Opinión

La huella del adiós

La muerte es una vida vivida.

La vida es una muerte que viene.

Jorge Luis Borges

Escritor, poeta y ensayista

Argentino

1899-1986

Animalidades

kenstein, basada desde luego en la popular novela de Mary Shelley, La reflexión que me dejó la versión del director Guillermo del Toro sobre Fran es que la muerte debe darse por dolorosa que sea, específicamente cuando ya se cumplió el objetivo. Permitir que transcurra es obligado para poder celebrar cada vida. De otra manera caminaríamos en un vacío interminable y no sembraríamos recuerdos; no dejaríamos huellas, lo que necesariamente debe prevalecer para no ser olvidados por nuestros cariños mas intensos. Sólo ellos. El resto, más temprano que tarde nos olvidará. Es precisamente por lo anterior que me permito agradecer su existencia y despedir a dos personas que se fueron, una tras la otra, en estos días. Primero a don Jorge Kahwagi Gastine (1940-2026), que partió a la otra dimensión este 23 de marzo aún siendo guía y sostén vital de La Crónica de Hoy, que desde hace ya casi 28 años tiene abierto este preciso espacio dedicado a las criaturas más asombrosas y extraordinarias del Planeta, permitiéndome de esa forma dar cabida a todos sus avatares, dramas y bendiciones, además, ocupando actualmente lugar privilegiado dentro de sus páginas de Opinión. Gracias por ello don Jorge, al que me quedé debiéndole lo que un día, antes de volverme ermitaña, me pidió hacer y que… ya poco importa la justificación… no le cumplí. En esa plática supe que estaba atento a mis textos. Que unos le divertían mucho y otros le preocupaban por el asunto que implicaban. En fin, que definiéndolo desde mi experiencia, puedo citarlo como hombre pulcro, refinado, decoroso, pues, siempre atento al bienestar de su familia y de México, casi en orden paralelo. Es por ello y más, que será recordado por la virtud de su decencia y discreción hasta para despedirse finalmente. Aprovecho entonces este conducto para manifestar mis condolencias a su esposa Sonja Macari, a su dos hijas, nietos y especialmente al “niño” Jorge, quien bien conoce mi aprecio. A los directivos y compañeros de este Diario un abrazo fraternal, señaladamente a don Rafael García, su siempre y para siempre amigo de trayecto. La otra muerte que referiré es la de la Dra. Biruté Mary Galdikas (1946-2026), la más grande experta en orangutanes del mundo que ayer, 25 de marzo, murió. Iniciadora (en 1986) de la Orangutan Foundation International, formó parte de las tres más reconocidas primatólogas bajo el paraguas del antropólogo británico Louis Leakey, a grado de que se les llegó a conocer como las damas-mono, ya que junto a ella siempre aparecían, cada una en su especialización: Dian Fossey (1932-1985), asesinada precisamente por la defensa de sus Gorilas de Montaña y la querida y bien recordada Jane Goodall (1934-2025), que como se sabe su fuerte fueron los chimpancés y ya luego el mundo por entero. Con este cambio de dimensión termina la historia de las trimates o Ángeles de Leakey y comienza el recuerdo sobre estas destacadísimas pioneras en la conservación, estudio y rescate de los grandes primates referidos. De sus 80 años, Biruté dedicó 55 a la investigación y protección de esos simpatiquísimos y listísimos monos rojos que llegue a conocer tan cercanamente, al permitirme la vida desempeñarme como madre-sustituta de dos (JAMBI y TOTO) durante 7 años, sin vacilación, una de las mejores y a la vez más tristes y dolorosas experiencias que pude tener, pero… regresando a la doctora Galdikas, icono en su materia, se dijo que falleció a causa de cáncer de pulmón. De nacionalidad canadiense, se inició en el estudio de los orangutanes precisamente en Borneo, Indonesia, dentro del Campamento Leakey, donde pudo dar cuenta de patrones de comportamiento, movilidad, alimentación, reproducción, etc., elaborando el estudio más amplio que hasta la fecha se haya realizado sobre una sola especie. Confieso que por un tiempo nulifiqué mi admiración por ella y archivé en el olvido sus libros tras de que hace un tiempo visitara México-capital a propósito de dictaminar sobre la triste sobrevivencia de mi amado TOTO en el Zoológico de Chapultepec, invitada por la organización española Proyecto Gran Simio. Sin embargo, su legado; su dedicación, investigación, logros, etc., nada los borrará. Que descanse en paz. Se lo ganó por cada orangután que rescató de las fieras manos humanas y por toda la información que nos proporcionó sobre esas fabulosas criaturas y, desde luego, no me puedo despedir este jueves sin reclamar el regreso de los francisCANITOS y los francisGATITOS, cuyo histórico hogar, ahora hermosamente remozado por LA CIUDADANÍA, los espera con todo el amor posible y con un perdón por la vida que les fue arrebatada al son de un maltrato i-ne-xis-ten-te. ¿Para cuándo será señora Brugada? ¿No que el pueblo manda? Entonces, ¡a cumplirnos!

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