
“Aquí siempre hubo ruido de partidos, pero nunca tanta presión para irnos”, dice don Roberto Hernández, vecino de Santa Úrsula desde hace más de cuatro décadas.
Su frase abre una conversación que se repite en calles, tienditas y patios compartidos de las colonias que rodean al Estadio Banorte ( antes Azteca). La promesa de una derrama económica convive, todos los días, con el aumento de rentas, el reordenamiento del comercio informal y nuevas restricciones viales que han alterado la vida cotidiana.
Roberto vive a seis cuadras del inmueble. Llegó cuando la zona aún tenía tramos de terracería y el estadio era un vecino que se activaba solo los fines de semana. Hoy, mientras prepara café, enumera cambios que se aceleraron en los últimos meses: anuncios de renta con precios “actualizados”, vallas que aparecen de un día para otro y operativos para retirar puestos.
“Muchas obras, poca agua, alza en precios… dicen que viene progreso, pero a muchos nos está costando quedarnos”, resume.Rentas que se disparan y la presión por quedarseEn Santa Úrsula, Pedregal de Santa Úrsula y Pueblo de Santa Úrsula Coapa, inmobiliarias y propietarios han reajustado precios.
Vecinos consultados coinciden en que, desde mediados del año pasado, los alquileres subieron entre 20 y 40 por ciento en calles cercanas a ejes viales y accesos al estadio.
En departamentos pequeños, la renta mensual que rondaba los 10 mil pesos ahora se anuncia en 15 mil o más; en casas con uso mixto —habitación y comercio— los incrementos son mayores.
Roberto lo vivió con su hija. “Le avisaron que al renovar contrato serían tres mil pesos más, sin mejoras. ‘Es la zona’, le dijeron”.
La familia buscó alternativas dentro de Coyoacán, pero encontró precios similares. Optaron por apretarse y negociar plazos. No todos pueden.
Jóvenes, adultos mayores con pensión fija y comerciantes pequeños son los más vulnerables a la presión del mercado.Especialistas urbanos señalan que la expectativa de eventos masivos y obras de modernización suele anticiparse en los precios.
La lógica es simple, mayor afluencia implica mayor demanda. El riesgo, advierten, es el desplazamiento gradual de población histórica.
“No es un desalojo formal; es una expulsión por precio”, apunta Ana Luisa Domínguez, una académica de planeación urbana.
Guillermo Bernal, urbanista y fundador de Placemaking México, también ha señalado que en proyectos como los vinculados al Mundial y al Estadio Banorte “el gasto más importante está en la comunidad, en escuchar a los vecinos y que las mejoras respondan también a sus necesidades, no sólo a la de los turistas”.
Con ello subraya que la planificación urbana va más allá de infraestructura visible y debe considerar la cotidianidad de quienes viven en el entorno, como la movilidad, el espacio público y la inclusión de actores locales en la toma de decisiones.
Comercio informal
El comercio en vía pública ha sido parte del paisaje en días de partido: tacos, banderas, camisetas. En semanas recientes, operativos de reordenamiento han retirado puestos en calles clave y reubicado a vendedores en corredores definidos. Para las autoridades, la medida busca liberar banquetas, garantizar seguridad y mejorar la movilidad. Para los comerciantes, el cambio reduce ventas.
María, vendedora de antojitos desde hace 15 años, fue trasladada dos calles más lejos. “Aquí no pasa la gente que va directo al estadio”, dice. Sus ingresos, calcula, cayeron casi a la mitad. Algunos aceptaron permisos temporales; otros quedaron fuera. El reordenamiento también impactó a tiendas establecidas que dependían del flujo peatonal espontáneo.
Roberto observa el contraste desde su ventana. “Antes había ruido y fiesta; ahora hay vallas y policías. Se ve más ‘ordenado’, pero menos vivo”. La tensión entre orden urbano y economía popular atraviesa la conversación vecinal. Organizaciones barriales piden reglas claras, padrones transparentes y alternativas reales para quienes quedaron sin espacio.
Calles cerradas, desvíos y la rutina trastocada
Las restricciones viales son el reclamo más inmediato. Cierres parciales, carriles confinados y cambios de sentido han alterado rutas cotidianas hacia escuelas, mercados y centros de trabajo. En horas pico, el tiempo de traslado se duplicó para algunos residentes. Ambulancias y transporte público enfrentan desvíos que no siempre están bien señalizados.
“Para ir al médico ahora tengo que salir media hora antes”, cuenta Roberto. “Y si hay evento en un espacio cercano, mejor no sacar el coche”.
Vecinos reportan que la comunicación oficial sobre cierres es intermitente y que los dispositivos de tránsito varían según el día. La demanda común: calendarios claros, señalización anticipada y pasos vecinales garantizados.
Promesa económica y dudas
Según Daniel Zaga Szenker, economista en jefe de Deloitte para Latinoamérica, el impacto económico del Copa Mundial de Fútbol 2026 en México generará más de 2,730 millones de dólares en derrama económica directa durante los meses de junio y julio de 2026, así como 100,000 empleos directos e indirectos, resultado del turismo, consumo, servicios y actividades vinculadas al torneo.
Este monto representa aproximadamente 0.14 % del PIB nacional, con un flujo estimado de más de 800,000 visitantes —550,000 nacionales y 280,000 extranjeros— que impactarán directamente en sectores como hotelería, restaurantes, transporte y comercio formal e informal.
La expectativa de derrama económica está presente. Hoteles, restaurantes y servicios prevén mayor ocupación; algunos vecinos ya ofrecen estacionamiento o renta por día. En calles aledañas, aparecen cafés nuevos y remodelaciones. “Hay quien sí está ganando”, reconoce Roberto, “pero no todos”.
Economistas locales consultados por este periódico estiman que los grandes eventos generan empleo temporal y consumo, pero advierten que la distribución es desigual. Sin políticas de mitigación, los beneficios se concentran y los costos —ruido, congestión, encarecimiento— se socializan. Programas de apoyo a residentes, topes a incrementos abusivos y mesas de diálogo podrían equilibrar la balanza.
Al caer la tarde, Roberto vuelve a la frase con la que empezó: quedarse.
“No estamos en contra del estadio ni de los eventos. Queremos que el progreso también nos considere”.