
Cuando una sociedad empieza a perder confianza en sus instituciones y a percibir que algunas promesas de cambio no se han traducido en los resultados esperados, las expresiones de inconformidad pueden volver a encontrar espacio. Eso es lo que comienza a observarse en México con la reaparición pública de algunos movimientos sociales que durante años tuvieron una presencia casi nula.
En este contexto, el EZLN anunció que regresará a la Ciudad de México en diciembre próximo para reunirse con colectivos sociales, particularmente con madres buscadoras. Más que hablar de un regreso al escenario político, el movimiento parece buscar nuevos espacios alrededor de causas sociales que hoy generan una amplia insatisfacción entre la población.
Durante el foro “Semillero Guerra contra la Humanidad”, realizado en San Cristóbal de las Casas, se informó que más de 100 integrantes del movimiento zapatista participarán en actividades durante diciembre, previo a la conmemoración del 33 aniversario de su levantamiento armado, el 1 de enero de 2027.
El acercamiento con las madres buscadoras resulta significativo. Las desapariciones y la búsqueda de personas se han convertido en una de las demandas sociales más sensibles del país, con miles de familias que continúan reclamando respuestas, justicia y acompañamiento de las autoridades.
Pero el fenómeno va más allá del zapatismo. En distintas regiones también se ha señalado una renovada actividad del Ejército Popular Revolucionario (EPR), particularmente en Guerrero y Oaxaca, lo que coloca nuevamente en el radar a organizaciones que durante años habían tenido una presencia mucho menos visible.
El punto de coincidencia no necesariamente está en sus ideologías, sino en el espacio social que pueden encontrar cuando existe inconformidad, frustración o falta de respuestas a problemas que llevan años sin resolverse.
La inseguridad continúa siendo una preocupación central. Las desapariciones, la impunidad, la pobreza, los desplazamientos y diversos conflictos sociales siguen formando parte de la realidad de varias regiones del país. A ello se suma el desgaste natural que provocan las expectativas muy altas cuando los resultados no avanzan al mismo ritmo.
El proyecto político que llegó al poder con la promesa de transformar buena parte de estas realidades generó enormes expectativas en un amplio sector de la población. Algunas han encontrado avances, pero otras siguen pendientes, y esa diferencia entre lo prometido y lo que los ciudadanos perciben en su vida cotidiana alimenta una sensación de desencanto.
La reaparición de estos movimientos no significa que el escenario sea el mismo de cuando iniciaron, tampoco que lleguen a tomar la fuerza que tuvieron en aquel momento. Pero sí conviene observar con atención su reaparición y las causas sociales que pueden estar abriendo nuevamente espacios para ellos.
Cuando una demanda legítima permanece sin respuesta durante demasiado tiempo, alguien termina ocupando ese espacio. Por eso, más que mirar con alarma el regreso de viejos movimientos, lo importante sería atender las causas del descontento y fortalecer los canales institucionales para que las inconformidades encuentren respuesta por las vías democráticas.
@fer_martinezg