
La Suprema Corte acaparó reflectores y otra vez no fue por una discusión jurídica de altura. La protagonista volvió a ser la ministra Lenia Batres, quien parece tener una relación complicada con una idea básica de cualquier órgano colegiado: la mayoría decide.
Durante más de una hora, cinco de los siete ministros presentes le pidieron ajustar su proyecto para hacerlo congruente con los precedentes del propio tribunal. No hablamos de un tema novedoso: hay más de veinte precedentes al respecto. Nada. La ministra no se movió ni un milímetro.
Y para rematar, calificó de “caprichosa” la postura de sus compañeros. El adjetivo cayó mal en el Pleno y desplazó el debate jurídico a otro terreno, más revelador: el de su capacidad para construir acuerdos.
No es la primera vez que Batres Guadarrama se planta frente a la mayoría. Por eso la pregunta es obligada: ¿así aspira a presidir la Suprema Corte, sin consensos y sin respeto a las mayorías?
El asunto de hoy quizá no pase a la historia por el criterio discutido, pero sí deja una lección sobre el tipo de liderazgo que el máximo tribunal no necesita.
Oposición que despierta
Por fin apareció la oposición y lo hizo a raíz de cabildeos generados por actores que estaban hartos de discursos y estrategias que no iban a ningún lado, al menos no a algún esquema que pudiera derrotar a la 4T. La estrategia es clara, guste o no, la unión entre PAN y PRI es elemental en algunos puntos del país para ser una oposición competitiva.
La negociación ha dado lugar a una salida tersa, en donde no se da por derrotada la postura de nadie, así que, aunque inicialmente la cúpula de Acción Nacional no quería verse junto a lo que queda del Revolucionario Institucional, ha sido el propio Jorge Romero quien ha explicado la conveniencia de no cerrarse a esto.
No es pragmatismo, como ocurrió en el pasado de ambos partidos, sino saber leer el panorama político.
Chihuahua, Nuevo León y San Luis Potosí
Los primeros efectos de este despertar opositor están en Chihuahua, Nuevo León y San Luis Potosí. En el primer estado, Cruz Pérez Cuellar, designado abanderado morenista en la entidad y ya con el respaldo de los partidos aliados, deberá enfrentar a un gobierno panista y, seguramente, a un candidato muy competitivo.
Nuevo León se perfila como una competencia de altos vuelos luego de la apertura panista a alianzas con el tricolor. Allí el hombre que impulsa el acuerdo es Adrián de la Garza, quien se siente seguro de derrotar a MC y a Morena.
Finalmente, Enrique Galindo, aún alcalde de la capital potosina, ha hecho nuevamente de las suyas y se ha colocado en una posición en la que muy difícilmente alguien le arrancará la candidatura panista. Al PRI no le quedará sino aliarse y, además, Galindo vigilará que la designación de candidato a sucederlo en la presidencia municipal de la capital estatal sea competitiva, esto como un factor clave para que su propia candidatura sea viable.
Y ya después, Guanajuato
Y el partido que ya había decidido que esta temporada no hiberna es Movimiento Ciudadano. Además de aquellos estados, ya comentados en entregas previas de esta columna, Guanajuato se mantiene como una entidad en la que habrán de trabajar de aquí a 2030 para hacerse con la gubernatura. Su pieza clave es Alejandra Gutiérrez, la alcaldesa de León.
Su promoción desde MC comienza a sentirse. Tiene a su favor lo raro que llega a comportarse Acción Nacional en la entidad. Casi es obligatorio que los candidatos de una elección estén peleados a muerte con los gobernantes de su partido en funciones.
Esto permitió dar cabida a las corrientes del partido blanquiazul, pero funcionó bien en un contexto de hegemonía absoluta del panismo en Guanajuato.
Esa no será la realidad que se vivirá en 2030.