
Las hijas de Abril ganó en la más reciente edición el Premio del Jurado de la sección Una Cierta Mirada, del Festival de Cannes, en su más reciente edición. Se trata de una película que convirtió a Michel Franco en el director mexicano más laureado en el certamen fílmico más importante del mundo con una historia que reflexiona en torno al mundo femenino.
Sobre todo se centra en la maternidad y hace de Emma Suárez una mujer que representa a la maternidad desde una imagen que no tiene que ver con la figura comprensiva, amorosa y entrañable, sino desde una figura que llega a convertirla en una villana y que le dio a la actriz española uno de sus papeles más celebrados de su carrera, cuyos elogios apenas comienzan.
La película aborda la historia de Valeria, quien tiene 17 años y está embarazada. Vive en Puerto Vallarta con Clara (Joanna Larequi), su media hermana. Valeria no ha querido que Abril (Emma Suárez) –la madre que lleva mucho tiempo ausente– se entere del embarazo. Sin embargo Clara, ante la presión económica y las responsabilidades que implica tener un bebé en casa, decide llamarla. Abril llega con disposición de ayudar a sus hijas, pero pronto entenderemos por qué Valeria prefería mantenerla lejos.
Lo que pasa en torno a esa madre malvada tiene mayor impacto en los espectadores por los personajes que padecen el carácter de esa mujer. La actriz Joanna Larequi, quien interpreta a Clara en el filme, compartió con Crónica algunos detalles de este filme que ha pasado a la historia de la cinematografía mexicana.
“Es la historia de dos hermanas que viven en Vallarta, la más chica está embarazada y la más grande, que es mi personaje, se llama Clara. A ella le pesa la carga económica y emotiva del nuevo embarazo por lo que decide llamar a su mamá quien ha estado ausente durante mucho tiempo, para que venga a ayudar”, comentó.
“El papel de mi mamá es el de Abril, interpretado por Emma Suárez. En la película se muestra todo sobre la relación de estas dos hijas con una figura ausente de madre y como les afecta el trato que tiene con ellas, a tal grado que todo el tiempo se muestran muy afectadas por las cuestiones emocionales (…) Mi personaje está tan marcado que padece de depresión y ahora tiene que volver a vivir la relación con su madre que manipula todas las situaciones. Abril se pone al frente de toda la situación del embarazo”, agregó.
Si bien es cierto, que el cine de Michel Franco, que alcanzó la aceptación mundial con Después de Lucía (2012), sobre el bullying, y que se consolidó con Chronic (2015), ambos laureados en Cannes, es con Las hijas de Abril que profundiza por primera vez en el tema de la feminidad y algunos temas más que rodean a todo el mundo de la mujer en diferentes facetas:
“Uno de los temas más importantes es la maternidad como una situación compleja en la que podemos enjuiciar al personaje de Abril, pero que sabemos que a nadie le enseñan cómo ser una mamá. Siempre hay un choque con las hijas. Una de las cosas que me quedan claras es que la maternidad te define como ser humano, tanto para quien es mamá como quien es hijo. Nadie podemos negar que nuestras mamás nos digan quiénes somos y cómo estamos parados en el mundo. Puede que nuestros papás también pero sobre todo ellas. Una mamá te nombra, te cría y te da herramientas para que decidas lo que es bueno o no para ti y pasa que la relación con la mamá es el modelo para la relación que tendremos con la sociedad”, dijo la actriz.
“Otro tema importante es que no queremos soltar la juventud. Se dificulta que el paso del tiempo sea muy rápido y hay veces que quieres seguir divirtiéndote como una niña pero la misma sociedad te dice que ya no deberías. Es sobre este complejo de Peter Pan (…) Y otro tema importante es la reflexión en torno a porque las condiciones se dan para que haya una hija en depresión y nadie le haga caso y otra hija embarazada. En esta película hay cuatro visiones de los personajes que hacen que haya una gran cantidad de temas para hablar”, agregó.
Para Joanna Larequi, interpretar a Clara en este filme, fue un proceso muy complejo que la llevó a reflexionar en las personas que padecen de depresión crónica y que, sin embargo, viven su día a día sin demostrarlo del todo: “Cuando me llegó el papel había indicios en el guion de un personaje que vivía una depresión mayor, pero analizando todo mi personaje, yo soy muy metódica para enfrentarlos y hago procesos de análisis de lo más general a lo particular, es decir desde la historia hasta palabra por palabra. Eso me llevó a entender lo que sucedía con una chica que tiene una depresión crónica, investigué más sobre el tema y como viven, sobre lo que pasan”, comentó.
“Todos estamos expuestos a vivir momentos de tristeza pero pocos llegan a padecer una profunda depresión. Cuando ya se empieza a vivir un momento de sufrir la enfermedad mental y no a verla como algunos piensan de un momento catártico que te ayuda a crecer, me di cuenta que son personas que están muy aisladas, todo lo que les pasa hace que se vean muy cansados. No tienen impulsos ni vitalidad ni nada. Tienen algunos días buenos pero no se comparan con los de cualquier persona, sino que son días en los que tienen el ánimo de trabajar y desayunar, se ríen de una u otra cosa pero en realidad no sienten satisfacción”, añadió.
Finalmente, la actriz celebró que en la actualidad el cine mexicano es tan diverso sus temas y rico en la calidad de sus producciones que cada vez hay más personajes interesantes: “En lo personal, una de las cosas que más me gustan es el hecho de contar historias, y que esas sean sobre lo humano, por eso tener un personaje con matices que no son solo grises o negros, esa complejidad hace que el espectador no sepa qué partido tomar”, dijo.
“Puede que no lo juzgue de una forma tan severa como con los personajes arquetipos, como el malo y el bueno de los melodramas. La complejidad hace a un personaje mucho más empático, como espectadores buscamos eso porque somos seres humanos y somos difíciles. Esos personajes en las películas mexicanas, que se abren más a lo articular, hacen más rico el cine”, concluyó.
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