Cultura

“Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano” es una retrospectiva que retoma los primeros trabajos de la fotógrafa en Europa, su experiencia durante la Guerra Civil española y arribo a México. Se exhibe en Bellas Artes

Kati Horna, la fotógrafa documentó la transformación de la vida social y política mexicana en la segunda mitad del siglo XX

Kati Una de la fotografías de Kati Horna que se exhiben en el Palacio de bellas Artes. (Gerardo Landa Rojano)

Kati

Hoy en día consideramos a la fotografía dentro del repertorio artístico y documental, “pero la historia de la fotografía no era así hacia los años 20 y 30: Kati Horna, junto a varios de sus contemporáneos, son artistas que trazan esa historia”, afirma el historiador de arte Daniel Garza Usabiaga, asesor externo del Palacio de Bellas Artes.

La propuesta curatorial que hizo junto a la también historiadora de arte Yolanda Guasch Marí para la muestra “Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano” es una retrospectiva ambiciosa que retoma los primeros trabajos de la fotógrafa en Europa, pasando por su experiencia durante la Guerra Civil española y su llegada a México, con las series fotográficas y los fotoensayos que desarrolló en el país.

Uno de los primeros datos que precisa el curador en recorrido por la muestra es que el nombre de la artista nacida en 1912, en Szilasbalhás, Hungría, no fue siempre Kati Horna.

“Su nombre se fue transformando a través de los años y muy a partir de las experiencias del exilio que aquí se empiezan a dibujar”, indica.

Durante los años treinta, Katalin Deutsch Blau vivió en París, donde comenzó con un estilo documental y experimental. En 1937 viajó a España para documentar la Guerra Civil y conoció a José Horna, con quien se casó y posteriormente se exilió en México. En 1939 ambos llegaron al país, donde ella adoptó el nombre de Kati Horna.

Daniel Garza Usabiaga resume las épocas que la fotógrafa atravesó de la siguiente manera: “un periodo formativo educativo en Budapest, luego trabajo, va a Berlín, va a Francia y en todos estos lugares está produciendo, pero sobre todo asimilando una serie de influencias creativas que tienen que ver con el desarrollo de la fotografía moderna como una práctica de vanguardia, algo muy de su época y de inicios del siglo XX”.

Entre huevos maquillados, muñecos, mujeres misteriosas y desnudas, el curador destaca el interés en la estética documental desarrollado en el círculo intelectual de los surrealistas. “Desde aquí se ve ya una doble faceta de Kati, que por un lado realiza trabajo documental por el otro lado con las piezas de los huevos realiza trabajo artístico donde manipula la imagen, objetos y va creando una narrativa”.

KATI & JOSÉ EN MÉXICO

El curador relata que a su llegada a México, en 1939, Kati y José Horna se insertaron rápidamente en el contexto artístico y cultural del país. Durante la segunda mitad del siglo XX, la fotógrafa documentó la transformación de la vida social y política mexicana, así como el desarrollo de las industrias culturales y editoriales.

Su estancia coincidió con el periodo conocido como el milagro mexicano, cuando surgieron instituciones culturales y educativas, se construyeron museos y se dinamizaron las industrias nacionales. En ese contexto, las revistas se convirtieron en espacios de circulación de imágenes y de difusión del trabajo de artistas e intelectuales.

“Hoy en día son industrias que están prácticamente de capa caída y menguando un poco su existencia, pero en la segunda mitad del siglo XX era cotidiano y de primera importancia todas estas industrias editoriales donde circulaban imágenes”, comenta Daniel Garza Usabiaga.

Detalla que muchas fotos de Kati fueron publicadas por la revista “Mujeres”, que dio importancia a escritoras, pintoras e intelectuales de distintos campos, así como las revistas de arquitectura “Arquitectura México” y “Calli”.

También desarrolló fotorreportajes en lugares poco conocidos o de difícil acceso público, como La Castañeda, institución psiquiátrica cuyo registro se convirtió en su primer reportaje producido y publicado en México. Las imágenes muestran a los pacientes en actividades cotidianas, como bailar, descansar en el patio o participar en el coro.

Entre ellas destaca la del llamado Iluminado, personaje que reaparece en la trayectoria de Horna cuando en 1961 Mathias Goeritz la invitó a participar en la exposición-manifiesto Los Hartos y presentó esa fotografía. Aquella muestra respondía a la búsqueda “de un arte con fines espirituales o metafísicos, alejado de lo comercial y banal”, según apunta el curador.

La fotógrafa también documentó un espectáculo de títeres llevado a los presos de Lecumberri y retrató un sanatorio de muñecas ubicado en Coyoacán.

“Era literalmente un hospital de juguetes que estaba en Coyoacán y la muñeca aparece constantemente en su producción. En España documenta muñecas rotas, aquí en México el sanatorio de muñecas se vuelve una metáfora del exilio y de encontrar un lugar donde sanar”, agrega dice Garza Usabiaga.

A la par, Kati Horna desarrolló proyectos artísticos junto a amigas y colegas. Subraya sus colaboraciones para la revista Snob, publicada únicamente durante un año en 1962 y dirigida por Salvador Elizondo y Juan García Ponce, para la cual realizó tres series fotográficas en la sección Fetiche: Oda a la necrofilia, con Leonora Carrington como modelo; Impromptu con arpa y Paraísos artificiales. La publicación recuperaba el legado postsurrealista para una generación interesada en la psicodelia y otras experiencias de los años sesenta.

Ese mismo año, Kati Horna produjo otras dos series que probablemente estaban destinadas a la revista, pero quedaron inéditas tras la cancelación del proyecto editorial: Mujer y Máscara, nuevamente en colaboración con Carrington, y Sucedió en Coyoacán, historia de un vampiro. Esta última, protagonizada por la actriz Beatriz Sheridan, presenta a una mujer vampiro que recorre una casa hasta encontrar un lugar donde instalarse.

“Todo lo que se ve aquí es este personaje que está encontrando su lugar, que al final se instala y deja de un alma en pena que va de un lado para el otro. Creo que tiene que ver mucho también con su propia experiencia en el exilio”.

RECORRIDO

La muestra recibe a los visitantes con algunos ejercicios formativos, particularmente un retrato de Kati, atribuido a Robert Capa, cuando eran jóvenes; seguido de un retrato de Robert Capa tomado por Kati.

En este primer núcleo, “Europa: años de formación y de definición de una práctica se encuentran los trabajos tempranos realizados por Kati durante sus estancias en Hungría, Francia y España.

Luego, “En tiempos de guerra: mirada y testimonio” aborda su producción en la Guerra Civil española, donde experimentó técnicas como el diseño de carteles y otros medios de propaganda junto a José Horna.

En “Series e historias fotográficas: registros documentales y escenas construidas” se encuentra la producción de Kati Horna en México a partir de los años cuarenta, que va de series documentales hasta sus proyectos fotográficos creados mediante puestas en escena.

“La banda: redes vivas” está dedicado a otro aspecto de Kati, quien durante el exilio cultivó vínculos personales y profesionales importantes con personalidades de distintos contextos culturales, tales que Leonora Carrington, Remedios Varo, Bridget Tichenor, Pedro Friedeberg, Alan Glass, Mathias Goeritz y Ángela Gurría, entre otras.

A la par de la muestra, en conmemoración de los 90 años del inicio de la Guerra Civil española, habrá una charla sobre los artistas que emigraron a México a causa de este conflicto. Asimismo, como parte del programa de actividades que acompañan “Lo insólito es lo cotidiano” habrá un ciclo de cine en torno al universo de relaciones y colaboraciones artísticas de Kati Horna.

También se publicará un catálogo con ensayos de Michel Otayek, sobre el trabajo de Horna en Hungría, Alemania y Francia; Mónica Carabias, sobre su producción en España durante la Guerra Civil; Daniel Garza Usabiaga, sobre sus series y fotoensayos; Yolanda Guasch, sobre sus relaciones creativas con otras artistas, y José de Santiago, sobre su labor docente. La publicación será posible gracias a la colaboración y coedición de la Fundación Jenkins.

Para más información, se puede consultar la página del Museo del Palacio de Bellas Artes, así como las redes sociales del recinto (Facebook: Museo del Palacio de Bellas Artes; Instagram y X: @mbellasartes).

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