
La viruela fue una enfermedad infecciosa altamente contagiosa y letal. Fue la enfermedad más temida por el ser humano. Solo en el siglo XX, la viruela cobró la vida de 300 millones de personas, más del doble de las muertes causadas por todas las guerras del mismo siglo. Durante toda la historia de la humanidad, la viruela causó la muerte de más de mil millones de personas. La enfermedad era producida por un virus que se transmitía de persona a persona y el cuadro clínico incluía fiebre alta y la aparición de múltiples pústulas en la piel y las mucosas, que conducían a la muerte de al menos el 30 % de los enfermos en un período de una a dos semanas. Quienes sobrevivían quedaban marcados con cicatrices en la cara y, además, muchos se quedaban ciegos.
En 1796, Edward Jenner, en Inglaterra, observó que las mujeres que ordeñaban vacas no desarrollaban viruela, pero sí presentaban algunas pústulas parecidas en las manos, por lo que pensó que la viruela de las vacas las protegía. Así nació la variolización, que consistía en exponer a los niños al material de las pústulas para evitar que contrajeran viruela. De ahí nació la primera vacuna, que tomó ese nombre porque se originó en el ganado vacuno.
A principios del siglo XIX, el doctor Francisco Javier Balmis trajo la variolización a América en lo que se considera la primera misión sanitaria internacional, con un esquema complejo en el que viajó con niños huérfanos, a quienes iba infectando durante el viaje, para llegar a América con material de las pústulas que permitiría propagar la variolización. Esta historia la narra de forma espléndida Javier Moro en su libro “A flor de piel”, cuya lectura recomiendo ampliamente.
Gracias a la vacuna y a un esfuerzo internacional sin precedentes, 181 años después de la observación de Jenner, el 26 de octubre de 1977 se registró en Somalia el último caso de viruela en la historia. El 8 de mayo de 1980, la Organización Mundial de la Salud declaró erradicada la enfermedad y dejó de aplicarse la vacuna. Paradójicamente, 45 años después, el responsable de las políticas de sanidad pública y de los programas de asistencia médica en el país más poderoso del mundo es un individuo que se declara en contra de la vacunación, y la semana pasada el presidente Trump firmó una orden para limitar las vacunas para niños.
Según Bartolomé de las Casas, la viruela llegó a Santo Domingo en 1518 y provocó una epidemia que mató a indígenas, pero no a españoles. De ahí, Pánfilo de Narváez la llevó a Cozumel y Veracruz, de donde se propagó rápidamente entre la población indígena. Se dice que la enfermedad fue aliada del ejército español, ya que aniquiló a los guerreros indígenas, pero no a los españoles, quienes eran sobrevivientes y, por tanto, inmunizados contra ella.
Un artículo publicado hace unos días en la revista Science (10.1126/science.aee6957) aporta por primera vez una comprobación biológica de la importación de la viruela desde Europa a América. El estudio se basó en el ADN obtenido de dos individuos que murieron en el siglo XVII cerca de Arica, Chile, cuyos cuerpos fueron momificados de forma natural por el ambiente desértico. La idea original era estudiar su genoma con interés en la ancestralidad, pero los investigadores se toparon por sorpresa con el ADN del virus de la viruela. La cepa encontrada en Chile se sitúa evolutivamente entre el virus obtenido de la era vikinga y el de una momia de Lituania que data de entre 1643 y 1665.
El análisis molecular del material genético conservado durante cientos o miles de años es una herramienta poderosa para entender nuestra historia.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM