto en el futuro.Al terminar el taller, Thomas Quillardet conversa con un puñado de medios nacionales sobre “En Addicto”, propuesta que interpretó en la CDMX hace unos días y que presenta en las Catacumbas Mesón de San Antonio, el sábado 16 y el domingo 17 de octubre por la noche.
DE VIDAS AJENAS
A Thomas Quillardet no le gusta mucho actuar, confiesa que prefiere dirigir, pero en esta ocasión sintió la responsabilidad de corresponder a quienes lo recibieron en el hospital y cuya experiencia de vida dio origen al monólogo “En Addicto”.
Tanto los pacientes en rehabilitación como el equipo médico con los que trabajó durante 6 meses se desplazaron de su cotidianidad y tomaron el riesgo de hacer teatro con él.“Me recibieron con los brazos abiertos. Todos se esforzaron un poco. Todos se arriesgaron y, por eso, me dije que no le voy a pedir a nadie que interprete mi papel. Voy a asumir el riesgo hasta el final, voy a darlo todo.
Voy a arriesgarme a volver a actuar frente a los demás para contar esta historia personal”, se responsabiliza.Para él, actuar en carne propia una serie de historias de rehabilitación de sustancias y sexo, con las que originalmente no planeaba hacer un espectáculo, sino acompañar a sus protagonistas con herramientas teatrales y de escritura, tiene que ver con llevar el proyecto hasta el límite.
“No soy actor. A menudo, cuando uno es director, se queda en segundo plano. Y me parece que ninguno de los pacientes que estuvieron conmigo se escondió, ni tampoco los profesionales de la salud, así que yo tampoco quería esconderme”, ahonda.
Su propuesta se anuncia como un “monólogo que da vida a las palabras de pacientes y cuidadores que pasan por una unidad de tratamiento de adicciones”, con énfasis en la perspectiva documental y polifónica, por lo que Quillardet explica que la responsabilidad y ética de su proyecto comienza con el consentimiento de quienes estuvieron detrás.
Después, considera que entran factores como la manera de contar.“Lo que cuento no es en absoluto un relato verbatim, no está en bruto, lo he reescrito y esta historia se ha convertido un poco en ficción, en poesía. Al final, cambié todos los nombres, por ejemplo”, señala.
Otro punto que le parece importante importante es que el final de la residencia fue bastante duro, por lo que comenzó la reescritura hasta seis meses después y entonces mezcló todas las experiencias, inventó algunas historias, y “al final, en realidad, solo hay tres historias que son muy precisas, historias reales”.¿Y los participantes pudieron verlo? ¿Qué opinaron?“
Todos los trabajadores de la salud asistieron al estreno en París. Y después [los pacientes] fueron llegando poco a poco en pequeños grupos. Y fue muy conmovedor. Estaban muy, muy orgullosos de que alguien se interesara por ellos. Es un poco delicado lo que voy a decir, pero... Hay enfermedades en las que, de repente, todos se movilizan: cuando tienes cáncer, de pronto se vuelve algo grave. Pero cuando tienes una adicción al alcohol, a menudo da un poco de vergüenza y no se habla”, responde Quillardet.
En ese sentido, el hecho de reafirmar que la adicción es una enfermedad, como el eje central del espectáculo, les hizo mucho bien.“También fue muy sorprendente que pudieran ver que se trataba de una enfermedad y cómo se presenta desde el teatro. De hecho, hubo casos en los que los pacientes regresaron a ver el espectáculo con sus familias para decirles ‘esto es lo que estoy viviendo, es una enfermedad’, como para concientizarlos.
Pudieron utilizar esta representación artística de lo que han vivido desde que cayeron en la adicción como un elemento que les diera una idea a las familias de lo que estaba pasando”, continúa.Thomas Quillardet agrega que se trata de una propuesta sobre - ser - humano, en cuyo corazón están las preguntas sobre el abandono y sentirse abandonado.
“La pregunta es si acaso yo mismo soy adicto a algo y ¿cuál es mi relación personal con el sentimiento de abandono?”, añade.El director, autor e intérprete francés ya presentó esta pieza en el Centro Cultural Helénico (CDMX).
El 19 de octubre, “En addicto” llegará a la Universidad Autónoma de Occidente: a las 7pm, en la Sala Clemente Carrillo, Los Mochis, como parte del Circuito Cervantino 2026. Posteriormente, el director continuará con esta propuesta de gira por sudamérica.
¿Quién es Thomas Quillardet?
Thomas Quillardet (1979) es director, autor y traductor. Su formación inicial fue como actor en los Ateliers du Sapajou y el Studio-Théâtre d’Asnières, en 2004 decidió volcar su mirada hacia la dirección, con el estreno de Les Quatre Jumelles, de Copi.Su identidad artística está profundamente ligada al mundo de habla portuguesa.
En 2005 impulsó el festival Teatro en Obras en París, introduciendo a una nueva generación de dramaturgos brasileños en Francia. Esta conexión lo llevó a dirigir producciones en las ciudades brasileñas de Río de Janeiro y Curitiba, destacando su puesta en escena de Baiser sur l’asphalte, de Nelson Rodrigues y L’Atelier Volant, de Valère Novarina.
Como traductor y miembro de la Maison Antoine Vitez, ha sido una pieza clave para que las voces de autores como Tiago Rodrigues y Marcio Abreu lleguen a los escenarios franceses.Actualmente, Quillardet es artista asociado del Trident-Scène nationale de Cherbourg-en-Cotentin, consolidándose como uno de los creadores más prolíficos y polifacéticos del teatro francés contemporáneo.