
El populismo de la 4T se nutre de la idealización del pueblo y de una concepción tribal de la sociedad. Su vocación comunitaria, sus aires colectivistas y su énfasis en las comunidades indígenas se emparentan con la ideología woke que ha sido inspirada por la derecha conservadora.
La ideología woke es radicalmente contraria al universalismo que proclamaba la Ilustración. “El universalismo, dicen ellos, es una farsa inventada para maquillar las visiones eurocéntricas en las que se sustentó el colonialismo”. El hombre, en abstracto, no existe dicen ellos, lo que existen son hombres concretos. “Cualquiera que pronuncia la palabra “humanidad”. Decía el nazi Karl Sschmitt, quiere engañarte”. A su vez, el pensador de derechas Joseph Maistre decía: “No existen “hombres” en este mundo. A lo largo de mi vida he visto franceses, italianos, rusos, etcétera. Sé incluso por Montesquieu, que se puede ser persa. Pero, en cuanto al “hombre”, declaro no haber conocido nunca a ninguno”.
La orientación woke de la 4T es manifiesta en la retórica de la Nueva Escuela Mexicana que niega el universalismo del hombre, rechaza el concepto de nación y reivindica en cambio la noción de comunidad (en el sentido de “comunidad local”). En sus documentos originales, la Nueva Escuela Mexicana, repudia el mestizaje --lo explica como resultado de una teoría conspirativa—y declara que la promoción del mestizaje tenía la intención política de debilitar a las comunidades indígenas.
La matriz de la 4T es tribal. El universalismo, expreso en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1882) y reiterado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) de la ONU, es repudiado en educación básica. El hombre en la Ilustración se define por una dignidad. Reconocer a alguien como humano equivale a reconocer en él una dignidad que debería honrarse. Pero en la NEM eso no existe. Los derechos humanos no se estudian en la educación preescolar, ni en primaria ni en secundaria. La legislación nacional (la Constitución) tampoco. El hombre en tanto tal es un invento neoliberal. Lo que existen son hombres concretos, que pertenecen a un contexto específico, los nahoas, los zapotecas, los triquis, etc. Los “mexicanos” no existen. ¿Qué es México? Es una abstracción, una entidad imaginaria sin asiento específico. Tal es la postura de los woke que descalifican a la sociedad como tal y solo reconocen las marcas identitarias grupales que se definen por su condición de “opresión”.
Pero hay otra dimensión de su anti-iluminismo: su oposición a la razón y su afinidad con la sinrazón y la emoción. Aquí y allá, esporádicamente, en el discurso de la 4T se pone en evidencia esa dimensión irracional, cuasi-religiosa, absurda y de ocurrencias. Hay que recordar aquí la multitud de decisiones estúpidas que tomó siendo presidente Andrés Manuel López Obrador comenzando por la suspensión del Aeropuerto Internacional de Texcoco que costó a los mexicanos más de 300 mil millones de dólares; las recomendaciones de magia con la que recomendaba hacer frente a la pandemia de Covid 19; las obras faraónicas (Tren Maya, Tren Inter-océanico, refinería Dos Bocas, aeropuerto AIFA, etc.) que actualmente se están desplomando o que han mostrado ser fracasos rotundos.
Hay que revisar libros como el de Susan Neiman, izquierda no es woke (Debate, 2024) para confirmar que la paternidad de esta ideología proviene de la derecha y que se alinea con las fuerzas conservadoras.