
El presidente Donald Trump sigue empeñado en construir un muro fronterizo, como prometió en la campaña para su primer mandato, hace más de una década, con mediocre resultado.
Este martes, el comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EU (CBP), Rodney Scott, informó que el proyecto “Tucson 5” se ha vuelto a poner en marcha, lo que supondrá, de concluirse, la construcción de 100 kilómetros de muro entre Arizona y México, a pesar de las protestas de la Nación Tohono O’odham (Gente del Desierto), que se opone a la obra porque atraviesa una zona sagrada y los separaría de sus hermanos del pueblo Papago del norte de Sonora.
“Esta iniciativa cerrará uno de los corredores de contrabando y tráfico más peligrosos de la frontera suroeste: una zona desértica remota que durante décadas ha facilitado el trasiego de drogas, la muerte de migrantes y las actividades de los carteles”, ahondó Scott en un comunicado.
El anuncio se dio después de que un juez federal en California denegara la solicitud de la Nación Tohono O’odham para bloquear temporalmente la construcción del muro fronterizo a lo largo de su reserva en el sur de Arizona.
En su fallo, el juez dictaminó que la tribu no ha demostrado que la construcción reduciría ilegalmente su reserva o constituiría una invasión federal como argumentan en la demanda presentada en junio pasado.
Desprecio a las naciones nativas
Tras el anuncio del funcionario de Donald Trump, la congresista demócrata Adelita Grijalva, apoyada por otros tres representantes a la Cámara de Representantes, instó a los departamentos de Seguridad Nacional (DHS) e Interior (DOI) a suspender de inmediato la construcción hasta que el gobierno federal haya realizado una consulta significativa con la Nación Tohono O’odham.
“Nos preocupa enormemente que el gobierno federal no haya llevado a cabo una consulta significativa con las naciones tribales sobre proyectos que podrían afectar sitios sagrados, recursos culturales y territorios ancestrales”, escribieron los legisladores en su petición.
La carta también plantea inquietudes sobre el uso de fondos de los contribuyentes en barreras fronterizas secundarias e insta al DHS a adoptar enfoques más eficaces y rentables para la seguridad fronteriza, incluida la modernización y el fortalecimiento de los puertos de entrada.
Un muro parcheado
Antes de Trump, la frontera EU-México, que mide 3,145 kilómetros, tenía unos 1,050 km de muro, lo que representa el 33% del total.
En el primer gobierno de Trump (2017-2021) se reforzaron unos 644 kilómetros de muro ya construido y apenas se levantaron 75 kilómetros de estructura nueva en zonas donde antes no existía ninguna barrera.
En el segundo gobierno de Trump, que empezó en enero de 2025, el gobierno republicano reanudó formalmente la construcción del muro fronterizo mediante decretos ejecutivos de emergencia y una reasignación presupuestaria masiva para el proyecto denominado “Smart Wall” (muro inteligente).
Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), se han completado alrededor de 96 kilómetros de muro nuevo y se han reformado otros 194 kilómetros, incluidos 41 kilómetros de boyas y vallas fluviales en el Río Bravo.
En fase de construcción hay unos 480 km adicionales, por lo que las autoridades del CBP y del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) estiman completar el muro a lo largo de toda la frontera en 2027.