
El ambiente festivo para conmemorar el Aniversario de la Independencia en nuestro país, podría convertirse en un catalizador del hambre emocional, ante la alegría de la reunión con amigos o familiares, y ante lo grato del encuentro, se puede comer más que por verdadera hambre fisiológica, por esas emociones placenteras.
La doctora Carmen Celeste Rosas, gerente médico de Obesidad en Merck México, explicó que el sólo hecho de celebrar algo, genera en las personas emociones placenteras “y para algunas personas, puede aumentar el deseo de continuar comiendo.
“En esos momentos, -añadió-, no siempre comemos por hambre real, sino también por el placer de compartir y prolongar esa experiencia significativa”.
En este sentido, resaltó que poder identificar esas sensaciones a tiempo, permite tomar decisiones con mayor conciencia y sin culpa, a fin de minimizar el impacto a la salud de las personas.
Cocinar, como recompensa para sentirse mejor
En este sentido, destacó que uno de los múltiples factores que contribuyen a la prevalencia de la obesidad en el país, tiene que ver con los hábitos de consumo, y es que hasta un 18% de los mexicanos cocina como un “apapacho” o “recompensa” para sentirse mejor, lo que puede convertir al banquete patrio en una vía para gestionar nuestras emociones.
Compartir platillos típicos con familiares y amigos no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma, por el gusto de estar en compañía de seres queridos, lo que puede llevar a las personas sin darse cuenta, comer de más, por un placer emocional, más que por verdadera hambre fisiológica, por esa conexión emocional y la necesidad de prolongar esa sensación de felicidad.
La doctora Celeste Rosas, añadió que el hambre emocional, no se refiere a comer en respuesta a emociones como: estrés, ansiedad, tristeza, aburrimiento, celebración, aun cuando no exista hambre física, sino también por la presión por organizar las reuniones o la ansiedad social por convivir y ser parte del ambiente festivo, así como la alta palatabilidad de nuestros platillos tradicionales, pueden detonar ese impulso.
Sostuvo que no es necesario privarse de los deliciosos platillos, sino poder identificar “si el impulso de comer es hambre física, o por estrés acumulado o del simple deseo de pertenecer: es el primer paso para disfrutar de nuestras tradiciones de forma libre, consciente y saludable”.
Reconocer el papel de los factores socioculturales en el desarrollo de esta condición permite a los especialistas diseñar estrategias de acompañamiento más empáticas, realistas y sostenibles a largo plazo, indicó.