
Orbita entre los colectivos responsables de plantar algunos de los ‘Antimonumentos’ que puntean el Paseo de la Reforma la idea de que el gobierno capitalino removerá estos incómodos hitos evocadores de los temas pendientes que hostigan a la justicia mexicana, esto en un afán por “limpiar” la ciudad, al menos en el plano simbólico, a cuatro meses de que se celebre el Mundial de la FIFA 2026.
Los rumores han sido atizados por las más recientes declaraciones de La Ruta de la Memoria, la organización aseveró en algunos medios que el Gobierno de la Ciudad de México, capitaneado por Clara Brugada, “malaconsejada por su coordinación de asesores”, pretende llevar a cabo un operativo de desmantelamiento de antimonumentos.
Aunque los antimonumentos han sido levantados sin el permiso o aval de las autoridades, constituyendo en ello una razón de peso más que suficiente para justificar un eventual retiro, desde el Ejecutivo local se ha señalado con anterioridad que no existe intención alguna de remover tales tótems de la infamia ni de reubicarles, toda vez que su edificación representa el duelo legítimo de la sociedad y materializa el hartazgo frente a la pusilanimidad de las gestiones federales anteriores que en nada supieron satisfacer la sed de justicia.
No obstante, la vocería de la citada organización adujo que la estrategia del gobierno capitalino estriba en hacer pasar el operativo de retiro de las estructuras como acciones de vandalismo que, según se refiere, ya han comenzado y tienen por objetivo dañar de tal grado las estructuras que sea necesario removerlas.
Las acusaciones se afincan en el estado de maltrato actual del que adolecen algunos de los antimonumentos como La Glorieta de las Mujeres que Luchan -antes A Colón- o las mamparas que bordean el hito a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, todas ellas con visibles daños, que no precisamente sugieren accidentes, y remendos que denotan desperfectos previos. Aun con estas heridas y cicatrices en su haber material la tesis de una operación de falsa bandera orientada a atacar y desmantelar esta suerte de monolitos resulta inverosímil.
Sin rastros

Para sondear las probabilidades de que aquello esté ocurriendo Crónica visitó los emplazamientos de algunos de los antimonumentos para buscar testimonios que desmientan o sustenten las versiones de ataques directos a estos recintos. Frente a la sede del IMSS, en Reforma, la banqueta acuna al hito dedicado a las 49 infancias víctimas del incendio de la Guardería ABC, en Sonora, y contiguo a éste, se ubica un bolero de apellido Chaparro. A decir del lustrador de calzado, que frecuenta el lugar en al menos tres o cuatro días por semana y en espacios de cuatro a seis horas, no se ha visto en días ni en meses recientes a nadie que se aparezca con intenciones de dañar el antimonumento; “llegan algunos curiosos, le toman fotos”, y las personas que más se acercan lo hacen tan solo para leer lo grabado en la placa: Es considerada la peor tragedia infantil en la historia de México.
Un salto al Ángel de la Independencia y asoma el antimonumento consagrado a los 72 migrantes secuestrados y ejecutados en San Fernando, Tamaulipas, en 2010. La hostess anónima de un restaurante cercano, con vista al monolito y cuyo horario de apertura abarca el desayuno, la comida y la cena, asegura que jamás ha visto a nadie dañar intencionalmente la estructura, y remarca “intencionalmente” porque alguna vez observó a un neófito del ciclismo estamparse de bruces contra en ella.
Unos metros más adelante y en la acera opuesta, el tótem a los 65 mineros de Pasta de Cochos exhibe únicamente los remanentes de las tímidas exequias conmemorativas por el aniversario de la tragedia, del 19 de febrero; permanecen algunas veladoras y flores, pero no hay señal de daños, ni siquiera de maltrato. Una persona en situación de calle, Jafet, que dice pernoctar con frecuencia en las jardineras que abrazan el lugar, indica que no ha visto a nadie tratando de dañar el antimonumento; “luego lo agarran de cama los niños, pero nomás”, dice refiriéndose a los hijos de algunos comerciantes que acostumbran vender artesanías en la banqueta.
Más allá de la Glorieta a las Mujeres que Luchan y del 43 que recuerda la noche de Iguala, el antimonumento de David y Miguel pasa desapercibido y pulcro entre aquellos que corren a las oficinas del Servicio de Administración Tributaria, en contraesquina, y entre las personas que simplemente ya no llegan a verle, pues la Ruta de la Memoria vira en este punto hacia el Zócalo, vía Juárez.
La V del Halconazo se halla sucia y la jardinera que le sostiene carece casi en su totalidad de capa vegetal -se nota que hasta hace poco la tuvo-, no obstante, no se observa dañada salvo por stickers y pegatinas. Algunos hombres que ofrecen dulces y servicio de sanitarios en el otrora Centro de Atención a Usuarios, de la extinta Luz y Fuerza del Centro, aseguran que no les “ha tocado ver” a nadie que dañe el antimonumento, “con todo y las obras de aquí a lado, la verdad es que lo respetan”; “ a lo mucho lo llegan a grafitear cuando hacen sus desmadres las marchas y así”, ampliaron.
“Es una trampa”
Únicamente en la Antimonumenta y en el más reciente armado desplegado en favor del Estado de Palestina, ambos a la altura del Hemiciclo a Juárez (hoy día Plaza Palestina Libre, en la toponimia de la alteridad) y casi en la explanada del Palacio de Bellas Artes, persisten grupos de activistas y/o comerciantes que mantienen una presencia prácticamente permanente. En ambos mojones el rumor del operativo capitalino en contra de los tótems es sonado; a oídas y de forma intermitente los dos colectivos se han enterado de “de que grupos de choque podrían ser enviados a desalojarnos”, narra un supuesto miembro del ‘Bloque Rojo’ que frecuenta una suerte de campamento adyacente al polígono palestino. Ha elegido no revelar su nombre.
Cruzando la calle, algunas chicas cuya edad oscila entre los 20 y 30 años venden stickers, pines y libros a un lado de una señora mayor, con niños que podrían pasar por nietos, que intercambia artesanías por productos de despensa, o bien, dinero. Entre todas, dicen, “más que cuidarlo (la antimonumenta), cuidamos el espacio”, pues se ha convertido en un lugar “seguro” de trueque y venta para mujeres por mujeres.
Sabedoras de los rumores, minimizan las amenazas y hasta las banalizan: “no sería la primera vez que intentan quitarnos el derecho de estar aquí, pero aquí seguimos”. Ya antes han tenido encontronazos con policías, elementos de la Secretaría de Gobierno, otros grupos de comerciantes y con un largo etcétera que ha intentado desplazarles; “que porque no tenemos permisos o afeamos la calle”. A decir de las mujeres, “si en una de esas tratan de quitar el monumento, se haría un desmadre. Dudo muchísimo que lo intenten”.
Una opinión más o menos generalizada entre quienes son asiduos de ambos antimonumentos es que el rumor y el amago de operativos, sean estos con “embosados uniformados” o con “golpeadores” parece ser más una trampa, un “meter miedo” para que los colectivos suelten los espacios por sí solos ante el temor de que los desalojos y los desmantelamientos violentos se materialicen, o simplemente para evitar que los hitos sufran daños, pero “no tenemos pensado movernos, al menos no por eso”, acusan en las dos aceras.