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Crónicas de la Ciudad

Un cambio necesario: La Minerva la Plaza de la Liberación

Guadalajara es una ciudad donde las glorietas no sólo organizan el tránsito: también ponen a prueba la fe, la paciencia y la capacidad pulmonar del peatón. Por eso, cuando se anunció la intervención a la glorieta de La Minerva, más de uno pensó que aquello iba a terminar en un embotellamiento bíblico. “Van a arruinar la circulación”, “eso va a ser un caos”, “¿cómo se les ocurre tocar a la diosa?”, se escuchaba. Spoiler: no pasó. Y, para sorpresa de muchos, quedó mejor.

La Minerva estrenó un nuevo rostro más amable, más cercano y, sobre todo, más humano. El peatón dejó de ser un espectador lejano y ahora puede caminar alrededor del monumento, tomarse la foto del recuerdo —sin jugar a la ruleta rusa vehicular— y apropiarse del espacio. Los cinco carriles para automóviles se respetaron, la circulación fluye por arriba de la siempre conflictiva López Mateos, una vía caótica, sí, pero viva. Al final, no se trataba de quitarle todo al auto, sino de dejarle algo al ciudadano de a pie.

Reapertura de Plaza Liberación renovada

Pero el cambio no se quedó ahí. En el Centro Histórico, la Plaza de la Liberación también recibió una sacudida necesaria. Hoy se ve más limpia, más amplia, sin cables robando protagonismo al paisaje y con fuentes que por fin lucen, ahora de mayor tamaño y con más protagonismo. A eso se suma un pendiente histórico: el estacionamiento subterráneo, que durante años fue un recuerdo incómodo del abandono, por fin fue arreglado.

Y quizá lo más simbólico: la vista hacia el Teatro Degollado quedó completamente libre. Nada de autos atravesados, nada de tráfico interrumpiendo la postal. Frente al edificio, ahora hay una zona totalmente peatonal, como debía ser desde siempre. El teatro respira, y la ciudad también.

En las próximas semanas, la transformación continuará con la conclusión de la Plaza Fundadores y la Plaza Tapatía —una detrás del Degollado y la otra rumbo al Museo Cabañas—, donde se integrará un espejo de agua que promete reflejar el Cabañas y convertir este corredor emblemático en un espacio mucho más atractivo. No sólo para quienes nos visiten durante el Mundial de Futbol de este año, sino para los propios jaliscienses, que a veces necesitamos redescubrir nuestra ciudad para volver a quererla.

Al final, todo cambio suele incomodar. Porque lo nuevo siempre despierta sospechas y lo viejo, aunque ya no funcione, da una falsa sensación de seguridad. Pero cuando lo que permanece igual se vuelve insuficiente —o francamente innecesario—, cambiar no sólo es bueno: resulta urgente. La Minerva, sin bajar del pedestal ahora se deja rodear por la gente, y La Plaza de la Liberación presume con mayor visibilidad los histórico edificios que la rodean.

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