Para Jazmín
Desayuno en la capilla de Jesús. En el café de olla se advierte un toque de naranja. Luego encaminarse al museo de la ciudad, la caminata hasta la calle Independencia está bien, el clima nublado invita.
El propósito era solicitar un rompecabezas. Llegando, nos dan un cuestionario para responder al ir mirando la exposición. En un principio podríamos pensar que se trata de ejercitar la contemplación de los cuadros como quien lee un texto y el cuestionario sería para dar cuenta de nuestra capacidad de retención de conceptos, pero al tratarse de imágenes, en realidad sólo cambia el lenguaje, del escrito al visual.
Aceptamos el reto, es el precio por el rompecabezas de alguna obra de arte. En el patio del museo hay una instalación en la que vemos varios lockers tirados a la buena de Dios y una figura humana con los ojos vendados por encima de ese pretendido desorden.
Hay que observarla con detenimiento ya que hay preguntas en el cuestionario que hacen referencia a esa instalación, así que vemos lo escrito en los lockers con plumones de tinta indeleble, de hecho, hay dos de ellos y si, tuve la tentación de escribir mi reclamo en alguno de los estantes, esto porque había “pintas” que hablaban de cosas que nos pasan por la mente pero no siempre encontramos la ocasión de decir.
Entramos en las salas y apreciamos la buena factura de los cuadros, también con aplicada atención para, como los alumnos serios, acertar en nuestras respuestas.
Así pues, contamos personajes en los cuadros, intentamos deducir el significado de las escenas de algunos de ellos y hasta nos duele la herida de uno de los cuerpos representados ahí, como suspendido en el espacio, pues algunas palomas vuelan alrededor de su rostro que se inclina en dirección a la herida que no sangra pero existe.
En el segundo patio encontramos algo que buscamos con insistencia y creímos se trataba de una broma, pero nos damos cuenta que en el arte de la escultura, un elemento especifico (aquí se trató de tres pares de orejas), pueden darnos el todo por la parte.
Regresamos a la mesa que se encuentra a la entrada del museo con una respuesta en negativo, entonces nos dicen que subiendo la escalera hay más cuadros de la exposición, así que vamos allá hasta encontrar la palabra Jirafa dentro de un cuadro (teníamos como pista el nombre del autor).
Concluimos el ejercicio después de buscar en la memoria las razones por las que nos sonaba el nombre de uno de los pintores que forman parte de la exposición (uno que sólo dibuja animales y mujeres), pero a estas alturas las razones se han convertido en juguetes en la memoria, luego de contemplar, sin planearlo, tortugas gigantes, caballos casi perdidos en claroscuros, personajes alados, astronautas y niños abrazando bombas, así como ovejas, mínimas mariposas y paisajes imaginarios.
Entregamos el cuestionario y nos dan a escoger nuestro rompecabezas, yo elijo uno en el que una figura masculina es rodeada por una lluvia de corazones.
Nos vamos luego a buscar camisetas con imágenes de perros transformados en postres o portando lentes para el sol y de algún modo sentimos que, al entrar en la tienda de ropa, entramos también a una exposición.
