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Las autoridades reportan 99 fallecidos, miles de hectáreas de cultivo destruidas y 8,500 familias que hoy sobreviven sin casa, sin tierras y sin alimentos.

En Afganistán, terremoto e inundaciones dejan casi cien muertos y 8 mil familias sin hogar

Terremoto e inundaciones en Afganistán
Terremoto e inundaciones en Afganistán

El último balance de la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres de Afganistán confirmó que, entre el 26 de marzo y el 5 de abril, la combinación de un terremoto de magnitud 5.8 y lluvias intensas dejó al menos 99 personas sin vida y desplazó a 8,500 familias en distintas regiones del país.

El desastre también arrasó cerca de un millar de viviendas y devastó miles de hectáreas de cultivo, un golpe directo para comunidades que dependen completamente de la tierra.

En Laghman, una de las provincias más afectadas, varias familias recuerdan que el agua comenzó a subir a medianoche.

Sus casas quedaron destruidas y muchos de ellos viven ahora en tiendas improvisadas junto al muro perimetral de otra propiedad, un espacio que tampoco es habitable porque la tierra sigue totalmente anegada.

No muy lejos de ahí, una familia de 12 integrantes, hoy sobreviven sin techo y expuestos a la intemperie donde si hace calor, los quema el sol; si llueve, se empapan, por lo que piden apoyo para conseguir un refugio y artículos básicos.

La mayoría de las muertes se registraron en la periferia de Kabul, donde predominan las construcciones de adobe que no resisten las lluvias torrenciales ni los deslaves.

De las víctimas confirmadas, las autoridades detallaron que 12 fallecieron por el sismo y las 87 restantes fueron consecuencia directa de las lluvias, las inundaciones y los deslizamientos que afectan a varias provincias desde finales de marzo.

En Afganistán no existen sistemas formales para identificar zonas propensas a inundaciones o deslizamientos ni normas de construcción que reduzcan riesgos. En muchas áreas rurales y montañosas, las casas se levantan sin planificación, lo que aumenta la vulnerabilidad ante desastres naturales.

A esta fragilidad se suma el deterioro de la infraestructura tras casi cinco décadas de conflicto, el estancamiento económico y el aislamiento internacional desde 2021, cuando el régimen talibán retomó el control del país. Todo esto limita la respuesta estatal en emergencias de gran escala.

El país ya venía arrastrando daños severos. El 31 de agosto de 2025, una cadena de sismos dejó más de 2,200 muertos y enormes zonas destruidas, que aún no han sido reconstruidas por completo. La nueva tragedia vuelve a exponer la falta de capacidad para enfrentar fenómenos que, cada año, golpean con más fuerza a la población.

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