Opinión

¿Un mahout inexperto o un elefante reumático?

Muestra
Elefante (Anup Shah/WWF)

Un mahout o cornaca es quien cría, entrena y conduce a un elefante e implica su guía mediante comandos de voz y toques, con base en la confianza y el respeto mutuo. En el presidencialismo, el titular del gobierno es el jefe de la administración pública subordinada al poder ejecutivo y ejerce los poderes de mando sobre la misma, con las limitantes que establecen las leyes para garantizar su desempeño objetivo y profesional.

Los elefantes son los mamíferos terrestres más grandes y poseen comportamientos asociados con la inteligencia como duelo, altruismo, uso de herramientas, compasión y autorreconocimiento. En inteligencia, son equiparables a los delfines y algunos primates y han sido de enorme utilidad en tareas agrícolas, industriales, recreativas y bélicas. Su valor es superlativo como lo es la administración pública.

El elefante, en la imaginería popular, está relacionado con la memoria, la fuerza, la paciencia, la lealtad, la armonía y el trabajo duro y constante, pero también se le asocia con la estupidez del ser humano, cuando no quiere ver al elefante en la sala o con la lentitud, cuando los trámites se burocratizan y las soluciones a los problemas sociales se retrasan demasiado. En ambos sentidos de las alegorías, el positivo y el negativo, la administración pública encuadra.

La burocracia es un instrumento poderoso del gobierno y opera con base en competencias definidas, el principio de legalidad y procesos para ser eficiente y eficaz, pero el exceso de formalismos puede empantanar la gestión de la atención de las necesidades de las personas. Esta naturaleza y el riesgo que implica son los retos principales de los políticos que acceden a la dirección de este aparato y deben entablar relaciones con los profesionales de la gestión pública.

En este sentido, el funcionamiento de la mancuerna gobernante-administrador, en términos metafóricos, mahout-elefante, debe ser óptimo para que la acción de la burocracia contribuya efectivamente al desarrollo sostenible e incluyente, sea el eje de la rectoría económica del Estado, cumpla con su labor de promoción de los derechos humanos y concurra en la construcción de una sociedad más justa. La confianza y respeto entre la presidenta y los mandos y trabajadores de la administración pública federal son un pilar fundamental para que el gobierno funcione.

Los políticos y los activistas sociales son designados para desempeñar un encargo en la administración pública por lealtad o compromiso con el partido o movimiento al que pertenecen, especialmente a sus líderes, y son quienes transmiten a las estructuras burocráticas la visión del gobierno en turno. Su función es enlazar la voluntad mayoritaria expresada en las urnas con los profesionales de la administración pública para que el voto se convierta en acción de gobierno.

Los administradores, despectivamente llamados tecnócratas, que ocupan los cargos por conocimiento y mérito, que son los profesionales del gobierno, tienen como misión traducir el mandato popular a en bienes y servicios públicos con base en las reglas de la ciencia y la tecnología, atendiendo a la disponibilidad real de recursos económicos y a los principios y normatividad del Estado de derecho, para que haya respeto a los derechos humanos y una actuación pública cierta, confiable, correcta, transparente y oportuna. Las administraciones públicas, que debe ser una actividad técnica, objetiva y neutral, son las responsables de dar resultados para que el régimen político se legitime.

Alejandro Dumas padre afirmaba “que los elefantes sean tan inteligentes y los hombres tan bestias debe ser una cuestión de educación”. La función pública es valiosa en la medida que está profesionalizada y se convierte en un elefante esclerótico, cuando falta talento humano creativo y preparado para el desempeño del encargo. En el gobierno 2018-2024, hubo un mahout inexperto, lo que explica que el gasto en capacitación y en la profesionalización fuera considerado superfluo y se eliminara. Además, muchos puestos que requerían de conocimiento profundo fueron ocupados por leales sin mayor experiencia en la administración pública. El descuido en la dirección del mahout provocó que el elefante fuera menos efectivo en las tareas que le eran encomendadas. No era un problema del paquidermo, sino de la persona que no lo sabía guiar.

Estas reflexiones provienen de la declaración de la presidenta Sheinbaum en la que recordó que su antecesor ofendía a su administración pública y la llamaba despectivamente elefante esclerótico, porque no cumplía sus caprichos, ni ejecutaba sus ocurrencias. Ella fue más prudente, pero solicita públicamente a sus colaboradores cosas imposibles como es el cobro sin efectivo en todas las casetas de peaje del país. Esta instrucción requiere de planeación, modificación de infraestructura, acuerdo con los asignatarios y concesionarios y un largo etcétera, que los administradores seguramente ya le comentaron.

El poder de la burocracia y su trabajo duro y constante requiere un mahout con una mano gentil, que pueda dirigir a ese elefante con un solo cabello, como enseña un dicho persa.

Investigador del Instituto Mexicano de Estudios Estratégicos en Seguridad y Defensa Nacionales y del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores

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