
Me sigue resultando increíble el enorme salto al pasado que tanto el Congreso como el Senado de la República Mexicana pretenden dar con una normativa absurdamente arcaica como es ese bodrio de intento para una ley general en materia de bienestar, cuidado y protección a los animales que además es sopa de no sé cuántos malísimos cocineros, dado lo cual hay levantamientos en su contra por todo el país y razón por la que los numerosos miembros de la Confederación por los Derechos Animales en México (CODAM) convoca a una conferencia de medios que será simultánea desde diferentes Estados con la finalidad de exponer públicamente lo que en realidad se proyecta con una legislación utilitarista y asesina… retrógrada… que de aprobarse… por estitas que nos remitiría a ese rancio ayer que tanto gusta a los políticos de MoReNa pero que para el caso de los compañeros animales ni de madres funcionaría ni se las vamos a permitir. Punto. La cita es el próximo lunes 17 a las 9:30 horas. En la capital mexicana la sede será el Hotel Four Point by Sheraton ubicado en Av. Álvaro Obregón Nro. 38, Colonia Roma Norte, Alcaldía Cuauhtémoc.
Como diría el extrañado Germán Dehesa: ¡aikir!
Y es que una ley, para empezar y sin la menor duda, tiene como finalidad el principio básico y casi absoluto de la progresividad… pro-gre-si-vi-dad… lo que significa en blanco y negro que las normas y acciones del Estado deben avanzar… a-van-zar… siempre, quedando entonces debidamente comprendido que no procede cualquier retroceso, eliminación o disminución de logros ya alcanzados e incluso puestos en práctica, partiendo de que una vez que cualquier ley reconoce un derecho no se puede ni mucho menos deben crearse ni siquiera “proyectos” que lo reduzcan o como leí por ahí… perdón por no poder precisar la fuente… que limiten, restrinjan, eliminen o desconozcan el alcance y la tutela ya reconocidos a menos, claro, y de ahí el “casi” que coloqué, que la regresión sea justificada plenamente y que indudablemente no será el caso puesto que los legisladores a cuento no pudieron ni redactar un texto propio, sino que como cité la semana pasada se limitaron a rellenarlo con copia y pega de diversas normas oficiales mexicanas (ya obsoletas en algunos conceptos) y una que otra ley como la federal de sanidad animal. Siendo así, deben tratarse de propuestas que más bien vayan en el sentido de una mejora e incluso si es factible de una ampliación, y ahora con más rigor en la materia puesto que la mismísima Carta Magna, o séase la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, considera en su artículo 4º la prohibición de maltrato a los demás animales, obligando al Estado a garantizar… ga-ran-ti-zar… su protección, trato adecuado (¿?), conservación y cuidado y es justo por ello y mucho más que no me explico la barbaridad de “dictamen” que ni siquiera contempla, por ejemplo, prohibición terminante para la comercialización y posesión en manos de “particulares” de grandes carnívoros, hoy enorme problema por todo el territorio porque cuando no se “detecta” por denuncia ciudadana a un león caquéxico sobreviviendo bajo pésimas condiciones, se topa la policía con un narquete o intento de… paseando por las calles o en su lujoso automóvil a un cachorro de tigre blanco como sucedió apenas en estos días, terminando siempre por pagarla las pobres criaturas como esta referida que de estar seguramente en confortable sitio y muy entretenido, pasó de repente a encontrarse en un jaulerío saturado de perros (entre ellos los secuestrados franciscanitos) y forzado a dejarse toquetear y fotografiar por los elementos policiacos, particularmente los de la Brigada de Vigilancia Animal (y allegados, va mi resto), lugar por cierto al que NUNCA debió ser remitido ese chiquito. Y lo anterior, sin exagerar, es ya un riesgo por todo el territorio puesto que cualquiera con un poco de billete puede comprar un tigre o un león para divertirse un rato mientras la Procuraduría Federal de (dizque) Protección al Ambiente (ProFePA) lo detecta “sin papeles” y/o sin “trato digno y respetuoso” y se zumba al animal “asegurándolo” y remitiéndolo tan pronto le es factible al zoológico (UMA o PIMVS) que se lo acepte (por miedo o conveniencia), aún a sabiendas de la saturación que de grandes felinos se tiene en prácticamente todas esas instalaciones y como así, rebasando o infraccionando el plan de manejo correspondiente. Eso sí, sin aportar un quinto y si acaso por exigencia social vía RR. SS. yendo a verificar la condición de la víctima en lo que transcurre el proceso jurídico a que haya lugar; y lo mismo y peor está pasando con la fauna acuática “asegurada” como es el caso que guardan hoy el tristemente célebre MINCHO y sus compañeros SQUALO, OCEANÍA, SATU, SOLEI, SOLOMON, DIEGO, FLEX Y APOLO, nueve delfines “nariz de botella” que quedaron al borde del abandono en el mugrerío de “delfinario” del Ventura Park de Cancún, Q. Roo y que según entiendo son in-di-vi-duos por los que debe responder la empresa Dolphin Discovery que por aaaaaños los explotó y que a vistas, tras ya no poder realizar más espectáculo con ellos, los dejaron a su suerte en un barco que la ProFePA de Mariana Boy no ha podido sostener a flote. Buena salió la abogada para andar asegurando por doquier y pésima para terminar y evidenciar procesos y sus sanciones, pero en definitiva, lo que es para mantener a los animales bajo las condiciones que exige para otros, ¡nada! ¿Y a la señora quién le pone el cascabel, perdón, la multa o clausura? Y me falta insistir en lo peor de peores del intento de ley como es la permisividad de la matanza piadosa de los perros-riesgo-abandonados y los de servicio cuando no se les adopte, quedando incluidos los elementos militares soldados, de rescate o entrenados para cualquier otro oficio de apoyo, cuando a este último respecto ese texto y los que vengan debieran instruir, sí o sí, la creación de espacios dignos para la jubilación de criaturas que tras 5/8 y hasta más años de labor incansable merecen un retiro progresivo, meritorio y digno. Y la inversión no deberá ser pretexto puesto que el H. Ejercito Mexicano ha presumido verbal y físicamente la reproducción (improcedente e indebida) de 300 cachorros por año en sus criaderos y ya perdí la cuenta de los caballos que producen… sí… pro-du-cen… en Santa Gertrudis. Seguiré en la terca sobre el tema.
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