Opinión

Sheinbaum, Salma, glitches y encuadres

Incentivos al cine mexicano La presidenta Claudia Sheinbaum anunció incentivos del 30% del ISR a proyectos que se realicen en el pais, a fin de gtarantizar que un proyecto extranjero que se desarrolle en territorio nacional ocupe tanto mexicano

México no es paisaje. Es argumento, trama donde el territorio es dramático protagonista de una película apenas ambiciosamente iniciada cuando esfuerzo artístico, organizativo e historia se hacen uno.

En el Salón Tesorería de Palacio Nacional, la sincronía política desafía la física partidista tradicional. Salma Hayek, la veracruzana domadora de los espejismos de Hollywood para transformarlos en industria propia, acompaña a la Presidenta Claudia Sheinbaum como estrella y arquitecta de una narrativa de reconciliación del capital con la cultura, de la autoestima con el optimismo, del entusiasmo con las expectativas. Encuentro de coordenadas donde la estética del cine y la ética del servicio público convergen.

Recordatorio ineludible el de Bliss, la cinta donde Owen Wilson y la propia Hayek navegan entre realidades superpuestas. En la película, el mundo es una simulación acechada por “glitches”, pequeñas fisuras en la imagen reveladoras de algo que no encaja y nos pierde en los espacios del ahora reel, el representado y sus limbos. En el escenario del Palacio, el mensaje es justamente el opuesto: la esperanza situada en el centro de lo nacional.

Cuando la actriz afirma que no hay país en el mundo con nuestra diversidad ecológica y belleza —“aquí lo hay todo”—, habla desde la visión de quien conoce el mercado global. México tiene el set natural, faltaba el guion político proveedor de seguridad a la inversión. Hayek diferencia el antes y el ahora. “Lo que no teníamos era esta Presidenta”. Un cambio de paradigma reconocido en el ejercicio del mando.

En el presídium están las mujeres quienes trazan el mapa de lo que vendrá: Sheinbaum, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada; las secretarias de Cultura y Turismo, Claudia Curiel de Icaza y Josefina Rodríguez; Altagracia Gómez, coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización, y la productora Inna Payán.

Si en Bliss los protagonistas están atrapados en una Matrix de degradación para valorar la verdadera belleza, México habita una realidad institucional sólida; deja de tener “glitches” para volverse una estructura coherente. En la Ciudad de México, esa coherencia se manifiesta en Brugada, quien ha sabido leer que la seguridad y el desarrollo de una metrópoli no dependen solo de policías, sino de la creación de imaginarios, del fortalecimiento de la cultura cívica y la tecnología.

Escuchar a Hayek no es solamente vislumbrar la utopía realizable, al mismo tiempo escurridiza en el horizonte. Cada una de esas mujeres eleva y provee esperanza en un momento de reconocimiento de la clase política y de género. El entusiasmo despertado en y por Sheinbaum y Brugada radica en manos expertas operando la maquinaria con retos enormes en seguridad, economía, percepción. Si en la Matrix los errores de sistema provocaban espejismos, en la administración actual el esfuerzo se centra en preservar todo lo mejor de la ciudad y del país. Y siempre hay que entregar la película completa: los resultados.

La cinematografía es arte de la edición, de la plástica, inclusión y exclusión. Como la política. Al anunciar los incentivos en Palacio Nacional se abona a la edición del futuro representado de México. El encuadre otorga perspectiva y gestión para la superación del “glitch” de la improvisación y el arribo a una fase de planeación técnica con sensibilidad artística. La coordinación entre el gobierno federal y el de la CDMX actúa como un filtro contra el ruido de la incertidumbre.

La esperanza de la cual habla Hayek es la certeza de un México con mejor guión. No escrito en el extranjero, sino en las mesas de trabajo donde economía, cultura y turismo diseñan un país parecido a lo mejor de sus propios sueños.

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