Opinión

El pétalo y la rosa; el gallo y la gallina

Claudia Sheinbaum (Galo Cañas Rodríguez)

Quejas, lamentos y advertencias. Vivimos todos los días en la avalancha de la información convertida en propaganda y viceversa.

La propaganda disfrazada de información, como sucede cada mañana con ese ejercicio de “diálogo circular” mediante el cual el Poder Ejecutivo nos relata –a su modo, conveniencia y elogio en boca propia— no sólo su excelencia en la ejecución de su cometido en el gobierno nacional, sino las lecciones morales locales e internacionales para ajustar la realidad y la conducta colectiva a las normas, cánones, dictados (dicterios) de la Cuarta Transformación, el Humanismo Mexicano y la Revolución de las Conciencias, todo ello empaquetado en la abrumadora presencia mediática no sólo en los canales públicos donde el Estado y el gobierno se confunden a cada paso, sino en los lagoteros medios –de prensa y plataforma o canal televisivo--, cuya conveniencia los convierte en ediciones matutinas de la “Hora nacional”, ya sea mediante plataformas o señales abiertas y uniformidad cotidiana.

La estructura de la dicha conferencia en la cual la señora presidenta (con A) actúa en la rotativa exposición temática de sus empleados a quienes mantiene muy serios sentados en hilera para intervenir como moderadora cuando olvida o ignora un dato o cuando quiere enfatizar el dato preciso, la cantidad necesaria, el avance sostenido, la estadística favorable; se ha dividido temáticamente por días.

Así se habla de salud, de agricultura, de maíz y de país; de economía, de relaciones exteriores o de seguridad.

Y ese es el tema dorado, la mañana más luminosa de la semana porque desde hace ya varios meses el encabezado de dichos informes resulta siempre el mismo: la baja, la disminución notable de los homicidios dolosos en el país. Con las desapariciones el malabareo es otro.

La merma criminal se convierte en la especie más codiciada por los políticos cuando tiran sus redes al mar de la información: lograr una buena noticia, algo positivo por fin, una carpa o mojarra de aletas preciosas y escamas de bronce fulgente para ya no seguir con el rosario de calamidades tan caro a la intención de la prensa siempre a la caza de desgracias, terremotos, muertes y calamidades sin fin.

Y eso estaría bien si un país no requiriera malabarismos estadísticos para demostrar su pacífica condición, lo cual no viniera seguido de un remoquete de propaganda porque las cifras lejos de ser positivas, sólo resultan halagüeñas si se cae en el pantanoso terreno de las comparaciones.

Calderón tuvo más muertos. Antes estábamos peor porque Peña Nieto era incapaz. Y eso es cierto, pero al mismo tiempo tramposo.

Primero porque la realidad existe por sí misma independientemente de la realidad pretérita. Ni siquiera vale como consecuencia. Lo de hoy es lo de hoy.

Y segundo, porque en el conteo hay una laguna: el sexenio sangriento, el más sangriento de todos, el de Andrés López.

Pero como no se le puede mencionar excepto para el halago y jamás tocarlo con crítica alguna ni con el pétalo de una flor –como no se tocaban los acobardados púgiles del Senado, Gutiérrez y Ávila incapaces de soltar el verdadero golpe--, entonces vienen los saltos en el tiempo y las banderillas a toro pasado.

Pero a veces se desliza un dato.

El martes pasado, al hablar de la merma en los homicidios dolosos, la señora presidenta (con A) por primera vez al menos en mi memoria, puso como punto de comparación e indeseable cifra cuyo abatimiento era indispensable, la fecha “cuando recibimos”. Obviamente el gobierno. Hasta donde se sabe no lo recibió de Calderón ni de Peña.

Tras una pregunta acerca de cómo les transmite instrucciones a los responsables de la seguridad, ella explicó:

“… cuando entramos les dije:

--vamos poniendo una meta para 2025: cincuenta homicidios diarios. Recibimos en octubre, en septiembre de 2024, 86.9 homicidios.

--“Y desde que entramos dije: “vamos poniendo una meta”.

--¿Cómo la cumplimos?

“Bueno, pues es la revisión permanente en qué estado hay más homicidios, en qué municipio hay más homicidios, cómo traemos al gobernador de esa entidad para poder colaborar más.

“Ellos, evidentemente, hacen su investigación con el Gabinete de Inteligencia e Investigación, de quiénes son los generadores de violencia en determinado lugar; se detienen a ciertas células delictivas. Entonces, en diciembre del 2025 llegamos a 53.4 homicidios diarios.

“CUANDO ENTRAMOS les dije:

--“¿por qué no nos ponemos la meta de 40 homicidios diarios para 2026?”

“Puede parecer, digamos, subjetiva la meta, pero nos ayuda mucho a cumplir un propósito con el pueblo de México y a ver dónde hay más homicidios. Nosotros a diario revisamos la plataforma, diario, de decir cuántos homicidios hubo en Culiacán, cuántos homicidios hubo en Ciudad Juárez, cuántos homicidios hubo en Chihuahua.

“Y trabajamos con Presidencias Municipales, con el gobierno de los estados, cuando deciden hacerlo, porque también hay gobiernos de los estados que cooperan más y otros que no tanto, pero, de todas maneras, nosotros hacemos nuestro trabajo.

“Y de igual manera, cuando les dije: “cero robos en la México-Puebla”. Así le pusimos al operativo, operativo “Cero robos”. Todavía tenemos por ahí algunos robos en esta carretera, que era donde más robos había CUANDO LLEGAMOS, y es de donde más hemos bajado…”

Bueno, pues basta de alusiones al pasado.

Lo notable es este juego de cifras. La meta es lograr una sociedad donde “nada más” cincuenta personas resulten asesinadas –una por una-- cada día. Quienes sobrevivieron al infierno Calderón-Peña-López en el auge del crimen, morirán ahora cuando ya estamos en ruta de pacificación.

Total, si hay 50 homicidios diarios y lo relativizamos en el juego acomodaticio de las estadísticas, los puntos de vista, las comparaciones, 15 mil 250 muertos por año; 91 mil 500 en el sexenio, resultan aceptables, excepto para quienes dejaron este mundo de tan fea manera y quizá sus cercanos.

Un país cuya aspiración consiste en lograr nada más cien mil asesinatos en seis años como meta de gobierno, es por decir lo menos, un país muy raro, pero así somos.

Ya intentar una sumatoria desde los tiempos de Calderón para acá, resultaría macabro afán porque cada quien aportó en tiempos pasados y por tanto incorregibles (incluyendo los más cercanos), cantidades de cadáveres entre 190 y 220 mil por periodo. Y es mucho fiambre, verdad de Dios, si se perdona tan vulgar expresión.

Pero está visto cómo vamos rumbo a la pacificación en todos los órdenes.

Ya ni los políticos corren riesgos. Antes sacaban las pistolas.

Ahora cuando quieren dirimir sus diferencias ni siquiera se pellizcan, mucho menos se golpean. Y eso es un avance civilizatorio.

A lo más se gritonean como lavanderas en pleito de azotea y nos entregan estos diálogos agrestes como guión para una futura película al estilo de Raúl Araiza: “Senadillo, mi barrio” (Gutiérrez Mancilla-Arturo Ávila)

--“Tú eres el proveedor de armas…”

--“No me toques...”

--“Tú eres el proveedor de armas de los narcos. Eres el vocero del narco…

-- “No me toques, cabrón, no me toques”.

--“¡Vocero de mierda!

-- “Sácate a volar, cabrón (¡Ay tú!)…

-- “No me toques, cabrón…

--“¿Me vas a mandar a matar, así como haces?

-- “No tienes huevos, no tienes huevos”

-- “Eres el porro de ‘Alito’”.

-- “Tú eres un porro de mierda, pinche narco niñero… Ten huevos, ten huevos...”-

-- “¡Quítate, cabrón!”

-- “Eres el vocero del narco”.

-- “¡Corruptos..!”.

-- “Tú representas al narco de México, ten huevos...”.

-- “Tengo bastantes... (mira, mira…).

-- “¡Te mandó tu patrón, te mandó tu patrón”.

-- “¡Narconiñero, narconiñero!”.

-- “¡Yo no soy Noroña, ¿eh? (menos mal) "

-- “¡No huyas, pinche narco, vocero de mierda”.

-- “Hijo de un delincuente...”

- “Tú eres hijo de un delincuente... que quede de manifiesto que aquí el narcovocero me está amenazando. Nos quieren censurar, pero este Gobierno con el PRI se topa”.

Como se ve, el comportamiento de estos dos diputados, padres conscriptos o representates populares es coherente con los tiempos actuales. Si se ha intentado prohibir las peleas de gallos (ya no digamos la lidia de toros bravos) todavía no se veta el cacareo de gallinas como en este farolero epísodio de aparente agresividad digno de un par de vendedores de hule.

Mucho ruido y pocas nueces.

Y para colocar la cereza en el pastel, uno de ellos se va corre y corre a la radio a decirle homófobo al otro. La sonora palabra relativa al uranismo, esta prohibida por la FIFA en el estadio y por la corrección sin sexismo en el pleito sin pleito en el patio del federalismo. Pura baba de loro.

Hace muchos años yo estaba con Mario Vargas Llosa en una entrevista con María Idalia, reportera de “Excélsior”. El peruano vio entrar a Gabriel García Márquez al salón donde estábamos, y sin mediar palabra ni aludir motivo se le acercó y le sorrajó un despiadado y definitivo chingadazo entre jeta y oreja.

Se acabó la cosa. Hasta aquí llegamos.

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