Opinión

Venezuela libre y democrática

Un ciudadano venezolano ondea una bandera de su país junto a un niño
Venezuela Un ciudadano venezolano ondea una bandera de su país junto a un niño

El ataque contra Venezuela creó una conmoción internacional, pero en México han abundado las reacciones precipitadas y superficiales. Creo que no se trata sólo de juzgar moralmente lo ocurrido, hay que analizar los hechos en sus implicaciones globales para extraer lecciones de ellos. Los sucesos son gravísimos y sus consecuencias difíciles de estimar.

El antiguo esquema explicativo imperialismo-colonia bananera está agotado. El actual escenario político internacional es muy complejo y exhibe numerosos peligros potenciales; nuevas guerras entre naciones, guerras civiles, agudización de la polarización en el interior de las naciones, etc. Hay un amplio margen de incertidumbre en cualquier prospectiva que hagamos.

El centro de poder principal es la presidencia de los Estados Unidos pero su voluntad oscila permanentemente. No hay una línea de conducta coherente que permita predecir qué hará al día siguiente. “Estados Unidos se hará cargo del gobierno de Venezuela, dijo Donald Trump, mientras se define una transición razonable”. ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿De qué habla este señor? ¿Acaso Venezuela se convirtió, en virtud de un secuestro bien planeado, en una colonia de Estados Unidos?

La acción militar de Estados Unidos en Venezuela, por sofisticada que haya sido, no cambió el estatus de la nación venezolana. Pensarlo es un sofisma. Venezuela quedó, momentáneamente, “descabezada” pero lo que cambió decisivamente fueron los consensos internacionales y la correlación de fuerzas en el interior de esa nación. El “golpe” de EUA polarizó de inmediato la opinión de los líderes políticos de las naciones y suscitó reacciones emocionales en las masas populares de muchos países. Pero eso es todo.

Quienes nos oponemos a la nefanda --horrenda--, dictadura de Nicolás Maduro compartimos sinceramente un sentimiento de satisfacción con su derrocamiento. Pero nuestra emoción no cambiará el desarrollo de la historia. ¿Qué deseamos después de lo acontecido? Condenamos la acción arbitraria de Estados Unidos puesto que atropella la legalidad internacional (nunca podremos pasar por alto esto). No se trata de juzgar si la conducta de EUA ha sido “correcta” o “buena”, “mala” o “repulsiva”, ni tampoco se pretende que surja un orden internacional subordinado a la voluntad de esa nación. No, lo que si deseamos es que esta crisis derive en mayores ventajas o en un mayor consenso a favor de la democracia en todas las naciones, incluyendo a Venezuela.

No podemos negar nuestra calificación negativa de la conducta de Estados Unidos en el atropello a Venezuela (independientemente de quien haya sido la persona derrocada del poder político) pero tampoco podemos rehusarnos a aceptar los hechos como hechos consumados. Maduro no es más el líder (impostado, o no) de Venezuela. Por el momento, en esa entidad no existe objetivamente un líder y el futuro nacional está por decidirse. Hay varias piezas sobre el tablero, no podemos anticiparnos a la resolución del enigma político venezolano.

Aquí, desde México, especulamos, pero también podemos expresar nuestros deseos. Y nosotros deseamos que sobre las ideas de izquierda radicales y sobre la derecha conservadora, se impongan los preceptos de la democracia. Queremos una Venezuela libre y democrática, de la misma manera que queremos un México libre y democrático. El ideal de la democracia y la libertad guía nuestra conducta, no defendemos las ideas prepotentes, soberbias, que guían la conducta del presidente de EUA ni tampoco estamos a favor de los comportamientos despóticos, absolutistas, populistas, del anterior líder de Venezuela.

Opinamos desde nuestra perspectiva, no queremos ser ingenuos, tratamos, no de dar una última palabra sino de dar un punto de vista reflexivo, racional, sobre los fenómenos de la historia que presenciamos. Venezuela es un episodio externo a México, pero es además una nación a la que nos unen lazos entrañables como la lengua, la música, la cultura, la historia, la latinidad y una idea, no siempre explícita, que es la libertad.

Creo que hay que reflexionar sobre la coyuntura internacional: la polarización entre EUA-China-Rusia; la guerra de Ucrania, la inestabilidad de Medio Oriente, la crisis de la democracia, el auge de los populismos y el resurgimiento de los partidos de la Nueva Derecha. El mundo tiende a polarizarse y un personaje que potencia la incertidumbre en el escenario mundial es el presidente Donald Trump.

La intervención de EUA en Venezuela repite en algunas líneas la invasión de Panamá de 1989, pero no sigue el mismo patrón. El actual conflicto se produce en circunstancia inéditas, ajenas a las relaciones políticas internacionales del pasado. El mundo se ha transformado, no se puede analizar el presente con los métodos del pasado y hacerlo sería un grave error.

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