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Acompañan con fe a La Generala, pero cuidándose las espaldas, por la inseguridad

Devoción. Miles de policías vigilaron el traslado de la Virgen de Zapopan en el regreso a su casa. Dos personas recorrieron el trayecto descalzos porque “tenemos un problemita y esperamos que nos eche la mano”

(La Crónica de Hoy)

Otro año más y la Virgen de Zapopan retornó a su hogar acompañada por más de un millón de personas que pasaron la noche en vigilia, orando, esperando el momento para escoltarla en su regreso; unos movidos por la fe, otros por la costumbre heredada por su familia que la acompañan desde hace décadas, y un tanto más obligados para pagar los favores recibidos de La Generala; pero juntos recorrieron esa vía.

Ese trayecto obligado e improvisado ante las obras de construcción de la Línea 3 del Tren Ligero quizá sea la última vez que ande por esta ruta, pero lo que es seguro es que no será la última vez que salga a recorrer las calles de Guadalajara.

Guadalajara es una ciudad de contrastes. En un evento religioso de gran magnitud como la Romería, es de esperarse que la fe y buena voluntad de los peregrinos sea el común denominador, la sociedad tapatía y los gobiernos de la ciudad no bajan la guardia: las autoridades desconfían de los ciudadanos por lo que imponen Ley Seca en los alrededores de la ruta de la “Virgen Peregrina”, y las familias caminan volteando a sus espaldas, cuidando sus pertenencias para que no sean robadas por un alma descarriada; afortunadamente es lo menos durante la procesión, pero la inseguridad se ha convertido en un fantasma que ronda por las calles de la ciudad.

La ciudad y su primer cuadro estuvieron abarrotados, además de peregrinos, por miles de agentes de seguridad, un par de helicópteros y los vendedores ambulantes. En conjunto crearon una armonía de ruidos (aunque cada palabra signifique lo contrario, por una noche hicieron tregua para dar sentido) por lo que fue inevitable bajar de los 64 decibeles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para garantizar un descanso justo, pero por una noche esa justicia se permite para desbordar el amor a una imagen venerada, como es la “Patrona”.

La Patrona inició su recorrido cerca de las 6:00 horas, junto a ella dos personas que depositaron su fe y confianza en ella para que intercediera para ayudarles con un problemita del que aún no se ha resuelto, pero para granjear un poco más su bendición, decidieron recorrer el camino descalzos este año Juan Antonio Cervantes y Adriana Yamilé Ruíz.

“Tenemos un problemita y esperamos que nos eche la mano, primero Dios – se  persigna Juan Antonio al recordar la petición – y la Virgen, salimos adelante. Hay veces que uno solo no puede. De nuestra parte ya hicimos lo que se puede, por eso pedimos una manita de más arriba”, explica Juan Antonio mientras recorre la avenida Vallarta descalzo y renqueando un poco por el roce del pavimento en su pies descalzos.

“No (es un problema de salud), es más bien económico; pero mejor así, nomás mi familia, Dios y la Virgen lo sabemos”, agrega el descalzo peregrino, que le ganó el paso a “La Generala” para estar presente en su arribo a la Basílica de Zapopan.

Al filo del medio día, la Basílica de Zapopan recibió a cientos de miles de creyentes antes y una vez concluida la Romería. Un desfile de personas hincadas, descalzas, con tenis, zapatos, en sotana, penachos, guitarras en mano, volvió a repetir la estampa de una celebración que reúne a más de un millón de personas, quienes le agradecen en principio el permiso de la vida para ser sus escoltas por otro año más.

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