
No se sabe si la Cuarta Transformación, como dicen del matrimonio ha llegado en su séptimo año a sentir la comezón de la inestabilidad, pero el proceso a Nicolás Maduro en la corte de Nueva York –un aliado ideológico, geopolítico y fraterno (al menos de López), coloca a un amigo de la 4.T en el mismo lugar donde por los mismos delitos (y algunos menos) procesaron a Genaro García Luna. Ese tribunal, simbólicamente, iguala algunos cartones con el pútrido neoliberalismo.
Felipe Calderón directamente responsable del nombramiento debería tener vergüenza. La IV-T tiene su reo, libremente escogido como aliado y amigo. Y tampoco.
Salto.
Una fotografía feliz: es el “Encuentro por una vecindad fraterna y con Bienestar (2023)”. Andrés López con Díaz Canel y Maduro. Obviamente la reunión tuvo otros participantes, entre ellos Gustavo Petro, sobre cuya testa hoy cuelga una espada y quien no aparece en esa imagen.
Una cosa es tener vecinos y otra llamarlos a la fraternidad y el bienestar o dormir con ellos en la misma cama, como habría dicho Winston Churchill.
Los asistentes a tan improductiva reunión de cuyas deliberaciones no quedó ni agua para las borrajas, tenía por objeto ofrecer una posición conjunta ante el fenómeno migratorio, lo cual implicaba –obviamente— una imposible presión conjunta a Estados Unidos ante la migración continental. Obvio. Nadie emigra a La Habana (excepto CSG, socio de Fidel). De entonces a la fecha siguen las barreras mexicanas y las repatriaciones, fenómenos ahora opacados por el narcotráfico.
La información de aquel encuentro, nada dice acerca de las cuestiones económicas y el suministro de petróleo.
Como se sabe ese arreglo se centraba en algo simple: los productores (pobres) le darían a los no productores (más pobres) el petróleo en abonos chiquititos, diría el gran evasor. Nunca quedó claro a cambio de qué. Programa de Cooperación Energética para los países de Centroamérica y el Caribe le llamaron.
Hoy las cosas no han cambiado mucho. México sigue enviando millones de barriles a Cuba sin beneficio para nuestro país. El humanitarismo energético desde una empresa nacional, en deuda absoluta y quiebra contable, resulta ilógico, pero demagógico.
Una cosa es ser solidario y otra financiar economías quebradas desde la escasez propia. Ni siquiera nos ha dado fortaleza geopolítica en la relación con Estados Unidos de quienes somos dependientes en muchos sentidos en la absoluta asimetría entre la toalla y el perico.
Por eso ayer la presidenta (con A), nos dijo:
“No se está enviando más petróleo del que se había enviado históricamente (como publicó el WSJ), no hay un envío particular. Durante muchos años se ha enviado petróleo a Cuba por distintas razones; una son contratos, otras son ayuda humanitaria.
“Incluso, en la época de Peña Nieto, por ejemplo, se condonó una deuda que se tenía (¡!) con Cuba (un moco de guajolote, 370 millones de dólares). Entonces, es un envío histórico que se ha dado a la isla y al pueblo cubano. Y ahora es parte, tanto del contrato como de la ayuda humanitaria”.
El humanismo no reconoce fronteras. Con él se puede hasta financiar dictaduras.
Por eso es muy interesante esta frase: “...ES PARTE DEL CONTRATO COMO DE LA AYUDA HUMANITARIA (regalo, pues) ...”
“Claro --añadió--, con la situación actual de Venezuela (no tiene ni una semana la situación actual), pues evidentemente México se vuelve un proveedor importante. Antes era Venezuela, pero es parte, digamos de lo que históricamente se ha enviado.”
A los mexicanos nos gustaría saber el monto de lo “históricamente” enviado a Cuba y ya de pasadita, como quien no quiere la cosa, saber cuánto nos cuesta la asesoría eléctrica proporcionada por la CFE.
Nos hemos pasado años financiando a un régimen fracasado del cual nunca hemos recibido nada a cambio. Y cuando nos dieron el palacete de los Del Valle para nuestra embajada en La Habana, les pagamos con su edificio en Presidente Mazaryk.
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