Opinión

Pero el VAR debilitó casi por completo la autoridad del árbitro en cancha y desarticuló la defensa que el propio juego ofrecía para impartir justicia.

Detrás del Var se decide el juego

Transformaciones en el balompié El VAR ha modificado la forma en la que se concibe y desempeña el arbitraje en los partidos de futbol. (Cuartoscuro)

El partido avanzaba sin goles cuando una jugada en el área abrió la duda: una posible mano que podía sancionarse como penal. El árbitro central no tuvo certeza y optó por dejar correr el juego. En la cabina del VAR prevalecía la misma impresión, hasta que un hombre golpeó el cristal de la cabina para llamar la atención de uno de los árbitros. Uno de ellos volteó y lanzó una pregunta: “¿es penal?”. Tras ese momento, solicitó la revisión en cancha y el central terminó por señalar la pena máxima. El encuentro se resolvió 1-0 a partir de esa decisión.

La Fiscalía de Milán abrió una investigación contra Gianluca Rocchi, entonces designador de árbitros en Italia, por presunto fraude deportivo. La indagatoria sostiene que influyó de manera directa en decisiones arbitrales a través del VAR en al menos cinco partidos, entre ellos el Udinese 1–0 Parma, que se resolvió con un penal. Junto a él figura como investigado Andrea Gervasoni, exsupervisor del VAR, además de otros colegiados que participaron en esas revisiones. A Rocchi también se le atribuye la asignación discrecional de árbitros. La Fiscalía afirma contar con videos y registros de llamadas telefónicas para sustentar las acusaciones.

A diferencia de otros deportes colectivos, el futbol admite pocas intervenciones externas y mantiene, en teoría, un flujo continuo de juego, con escasas pausas ajenas a la acción de los futbolistas. Esa condición explica parte de su popularidad: cada decisión se define en segundos y puede alterar por completo el rumbo del partido, cuyo desenlace ocurre en un lapso acotado, noventa minutos más el tiempo añadido por el árbitro.

En ese contexto, la figura del árbitro central es fundamental para el juego. Su tarea exige resolver en fracciones de segundo si existe una falta o si corresponde una expulsión. Comparte con los jugadores un mismo adversario: el tiempo que impone el ritmo del juego y que obliga a decidir y ejecutar bajo presión. Ambos enfrentan la misma incertidumbre: leer la coyuntura del campo puede conducir al acierto o al error.

El VAR alteró esa naturaleza del juego y, en nombre de la justicia, introdujo un apoyo externo para las decisiones arbitrales. El VAR se presenta como una herramienta tecnológica, pero en rigor traslada la interpretación a personas que no se encuentran en el terreno de juego, quienes revisan las jugadas a partir de las cámaras para valorar si la decisión del árbitro central fue correcta. Como señala Alejandro Moreno, este mecanismo desplaza la autoridad hacia la subjetividad del árbitro en cabina, por encima de la del árbitro inmerso en la dinámica del partido, con efectos que pueden incidir en sus determinaciones.

El futbol, en tanto espectáculo de masas, siempre ha estado atravesado por intereses políticos y económicos que buscan influir en los resultados. La figura del árbitro, investida de autoridad y sujeta a desconfianza, siempre ha alimentado la sospecha de decisiones discrecionales a favor de ciertos equipos. Ese posible sesgo, sin embargo, se encontraba condicionado por el propio ritmo del juego: el árbitro debía decidir en medio del partido, bajo la presión de la afición, con la intensidad emocional de los futbolistas y del cuerpo arbitral, y con las limitaciones propias de la visibilidad. Incluso ante la hipótesis de un favorecimiento, este sólo podía concretarse en un instante fugaz. En ese marco, la justicia encontraba un cauce en la propia dinámica del juego.

Pero el VAR debilitó casi por completo la autoridad del árbitro en cancha y desarticuló la defensa que el propio juego ofrecía para impartir justicia. Un grupo reducido decide ahora sin que el árbitro sobre el terreno conozca con claridad las razones que orientan esas determinaciones. Desde la pantalla inciden en el rumbo del partido y, con ello, afectan a miles de aficionados, al esfuerzo de los futbolistas, al negocio de los propietarios y a los propios árbitros, quienes cargan con la desconfianza en sus decisiones y con los señalamientos de aficionados y comentaristas. Su margen de acción se estrecha al punto de que una falta ya no puede sancionarse sin la expectativa de una corrección desde arriba.

La Fiscalía de Milán comenzó a exhibir el alcance de ese problema con la investigación contra Gianluca Rocchi: el futbol es más vulnerable a intereses ajenos al juego con el VAR. Queda por ver si ese escrutinio se replica en otras latitudes, en especial en México.

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