Cultura

Entrevista

Claudia Amador reinventa el terror con vampiros tropicales en “Altasangre”

Lo ominoso habita las páginas tropicales de la novela “Altasangre”, escrita por Claudia Amador, escritora colombiana que un día imaginó a las vampiresas en un ambiente festivo, de música y danza, de calor, humedad y paisajes soleados, y las trajo a la vida con la historia familiar de los Vanterroso.

Altasangre (Cortesía)

Esta increíble novela publicada por Hachette, bajo el sello Alianza voces, está cargada de oscuridad, misticismo y personajes enigmáticos. Con múltiples narradores, Claudia entreteje el Carnaval de Barranquilla con la problemática situación de Julieta, una joven vampiresa que, de niña, no lograba controlar su sed, y ahora, en su adultez temprana, no logra controlar su destino, por lo que, desesperada, acude a la magia prohibida, a esa oscuridad que ni su imponente abuela Julia habita, y llama, sin quererlo, a Mamá Codex.

En entrevista con La Crónica de Hoy, la autora compartió el por qué decidió escribir sobre vampiros y cómo fue construyendo una historia tan mágica y absorbente.

El origen de “Altasangre” se encuentra en un ejercicio universitario que invitaba a imaginar a los vampiros desde la ciudad natal de cada estudiante. Aunque Claudia Amador siempre había sentido fascinación por el terror y la literatura fantástica, durante mucho tiempo creyó que estos géneros pertenecían a escenarios fríos, oscuros y distantes de su propia realidad, por lo que nunca imaginó escribir una historia de este tipo desde el ambiente festivo y caluroso de Barranquilla.

Sin embargo, mientras se mudaba de esta ciudad caribeña a Bogotá, encontró en el ejercicio una oportunidad para romper con el imaginario europeo del vampiro y trasladarlo a su territorio. En lugar de situar a estas criaturas en una ciudad fría, decidió preguntarse cómo serían si pertenecieran al Caribe y qué características compartirían con la sociedad que las rodeaba.

“Empecé a ver cómo quitarle ese imaginario europeo que tiene y pensarlo más como una posibilidad de también hablar de otro tipo de pulsiones, de otro tipo de miedos modernos”, explicó.

A partir de esa exploración encontró semejanzas entre las familias vampíricas y las estructuras sociales de Barranquilla, particularmente en la organización por clanes, la transmisión del poder de generación en generación y la importancia del linaje. Así comenzó a construir una estirpe propia, atravesada por el mestizaje y el sincretismo, en la que las criaturas sobrenaturales no necesitaban esconderse en castillos europeos, sino que podían habitar el calor, la música y las celebraciones del Caribe.

La autora también encontró en el vampirismo una metáfora capaz de adaptarse a las problemáticas de cada territorio. Recordó que otras obras han utilizado esta figura para hablar de fenómenos como el extractivismo y el capitalismo, pues considera que el gótico tiene la posibilidad de transformarse según las características del lugar en el que se desarrolla.

En “Altasangre”, esta adaptación también se refleja en la construcción de sus personajes, pues la historia está protagonizada principalmente por mujeres que ejercen el poder sin permanecer ocultas en las sombras. Amador explicó que esta decisión fue premeditada y que buscaba cuestionar la división tradicional entre el espacio público, asociado con los hombres, y el privado, históricamente reservado para las mujeres.

La novela explora una sociedad en la que las vampirezas pueden caminar bajo el sol, convertirse en protagonistas del Carnaval y ocupar posiciones de poder, pero eso no significa que sus relaciones estén libres de conflictos. Por el contrario, la escritora buscó mostrar vínculos femeninos atravesados por los egos, los intereses personales, la violencia, las imposiciones y el control.

“Quería complejizarlas también, que eran todas mujeres, pero todas personas diferentes”, señaló.

De esta manera, la autora se aleja de la idea de construir una sociedad femenina idealizada en la que el ejercicio del poder necesariamente conduciría a una convivencia armoniosa. En su lugar, presenta personajes que también pueden reproducir relaciones de dominación y enfrentarse entre sí, especialmente dentro de sus propias familias.

Esta exploración del poder se relaciona con la búsqueda de libertad de Julieta, quien intenta escapar de las decisiones que su abuela ha tomado sobre su futuro. Su acercamiento a lo prohibido y su encuentro con Mamá Codex no responden necesariamente a un deseo de transformar el mundo, sino a una primera rebelión contra las imposiciones que pesan sobre su propia vida.

Para construir a este personaje sobrenatural, Amador recurrió a sus investigaciones sobre las religiones afrocaribeñas, particularmente el vudú, la santería y el sincretismo religioso de la región. La autora explicó que le interesaba contrastar estos conocimientos con la relación que otros personajes mantienen con lo sagrado y lo científico.

Mientras Julia representa una figura que desafía lo divino mediante la experimentación y la mezcla de conocimientos, Enriqueta se encuentra vinculada con un sistema de creencias alimentado por las tradiciones afrocaribeñas, las cuales, pese a formar parte de la vida cotidiana de muchas comunidades, todavía enfrentan prejuicios en sociedades profundamente católicas y conservadoras.

Mamá Codex también atravesó distintas transformaciones durante el proceso de escritura. Inicialmente fue concebida como un príncipe vudú que aparecía en los sueños de Julieta, después se convirtió en Papá Codex y finalmente adquirió su identidad femenina, en una decisión que también respondía al interés de la autora por explorar otras representaciones del poder y de las mujeres.

Su historia parte de una investigación sobre los intermediarios espirituales del vudú, quienes, de acuerdo con una de las ideas que encontró Amador, después de morir terminan realizando aquello que no hicieron durante su vida. En el caso de Mamá Codex, su castigo consiste en proteger a quienes alguna vez traicionó.

“Si yo hice algo terrible en vida, vendía a mis iguales, luego en muerte los voy a proteger”, explicó.

Así, el personaje se convierte en una figura que propicia el camino hacia la libertad, pero no en una solución mágica para los problemas de Julieta. Su intervención permite que los personajes encuentren lo que buscan, aunque también deban enfrentar las consecuencias de sus decisiones.

Otro de los elementos que distingue la construcción narrativa de “Altasangre” es la presencia de las malas lenguas, una voz colectiva que convierte el chisme en un personaje capaz de intervenir en la historia. Amador contó que la idea surgió después de leer “Canto yo y la montaña baila”, de Irene Solà, novela en la que encontró una forma de narración que le permitió imaginar voces provenientes de elementos que normalmente no tendrían una voz propia.

A partir de la expresión popular “las malas lenguas”, decidió llevar esa idea a la ficción y darles cuerpo a través de una presencia formada por bocas, lenguas y voces que recorren la historia.

La decisión también le permitió incorporar información sobre los acontecimientos de la novela sin recurrir constantemente a un narrador explicativo. Para la escritora, el chisme es una de las principales fuentes de información de la historia y funciona como un elemento que conecta a los personajes y permite que los acontecimientos circulen entre ellos.

La música y el Carnaval de Barranquilla también tienen un papel fundamental en esta construcción. Amador explicó que recuperó la teoría de la carnavalización de Mijaíl Bajtín, además de sus experiencias en el teatro, para explorar las posibilidades de romper la cuarta pared y desdibujar los límites entre el lector y la narración.

Las canciones no aparecen únicamente como referencias culturales, sino que acompañan a los personajes, transforman el significado de determinadas escenas y mantienen presente el ambiente festivo en el que transcurre la novela. Incluso, la autora construyó una playlist para quienes quieran escuchar las piezas que aparecen en la historia, aunque también permite que cada lector imagine sus propios ritmos.

“Quería que el carnaval estuviera vivo”, explicó.

Para Amador, el carnaval cumple una función semejante a la de un castillo en la literatura gótica: es un espacio que encierra a los personajes, pero que también permite trastocar el orden social y desarrollar los acontecimientos. La celebración abre la posibilidad de ponerse y quitarse máscaras, confrontar a otros personajes y mostrar las contradicciones de una sociedad a través de sus representaciones deformadas.

Esta presencia se vuelve especialmente importante conforme avanza la novela, hasta que el carnaval deja de ser solamente el escenario de los acontecimientos y adquiere una dimensión propia, casi como otro personaje de la historia.

La escritora también ha encontrado distintas interpretaciones de “Altasangre” entre sus lectores de otros países. Aunque reconoce que la novela está profundamente arraigada en Barranquilla, considera que algunos de sus temas consiguen conectar con personas de contextos muy distintos.

En México, por ejemplo, ha participado en clubes de lectura virtuales donde ha encontrado coincidencias relacionadas con el matriarcado, las imposiciones sobre el cuerpo de las mujeres, el hambre y el chisme como una forma de conexión social. En Yucatán, algunas lectoras han identificado similitudes entre el ambiente de la novela y sus propias celebraciones, mientras que en España la historia ha sido leída desde una perspectiva más política, particularmente por la representación de las élites dirigentes y las imposiciones sobre el cuerpo femenino.

En Argentina, en cambio, la autora encontró un interés particular por la mitología, el vudú y el sincretismo religioso que atraviesan la construcción de sus personajes.

Para Amador, esta diversidad de interpretaciones es una de las riquezas de la literatura, pues permite que una misma historia encuentre distintas formas de diálogo dependiendo del lugar desde el que se lee.

La novela también se prepara para llegar a lectores angloparlantes, aunque su traducción tendrá una particularidad: debido a los derechos de autor, las canciones originales no podrán conservarse, por lo que la escritora compuso nuevas letras en español, siguiendo las métricas de las piezas originales, para que posteriormente fueran traducidas al inglés.

De esta manera, “Altasangre” continúa expandiendo su universo narrativo sin desprenderse de los elementos que le dieron origen: el calor del Caribe, sus tradiciones, sus contradicciones sociales y la posibilidad de encontrar lo ominoso incluso en medio de la música y la celebración.

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