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Putin se convenció de que invadir Ucrania iba a ser un paseo militar. Cuatro años después su capricho expansionista ha costado 1.2 millones de víctimas rusas

El trágico error de cálculo de Putin: la guerra de Ucrania que debía durar 4 días cumple 4 años

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Aniversario Paisaje apocalíptico tras una batalla entre los invasores rusos y la resistencia ucraniana

En algún momento de la madrugada del 24 de febrero de 2022, Vladimir Putin ordenó la invasión de Ucrania. Entre la guerra y la paz, el presidente ruso escogió la guerra, y no lo hizo porque su país estuviese en riesgo o amenazado por las tropas de Kiev —como aseguró cuando denunció, denunciando que ocurriría si el país se integraba en la OTAN—, sino que lo hizo por pura ambición expansionista, por su deseo de reconstruir el imperio ruso perdido, por las buenas o por las malas.

Putin confió en que la invasión de Ucrania —la joya de la corona de la extinta URSS, después de Rusia— iba a ser un paseo militar sin que ninguna potencia occidental protestara, como ocurrió tras la invasión de Crimea, arrebatada sin dar un solo tiro a Ucrania en 2004, o cuando ayudó a los rebeldes prorrusos de Osetia del Sur y Abjasia a proclamarse repúblicas independientes de Georgia (2008), o cuando aplastó a los separatistas chechenos, en 2000.

La censura y la opacidad del Kremlin —ni siquiera es capaz de llamar guerra a la guerra de Ucrania, sino “operación especial”— impide conocer los días previos a la decisión de Putin de invadir Ucrania, pero fuentes cercanas coinciden en que, o bien por ignorancia por miedo a llevarle la contraria al exagente del KGB de mirada zorruna, los altos mandos militares decidieron que valía la pena ir a la guerra porque iba a durar tan poco —entre cuatro y diez días—, que las tropas leales a Kiev y Occidente no tendrían tiempo a responder y acabaría resignándose a la política de hechos consumados: la rendición del gobierno “neonazi” de Volodimir Putin y la anulación de las sanciones internacionales, a cambio de enviar a Zelenski y sus compinches al exilio y no fusilarlos.

Pero no solo ocurrió este gravísimo error de cálculo; hubo otros factores que no lo tuvieron en cuenta los estrategas del Kremlin.

El primero y más obvio es el tamaño de Ucrania, el segundo país más grande de Europa, después de la propia Rusia, lo que hace muy difícil una invasión territorial con maquinaria pesada, como tanques, objetivos fáciles para los drones armados con explosivos teledirigidos.

Otro error fue sobrevalorar la capacidad del Ejército ruso y, sobre todo, infravalorar la capacidad de resistencia del Ejército ucraniano, muy inferior en soldados y maquinaria de guerra.

Asimismo, Putin creyó erróneamente que el pueblo ucraniano se siente en realidad parte de la Madre Rusia, obviando que si el este del país es de habla mayoritariamente rusa fue porque Stalin envió a cientos de miles de familias rusas para que explotaran las ricas cuencas mineras, o que el mismo líder soviético fue el causante del “Holodomor”, la colectivización forzosa de la tierra ucraniana y el expolio de las cosechas, matando de hambre a entre seis y siete millones de ucranianos en apenas dos años (1923-33).

Pero los ucranianos no necesitan irse tan lejos para echar por tierra cualquier ilusión de Putin de que los ucranianos vayan a aceptar alegremente volver a orbitar en torno a Moscú.

“¿Por qué nos hacen esto?”

Más de 1,450 días después de que Putin ordenara la invasión de Ucrania, la sociedad ucraniana se sigue haciendo la misma pregunta llena de amargura y rabia: ¿Por qué los rusos dicen que son nuestros hermanos y nos hacen esto? ¿Por qué disparan contra hospitales y entran en las casa a torturar, violar y matar familias enteras? ¿Qué daño les hicimos para justificar una guerra y tanta destrucción?

En la retina de todos los ucranianos quedaron grabadas fotografías de civiles maniatados y ejecutados a sangre fría por soldados rusos durante la masacre de Bucha de abril de 2022, imágenes que estremecieron en toda Europa porque trasladaron a los tiempos del horror nazi, hace más de siete décadas.

Pesa también fomentó este odio a los rusos uno de los crímenes más aberrantes e inhumanos: el secuestro de niños ucranianos y su traslado forzoso a Rusia, para hundir la moral de los civiles.

Putin, criminal de guerra

El 17 de marzo de 2023, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden internacional de arresto contra Putin, siendo la primera vez que el tribunal de La Haya dicta una orden de arresto contra el líder de un país miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Se le acusa de crímenes de guerra, específicamente por la deportación y traslado ilegal de niños desde territorios ocupados de Ucrania hacia Rusia.

Por todo esto, el daño que ha infligido Putin a los ucranianos en cuatro años (y lo que quedan por delante) podría tardar generaciones de ucranianos, si es que el daño no es ya permanente.

“No vamos a dejar de luchar”

Según testimonios recogidos por CNN, la mayoría de los ucranianos no ve posible un acuerdo entre Kiev y Moscú por un motivo, pese a la aplastante superioridad militar rusa: “Es imposible perdonar a Rusia. No vamos a dejar de luchar, es imposible”, asegura Oleksandr Boradochencko, de 72 años, cuyo único hijo, Oleksii, murió en el frente de batalla del Donetsk, la región oriental que se anexionó el Kremlin ilegalmente.

Pocos ucranios, apenas el 17.7%, creen que la guerra vaya a acabar este año, según una encuesta del centro de análisis Razumkov y el Kyiv Security Forum; y mucho menos esta primavera, como insiste el presidente estadounidense, Donald Trump, el mismo que humilló en la Casa Blanca a Zelenski por no aceptar su plan de paz, que en la práctica era una capitulación de Kiev y la entrega a Moscú de un 20% del país, con la amenaza, además, de volver a invadir el país si el nuevo gobierno ucraniano se atrevía de nuevo a pedir su ingreso en la OTAN.

Este invierno ha sido el más duro de la guerra. Las temperaturas han permanecido durante semanas en el entorno de los -20ºC y Moscú ha aprovechado para dejar a la población sin luz ni calefacción con los bombardeos. Si quería romper la determinación de los ucranios, Putin se ha encontrado sin embargo con un ímpetu renovado. Según una encuesta del Kyiv International Institute of Sociology de la última semana de enero, el 65% están dispuestos a aguantar la guerra tanto tiempo como sea necesario. En diciembre y septiembre eran el 62%.

Además, el mismo estudio de Razumkov revela que tres de cada cuatro ucranios está convencido de que, si su Gobierno firma un acuerdo, Rusia lo vulnerará y volverá a atacar en cuanto lo estime conveniente, y lo hará por un razón siniestra: a Putin (como a Stalin) no le importa los miles de rusos que puedan morir en el campo de batalla, sino la victoria final, la gloria.

¿Cuánto ha perdido Rusia en 4 años?

Las últimas investigaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos, por ejemplo, estiman que hay casi 1.2 millones de rusos muertos y heridos desde que se lanzó la invasión a gran escala.

Ese terrible número de muertos –que, por supuesto, no incluye el asombroso número de muertos en Ucrania, que se cree que oscila entre 500,000 y 600,000 personas– es mayor que todas las bajas sufridas por “cualquier potencia importante en cualquier guerra desde la Segunda Guerra Mundial”, afirma el informe del CSIS.

Y finalmente el daño económico, estimado en más de 300 mil millones de dólares, sólo para sostener la maquinaria de guerra, sin contar con el daño de las sanciones internacionales.

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