
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, transformó este martes su intervención ante la Asamblea General de la ONU en una plataforma con tono electoral, en la que pronunció un discurso cruzado de principio a fin por las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre.
En su décima participación, y la última de su actual mandato, Lula eligió realizar un balance de gestión, con un tono marcadamente soberanista, y remarcó que “aún hay mucho por hacer”.
El líder brasileño, que se definió a sí mismo como “un obrero elegido tres veces presidente”, delimitó los comicios de octubre a una elección entre “democracia y negacionismo” y entre “un futuro de mayores oportunidades” y “un pasado de exclusión”, en referencia a su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro, primogénito de su antecesor, el ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022).
Lula, que va tras su cuarto mandato no consecutivo, alzó una fuerte defensa al sistema electoral “moderno y robusto” del país y a la “transparencia” del proceso electoral brasileño, en el que afirmó que los candidatos gozan de una “amplia libertad de expresión”.
No obstante, en el atril ante los jefes de Estado, afirmó que no permitirá “que los enemigos de la democracia”, sean internos o externos, “atenten contra la voluntad popular” mediante campañas de desinformación.
“La democracia brasileña pertenece a los brasileños. Brasil continuará siendo un país soberano. Nadie, nadie nos alejará de ese camino”, expresó.
Seguridad y crimen organizado
Uno de los ejes que abordo en la Asamblea de las Naciones Unidas: la seguridad pública, una problemática que se ha instalado a la cabeza de las principales preocupaciones de la ciudadanía en los sondeos de opinión.
Lula aseguró que su Gobierno está preparado para combatir el crimen organizado en “todos los escalones, incluso los magnates del crimen”, y ligó esto último al combate a la corrupción, ya que considera que crimen organizado y corrupción “caminan juntos”.
“El combate a la corrupción continuará implacable, le duela a quien le duela”, manifestó.
Además, aprovechó el palco internacional para destacar operativos policiales que resultaron en incautaciones “récord” de drogas y bienes ilícitos.
Por otra parte, defendió los pilares del programa económico de su administración, el cual aseguró que “se asienta en la distribución del ingreso, la generación de empleo y la valorización del salario”.
En un claro guiño al electorado trabajador, Lula situó la reforma de la jornada laboral en el centro del debate, ya que “el trabajador necesita tiempo para descansar, cualificarse y convivir con la familia”.
En ese sentido, remarcó que en Brasil la concreción de ese objetivo pasa por la reducción de la jornada laboral “para garantizar al trabajador dos días libres por semana”, un ajuste que enmarcó además como clave para aliviar la “sobrecarga de las tareas domésticas que aún recae sobre las mujeres”.
Tras ser aprobada por la Cámara de Diputados en mayo, la propuesta de reducir de la semana de trabajo de seis a cinco días, espera ser debatida, en una fecha aún por determinar, en el pleno del Senado, donde necesitará el apoyo de dos tercios de los legisladores.