Opinión

Operación desgaste

Mujer ejerciendo su derecho al voto
Casilla electoral. Casilla electoral. (El INE estatal reporta el 100% de casillas funcionando en el estado de Nuevo León que corresponden a 2mil 614, donde podrán votar 4 millones 158 mil 880 ciudadanos a favor o en contra de la revocación de mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador./Gabriela Pérez)

La revocación de mandato en la Ciudad de México no será, necesariamente, un instrumento para quitar del cargo a servidores públicos… sino una herramienta para medir fuerzas rumbo a 2027.

Aunque en el papel el mecanismo aprobado por el Instituto Electoral de la Ciudad de México abre la puerta a la participación ciudadana, en la práctica enfrenta un obstáculo evidente: el desinterés. La experiencia reciente lo confirma. La gente está cansada de la política, distante de sus actores y poco dispuesta a salir a votar en ejercicios que no generan emoción ni certeza de cambio.

Por eso, el verdadero reto no será convocar a las urnas, sino llegar a ellas. Reunir el 10% de firmas necesarias para activar el proceso es complicado, pero alcanzable para grupos organizados. Lo realmente cuesta arriba será lograr una participación que legitime el resultado.

Y ahí está la clave. Porque el objetivo de ciertos grupos no es necesariamente revocar mandatos, sino desgastar a quienes hoy gobiernan. Someter a alcaldes y alcaldesas a este tipo de ejercicios implica obligarlos a distraer tiempo, recursos políticos y operación territorial en defenderse, justo cuando muchos comienzan a perfilar una posible reelección.

Bajo esta lógica, la revocación se convierte en un ensayo electoral adelantado. Un termómetro de estructura, de movilización y de control territorial. Y también, en algunos casos, en un fuego amigo.

Hay demarcaciones donde las tensiones no vienen de la oposición, sino desde dentro del propio partido. El caso de Xochimilco es particularmente ilustrativo: quienes impulsan la posibilidad de llevar a la alcaldesa Circe Camacho a este ejercicio no están fuera, sino dentro de su misma fuerza política.

Así, más que un mecanismo ciudadano, lo que veremos en los próximos meses será un campo de batalla político disfrazado de participación. La pregunta no es si habrá revocaciones. La pregunta es quién saldrá más desgastado en el camino hacia 2027.

Por cierto:

1. MAGDALENA CONTRERAS. La política en La Magdalena Contreras vive una reconfiguración acelerada, donde las lealtades se diluyen y las ambiciones encuentran nuevos cauces. En ese tablero, la salida de Ernesto Alarcón Jiménez, excoordinador priista en el Congreso capitalino, para integrarse al PAN no es un movimiento aislado: es síntoma de una lógica en la que las siglas pesan menos que las oportunidades, sobre todo ante la posibilidad de una candidatura a la Alcaldía. A este reacomodo se suma la salida de Jorge Villaseñor, uno de los cuadros más representativos del priismo local, quien, me dicen, se ha acercado al grupo del alcalde Fernando Mercado. En paralelo, el exalcalde Luis Gerardo Quijano Morales intenta reposicionarse desde Movimiento Ciudadano, con la mira puesta nuevamente en la Alcaldía, aunque su camino dista de ser terso; no solo deberá reconstruir capital político, sino también abrirse paso en un terreno donde ya operan figuras consolidadas, incluido el hermano del actual alcalde. El mensaje de fondo es contundente: el PRI en Contreras no solo pierde cuadros, pierde narrativa, cohesión y horizonte. Bajo este contexto, la elección de 2027 comienza a dibujar una ventaja para quien hoy gobierna, en caso de que busque la reelección, mientras la oposición navega entre fracturas, cálculos y reposicionamientos que, lejos de fortalecerla, parecen profundizar su dispersión y reducir sus márgenes de competencia real.

2. CAMBIO. Muy pronto, Morena en la CDMX también perfilará un relevo en su dirigencia. Don Héctor Díaz-Polanco, si bien es una figura ilustre y respetable, no ha logrado una presencia determinante en la dinámica política capitalina. Conscientes de ello, me dicen que el joven diputado por Coyoacán y vocero del grupo parlamentario guinda en el Congreso local, Paulo Emilio García, sería quien llegue a refrescar al partido en la capital. Se trata de un perfil que no huye del debate, con presencia mediática a través de colaboraciones en radio y televisión, y que encabeza “La Chilanguera”, el espacio dominical de comunicación del grupo parlamentario de Morena en la Ciudad de México. Un cuadro joven, activo y, según cuentan, bien visto al interior del morenismo y con buen diálogo interno.

Vivo la noticia, para contarle la historia

@juanmapregunta

Tendencias