
En una abierta lucha contra sí mismos, los dirigentes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) sacaron los magullados deditos del marco de la puerta y negando el dolor de verse sorprendidos con la captura de uno de sus más ejemplares alcaldes (Diego Rivera, en Tequila) acusado de algunos actos de corrupción (no todos), anunciaron con la solemnidad propia de la farsa, nuevos mecanismos de selección y filtros (esa fue la palabra), para evitar intrusiones indeseables en sus filas.
No dijeron nada sobre el inminente riesgo de quedarse solos si en verdad se preocuparan por la conducta de sus militantes, pues de la cima al sótano están dudosamente habitados.
Pero sí nos dieron evidencia del ancho de su manga y lo corto de su vista.
Si se anuncian filtros es porque antes no los habéis. Si se estrechan los requisitos es porque con los actuales se les metieron a la casa (quizá por ser necesarios e indispensables), pillos y pillas de siete suelas como el ya dicho edil y las no menos criminógenas alcaldesas de Amanalco, María Elena Martínez Robles o María del Rosario Matías Esquivel, de Santo Tomás (Edomex, ambas), acusadas de nexos con el crimen organizado y otros delitos, entre muchos cuadros más.
Obviamente en la pesca de la corrupción estas mujercitas y el, señor de ilustre sinónimo, no son sino charales; sardinitas, pececillos, boquerones, porque hasta ahí se detienen las investigaciones. O prosiguen, pero sin consecuencias superiores.
No tiene la culpa el transa, sino quien con él avanza, diría una ronda infantil. Pero aquí la víbora no es de la mar, es de la estructura partidaria podrida de arriba abajo. ¿Quién los puso donde estaban, además –claro--, del voto del bueno, sabio e infalible pueblo?
Al menos eso piensa Manuel Huerta Ladrón de Guevara uno de los más jocosos integrantes del oficialismo, quien así ha reaccionó ante el anuncio de los nuevos filtros:
–¿Bastará para no proponer a candidatos como el presidente municipal de Tequila?
–“El mejor filtro va a ser sin duda la encuesta, que creo que será el método que Morena aprobará, porque ha sido exitoso. Es la opinión del pueblo”.
El problema en Morena es la crónica irresponsabilidad política. Nadie se hace responsable de nada.
Si Andrés López aparece cubierto de guirnaldas con el alcalde criminal de Iguala (¿se acuerdan de los 43?) durante la campaña electoral de Abarca, eso nada significa como tampoco tiene importancia el reguero de fotografías de Diego Rivera con la actual presidenta (con A).
--¿Quién les arrimaba a tan comprometedoras personas? Nada, operación “Tapadera”.
Hace poco se conoció en Londres la relación de Peter Mandelson, Embajador británico en EU con Jeffrey Epstein.
Morgan McSweeney, jefe de gabinete del Premier británico (Keir Starmer), simplemente renunció por su intervención en favor del nombramiento de Mandelson, al tenor de esta explicación (no evasión):
“La decisión de designar a Peter Mandelson fue errónea. Ha dañado a nuestro partido, a nuestro país y la confianza en la política misma”. Y se fue.
No dijo si había carpetas de investigación en la FGN o si se debía respetar la presunción de inocencia; ni prometió un castigo si se comprobaran los cargos porque Mandelson ni cargos tenía.
Simplemente recomendó a alguien con relaciones dudosas y fue sentenciado en el tribunal de su propia conciencia.
No esperó el trabajo de Ernestina Godoy ni reservó la información por cinco años o más; no rozó con la tangente, ni invocó la ignorancia ni anunció futuros filtros de calidad o control de confianza, tal se hace en naciones altamente civilizadas como México.
Simplemente propició su designación y se fue a la calle.
“Los aliados de Starmer (PM) en el Partido Laborista –dice la información— pidieron la salida de McSweeney durante días porque los correos electrónicos del Departamento de Justicia de EU revelaron una relación mucho más estrecha de lo que se conocía entre Mandelson y Epstein”.
Tampoco dijo: ¿Y yo por qué?
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