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Macron ordena ahora revisar 70 mil denuncias de abuso infantil, mientras estalla la ira por el “fracaso masivo” del sistema judicial y policial

Indignación en Francia por el asesinato de una niña a manos de un violador reincidente

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Abusos sexuales contra menores El padre de Lyhanna (2i), el alcalde de Fleurance y familiares portan la pancarta en la que piden "nunca más", durante la manifestación el domingo contra la laxitud policial y judicial a la hora de investigar las denuncias de abuso sexual contra menores

Francia tiene un problema muy grave: la impunidad con la que actúan los depredadores sexuales.

Cuando todavía no se ha repuesto la sociedad francesa del caso Dominique Pelicot —el hombre que durante una década drogó a su esposa Gisèle para violarla y ofrecerla a decenas de desconocidos, mientras él grababa las violaciones—, un nuevo escándalo ha estallado tras conocerse la violación y el asesinato de una niña de 11 años a manos del padre de una amiga de la menor, que resultó ser un violador reincidente, con denuncias que no fueron atendidas por la policía.

La última vez que Lyhanna fue vista con vida fue el pasado 29 de mayo, cuando se subió a un coche a la salida de su colegio en Fleurance (sur de Francia) que no era el de sus padres. Días después se supo que quien la recogió fue Jérôme Barella, de 41 años, el padre de una amiga de la víctima, quien comentó que planeaban una pijamada en su casa; este pudo ser el móvil que la atrajo a una trampa mortal.

Después de días de angustia de los padres y de intensa búsqueda, el cuerpo de Lyhanna, con signos de haber sido violada, fue encontrado en un silo de grano abandonado en una granja a 15 kilómetros de Fleurance, lugar donde Barella había trabajado anteriormente.

La noticia sobre la brutal muerte de la niña causó conmoción, pero nada comparable al impacto nacional que se transformó en ira ciudadana cuando se supo que el detenido por el crimen, cuyo ADN apareció en el cuerpo de la niña, era un violador reincidente que nunca fue investigado ni pisó la cárcel, debido a años de negligencia policial y a un código penal francés demasiado laxo con los depredadores sexuales.

Cinco denuncias archivadas

Barella acumulaba al menos cinco denuncias por abusos sexuales a menores, la mayoría de las cuales fueron archivadas o no investigadas a tiempo.

La primera es de 2017 por mantener relaciones con una adolescente de 17 años. La Fiscalía consideró que, pese a no ser mayor de edad, la relación era “consentida” y no constituía un delito penal.

En 2021, Barella fue despedido de su trabajo como agente de mantenimiento en un liceo de la localidad de Gers por “comportamiento inapropiado hacia una alumna”. La denuncia fue archivada.

En 2022, Barella fue denunciado por la violación de una menor, pero, pese a la gravedad del caso, la denuncia se archivó dos años más tarde, debido a que las pericias médico-legales y psicológicas no lograron “corroborar suficientemente” las declaraciones de la víctima.

En agosto de 2025, una madre denunció que su hija de 11 años había sido violada en el domicilio del agresor reincidente. Nueve meses después, cuando ocurrió el secuestro, violación y asesinato de Lyhanna, la policía aún no había emitido una orden de arresto preventivo contra Barella. Cuando la madre insistió y declaró “mi vida ha sido destruida, la vida de mi hija ha sido destruida”, la policía respondió que la investigación “seguía su curso”.

Barella todavía tuvo tiempo incluso de realizar tocamientos a una menor del Sistema de Ayuda a la Infancia (ASE), por lo que acumuló una nueva denuncia en febrero de 2026, que tampoco motivó un interrogatorio y una orden de arresto por reincidencia.

Finalmente, los padres de Lyhanna cortaron relaciones con Barella a principios de este año, tras revelarles su hija que el padre de su amiga le había hecho “cosquillas” en el sofá. Poco después descubrieron que llevaba a escondidas el lonche a la niña a la salida del colegio. No lo denunciaron, pero tampoco habría servido de mucho, dada la cadena de errores y negligencia policial.

De haberse alertado la peligrosidad del pederasta desde la primera denuncia por violación de una menor, y derivado en un juicio penal, probablemente la adolescente francesa estaría viva y no sería noticia.

“Lyhanna, perdón por lo que viviste”

Unas seis mil personas —la totalidad de los habitantes de Fleurance— salieron el domingo a la calle para arropar a la familia de Lyhanna, destrozada por la tragedia.

“Lyhanna, perdón, perdón por lo que viviste”, manifestaron los padres de la niña asesinada en un mensaje leído por una tía de la menor, que es un aviso desgarrador al Estado francés por décadas de negligencia ante los casos de abusos sexuales, como en pocos lugares de Europa.

Llueve sobre mojado

En 2004, el FBI alertó a las autoridades francesas de que el cirujano digestivo Joël Lescouarnec, de 74 años, estaba utilizando su tarjeta de crédito para acceder y descargar material de abuso sexual infantil en la dark web. En 2005 fue condenado por posesión de material de abuso infantil, pero, de manera incomprensible, no se le prohibió trabajar con menores, por lo que el médico pederasta siguió abusando de niños bajo anestesia otros 16 años más, hasta que en 2020 se atrevió a abusar de dos de sus sobrinas, que lo denunciaron y fue condenado a 15 años de cárcel.

Fue entonces cuando salió a la luz el horror de su caso y la pasividad policial, luego de confesar que había abusado sexualmente de 299 pacientes entre 1989 y 2017 (cuando se jubiló), de los que 256 eran menores de 15 años. Finalmente, fue condenado a 20 años de cárcel, la pena máxima de prisión en Francia.

Pero si hay un caso que impactó por lo inaudito del crimen y su duración, ese fue el de Dominique Pelicot, que fue revelado al mundo gracias a que la víctima decidió que el agresor cargara con la vergüenza y no la víctima.

En 1999, Pelicot cometió una tentativa de violación contra una agente inmobiliaria de 18 años y se le tomaron muestras de su ADN. En 2010, Pelicot fue detenido por filmar bajo las faldas de mujeres en un supermercado. La policía le tomó una muestra de ADN y ese mismo año comprobó que coincidía con el de la tentativa de violación. El informe fue enviado a un tribunal que traspapeló la carta, por lo que nunca fue detenido.

La consecuencia fue trágica: en 2011 comenzó a drogar a su esposa para violarla y para que la violaran otros (mediante un anuncio en una web encriptada usada por depredadores sexuales) durante 12 años, hasta que fue descubierto por casualidad. Pelicot volvió a ser descubierto mientras filmaba por debajo de las faldas en un supermercado, pero solo fue amonestado, hasta que una de las mujeres grabadas decidió denunciarlo. El resto es historia.

Revisión urgente de 70,000 denuncias

Avergonzado por este nuevo escándalo, el presidente francés, Emmanuel Macron, pidió al ministro de Justicia, Gérald Darmanin, que se haga una revisión exhaustiva y urgente de todas las denuncias que involucren delitos contra menores, aproximadamente 70,000 expedientes, antes del 14 de julio.

“No me iré de vacaciones y ningún alto magistrado lo hará hasta que no reciba, uno por uno, a los fiscales generales para evaluar la situación”, declaró Darmanin, tras reconocer “graves fallas” en el caso Lyhanna y amenazar incluso con la revocación de magistrados si se considera necesario.

Pero fue el alcalde de Fleurance, Gregory Bobbato, quien puso el dedo en la llaga: “Lyhanna es el último acto de una tragedia que se desarrolla desde hace demasiado tiempo: la de negar la palabra de los niños, cuando debería merecer toda nuestra atención, como otros países europeos saben hacerlo desde hace años”.

“Nunca más los niños víctimas deben encontrarse con una acumulación de denuncias archivadas por falta de pruebas suficientes. Nunca más los niños deben ser presas que se acumulan para depredadores que merodean con total impunidad. Nunca más debemos guardar silencio. Que la vergüenza cambie de bando”, remató el alcalde.

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