Opinión

Fuera de lugar diplomático

México - Ecuador

Las diferencias entre México y Ecuador van más allá del partido de futbol disputado la semana pasada en el que ganó nuestro país. El verdadero partido continúa jugándose en el terreno de la política exterior y del comercio, en el que las diferencias con Ecuador no han logrado superarse.

Los incidentes protagonizados por algunos aficionados mexicanos, que derivaron incluso en una queja formal de la federación ecuatoriana ante la FIFA, son reprobables y poco ayudan a construir una relación basada en el respeto. Sin embargo, reducir el conflicto bilateral a lo ocurrido alrededor de un encuentro de futbol sería perder de vista un problema mucho más profundo.

La crisis comenzó en abril de 2024, cuando fuerzas de seguridad ecuatorianas irrumpieron en la embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, quien había recibido asilo diplomático del gobierno mexicano. Para México, el ingreso a su representación diplomática constituyó una violación al derecho internacional; para el gobierno del presidente Daniel Noboa, se trató de la captura de un funcionario sentenciado por corrupción vinculada al caso Odebrecht y no de un perseguido político.

Esta diferencia en cuanto a las interpretaciones derivó en la ruptura de relaciones diplomáticas. Desde entonces, ambos gobiernos han mantenido una postura firme, pero el costo no ha sido el mismo para los dos. Aunque el intercambio comercial no se detuvo por completo y empresas mexicanas como Cemex y América Móvil mantienen operaciones en territorio ecuatoriano, la ausencia de relaciones diplomáticas ha frenado oportunidades estratégicas.

Ecuador ha visto paralizado su ingreso a la Alianza del Pacífico, quedaron suspendidas las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio con México y varias inversiones enfrentan incertidumbre por la falta de representación consular directa. Incluso la imposición de un arancel del 27% a productos mexicanos terminó reflejando más una medida de presión política que una solución efectiva.

Del lado mexicano también existen afectaciones. Se redujo la compra de diversos productos ecuatorianos, como cacao, pescados, minerales y aceites vegetales, mientras que los servicios consulares deben realizarse mediante terceros países, una situación que complica la atención de ciudadanos y empresas.

Lo preocupante es que América Latina vuelve a demostrar la facilidad con la que las diferencias políticas terminan desplazando los intereses económicos comunes. En un contexto internacional marcado por la competencia entre potencias como Estados Unidos y China por ampliar su influencia en la región, la fragmentación latinoamericana termina debilitando la posición de todos.

Las diferencias entre gobiernos son naturales en cualquier democracia. Lo que no debería normalizarse es que esas diferencias desemboquen en rupturas diplomáticas prolongadas que afectan el comercio, las inversiones y la integración regional. Los conflictos políticos pasan; las oportunidades económicas perdidas tardan mucho más en recuperarse.

El partido de futbol ya terminó, lo que sigue pendiente es el partido diplomático. Y ese no se gana con goles, sino con voluntad política, respeto al derecho internacional y la capacidad de anteponer los intereses de largo plazo por encima de las diferencias ideológicas. Ese es el marcador que realmente importa para México y Ecuador.

@fer_martinezg

fermx99@hotmail.com

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