
La relación entre Estados Unidos y Venezuela se encuentra en un punto crítico tras una serie de movimientos políticos y energéticos que han captado la atención internacional. Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses a principios de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto el foco en el sector petrolero venezolano, uno de los más grandes del mundo, como parte central de su estrategia política y económica en la región.
A través de su red social de Social Truth, Trump confirmó que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, lo cual cambia la narrativa de las relaciones entre ambos países. El mandatario aseguró que este crudo se venderá al precio de mercado y que los ingresos serían administrados con la intención de “beneficiar tanto al pueblo venezolano como al estadounidense”. En este sentido, Trump instruyó al secretario de Energía, Chris Wright, poner en cuento antes dicha estrategia.
Este anuncio llega en medio de conversaciones entre Caracas y Washington sobre la posibilidad de redirigir las exportaciones venezolanas de petróleo hacia refinerías en Estados Unidos, un movimiento que podría así sacar cargas originalmente destinadas a China, el principal cliente histórico del crudo venezolano.
En este sentido, la estrategia del mandatario estadounidense se basa en una política de integración de las compañías estadounidenses en futuros contratos y explorar mecanismos como subastas o licencias de exportación.
Siguiendo esta línea estratégica, la administración Trump ha programado reuniones con ejecutivos de grandes petroleras estadounidenses para evaluar cómo aumentar la producción y reactivar la industria petrolera venezolana, que ha sufrido un colapso en los últimos años por falta de inversión y sanciones económicas.
Entre algunas de las empresas contempladas por el mandatario estadounidense se encuentran Exxon Mobil, Chevron y ConocoPhillips. Sin embargo, estas no han confirmado aún su participación, pero la Casa Blanca ha expresado su interés en que estas corporaciones lideren la reconstrucción del sector.
Cabe señalar que, durante años, Venezuela ha dependido en gran medida de China como su principal comprador de crudo, una relación que se ha fortalecido desde que Estados Unidos impuso sanciones a Caracas en 2020. La posible redistribución de esas cargas hacia el mercado estadounidense representa una transformación significativa en el comercio global de petróleo.