Opinión

El Conejo y la pérdida del poder suave

El vicepresidente J.D. Vance (PETER KNEFFEL / POOL/EFE)

En la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Milán, la delegación estadunidense fue recibida con silbidos y abucheos, mientras el vicepresidente J.D. Vance hacía una mueca. Fueron tantos los abucheos, que hasta la televisión de EU lo notó.

Y no es que hayan sido unos izquierdistas quienes abuchearon. El altísimo precio de esos boletos garantiza que prácticamente todos los asistentes fueron personas de alto poder adquisitivo, que difícilmente se identifican con esa ideología. Podríamos decir que, más bien, se trata de un amplio rechazo de parte de las élites europeas.

En ese mismo evento, un grupo de esquiadores de la delegación de Estados Unidos afirmó, en conferencia de prensa, que tenía “sentimientos encontrados” al representar a su nación. Uno de ellos, Hunter Hess, dijo que él sentía representar aspectos de EU “que se alinean con mis valores morales”, pero no todo lo que pasa en su país. Otros se refirieron directamente a temas como la persecución de inmigrantes; otros, a la ofensiva contra derechos de la comunidad LGBQT+.

Durante el show de medio tiempo del supertazón, el cantante puertorriqueño Bad Bunny, presentó un espectáculo que reivindica las culturas latinoamericanas -con especial énfasis en las caribeñas- y transformó la plataforma masiva a la que tuvo acceso en un acto político de conciencia y de unidad de las Américas, de las que EU es sólo una parte. No solamente celebró la hispanidad y a la cultura familiar de nuestra región: también celebró la convivencia, en un espectáculo culturalmente denso, que admite muchas interpretaciones, e incluso hermeneúticas.

El puertorriqueño pudo haber jugado la carta del desafío abierto, pero lo que hizo fue lo suficientemente elegante (en términos políticos) como para generar, sí, algo más allá del rechazo a ciertas actitudes del gobierno de Donald Trump: el recordatorio de que los lazos y la integración social en el continente son más fuertes de lo que algunos creen.

A Trump no le gustó ni lo uno ni lo otro. Del esquiador cuyo video se hizo viral dijo que era “un perdedor”, que no debió de haber estado en el equipo y que era difícil echarle porras. Con Bad Bunny, estuvo más duro: afirmó que fue uno de los peores espectáculos de medio tiempo, “una afrenta a la Grandeza de América”, que “nadie” entendió una palabra de lo que decía y que los “bailes repugnantes” eran impropios para los niños que los vieron por televisión.

Las reacciones del presidente estadunidense no sorprenden. No sólo porque es rápido, impaciente e irascible ante el teclado. Tampoco porque sea conocida su intolerancia al disenso. No sorprenden porque ambos casos -y también el abucheo en la inauguración- reflejan un proceso en curso: la pérdida del “poder suave” de los Estados Unidos, que le ha servido para ampliar su esfera de influencia en todas las áreas de la vida.

Son cosas que pasan cuando se quiere sustituir una combinación de factores que hacen hegemónica a una nación por un solo factor que es la fuerza. Y también son cosas que pasan cuando se quiere sustituir una nación plural, y cuya fuerza radica en buena parte en su pluralidad, en una nación aparentemente unánime, pero que rechaza a todo lo que no se conforma a una estrecha visión ideológica, política, cultural y hasta racial.

Por un lado, tuvimos que los deportistas insistieron en su derecho a hablar de política, “porque es algo que nos afecta en nuestra vida cotidiana”, según declaró una patinadora. Por el otro, los MAGA tuvieron una lección de algo a lo que le tienen fobia: la geografía y la historia. Una lección que fue vista por más de 135 millones de telespectadores, un récord.

Nada de esto detendrá las derivas de Trump, ni la autoritaria, ni la represora, ni la xenófoba. Menos, la del narcisismo sin coto. Pero sí es un claro señalamiento de que la decadencia del imperio americano no vendrá solamente por haber perdido la calidad de socio confiable de sus aliados. Vendrá también de la pérdida de influencia cultural en el mundo. No puede ser de otra manera, cuando se abandonan las ideas y la cultura inclusiva que, precisamente, ayudaron a hacer aceptable la hegemonía que todavía goza Estados Unidos. La fuerza no lo es todo.

Terminemos esta columna con un dato, una anécdota y una predicción. El dato: menos del 14% de los inmigrantes detenidos por el régimen de Trump tenían algún antecedente penal. La anécdota: un esquiador británico posteó en Instagram una foto en donde se ve la leyenda “Fuck ICE” escrita en la nieve. Más tarde aseguró que estaba escrita con orines. La predicción: la decreciente burbuja social de apoyo a Trump en Estados Unidos explotará tarde o temprano; si lo hace en las elecciones intermedias de este noviembre, el presidente de EU intentará robarse esas elecciones.

fbaez@cronica.com.mx

Twitter: @franciscobaez

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