Opinión

En diversas ocasiones, Joel Huiqui, director técnico de Cruz Azul, mencionó que su equipo requería refuerzos en posiciones específicas.

Joel Huiqui: ¿el campeón al que Iván Alonso dejó solo?

Joel Huiqui

En diversas ocasiones, Joel Huiqui, director técnico de Cruz Azul, mencionó que su equipo requería refuerzos en posiciones específicas. La necesidad más clara estaba en la lateral derecha, aunque también pidió un defensa central y un jugador ofensivo. Hoy Cruz Azul suma su tercera derrota consecutiva y el único fichaje es Alan Montes, un defensa que, por su trayectoria y los pocos minutos que ha disputado desde su llegada, difícilmente parece tener por ahora la confianza y las condiciones para ocupar un lugar protagónico en el plantel.

Mucho ha cambiado en Cruz Azul desde la llegada de Iván Alonso a la Dirección Deportiva. El club invirtió más en el equipo, modernizó áreas deportivas e instalaciones y, en suma, institucionalizó un modelo contemporáneo en una organización que todavía conservaba prácticas propias de los años noventa. Aun así, resulta curioso que los dos títulos importantes obtenidos durante su gestión hayan llegado con directores técnicos interinos nombrados por el presidente Víctor Manuel Velázquez: Vicente Sánchez, en la Copa de Campeones de la Concacaf, y Joel Huiqui, en el torneo de Liga. Incluso el gol decisivo de la final contra Pumas lo marcó Rodolfo Rotondi, un jugador que llegó al club antes que Alonso.

Para quienes entienden el futbol únicamente a partir de los nombres, estos datos revelarían una deuda de Alonso con el club. Al final de cuentas, una de las principales funciones de un director deportivo —si no la más importante— consiste en elegir al técnico capaz de conducir al equipo hacia los títulos. Quienes vemos el futbol como el resultado de elementos estructurales y de la capacidad de los actores para incidir sobre ellos podemos llegar a otra conclusión: los entrenadores interinos apuntalaron un proyecto institucional que ya funcionaba y aprovecharon sus capacidades para llevarlo más lejos.

Por eso resulta extraño que la dirección deportiva haya dejado tan descobijado a Joel Huiqui. Si algún técnico representa la continuidad institucional de Cruz Azul, es precisamente él. Desde 2019 ha sido director técnico de la Sub-13 (2019-2020), auxiliar de la Sub-20 (2021), director técnico de las categorías Sub-18, Sub-20 y Sub-23 (2023), auxiliar del primer equipo (2023), auxiliar de la Sub-23 (2024-2025), auxiliar del primer equipo (2025), director técnico de la Sub-21 (2026), director técnico interino del primer equipo (2026) y, desde julio de 2026, director técnico definitivo de Cruz Azul.

Además, Huiqui acumula 16 partidos como técnico del primer equipo, con 10 victorias, dos empates y cuatro derrotas. En ese breve periodo ha sumado dos títulos: la Liga y el Campeón de Campeones.

Ante esa trayectoria institucional, los títulos obtenidos en poco tiempo y un saldo ampliamente favorable, cabría esperar que un proyecto sólido, como parece ser el de Cruz Azul, respaldara a Huiqui y le proporcionara las herramientas necesarias para consolidar lo conseguido hasta ahora. Ha ocurrido lo contrario. Para empezar, es el técnico con el que Alonso menos ha fichado; por no decir que prácticamente no lo ha hecho. Esto, en medio de la posible salida de Érick Lira y que el plantel tiene varios jugadores lesionados.

En la primera temporada de Iván Alonso, cuando comenzó la reestructuración, fichó a Kevin Mier, Lorenzo Faravelli, Camilo Cándido, Gabriel “Toro” Fernández y Gonzalo Piovi. En la siguiente incorporó a Giorgos Giakoumakis, Luis Romo, Jorge Sánchez, Andrés Montaño y Amaury García. Después llegaron Jesús Orozco, Mateusz Bogusz, Omar Campos, Luka Romero y Emmanuel Ochoa; más tarde, José Paradela y Jeremy Márquez; finalmente, Agustín Palavecino, Cristian Ebere y Nicolás Ibáñez. Hoy, como ya mencioné, sólo ha llegado Alan Montes, hermano de César Montes, el defensa de la selección mexicana que en algún momento sonó para incorporarse a Cruz Azul (no considero a Juan José Calero un refuerzo para el primer equipo).

En segundo lugar, tampoco ocurrió lo habitual con un entrenador recién nombrado: elegir a su propio cuerpo técnico. El de esta temporada fue conformado desde la dirección deportiva encabezada por Iván Alonso. Como auxiliares aparecen Sergio Pinto, Juan José Martínez y Facundo Oreja; este último, encargado principalmente del trabajo defensivo y la táctica fija, formó parte del cuerpo técnico de Martín Anselmi. En la preparación física están Diego Bottaioli, también integrante del equipo de Anselmi, además de Fernando Ramos y Jorge Martínez, ambos con trayectoria previa dentro de la estructura del club. Carlos Nicola, incorporado después de la salida de Anselmi, dirige el trabajo de porteros, mientras que Nicolás Vikonis encabeza el área de rendimiento mental. Se trata, así, de un cuerpo técnico compuesto por perfiles recuperados de etapas anteriores (por lo tanto, no son institucionales) personal institucional y especialistas incorporados por la dirección deportiva; más que un equipo elegido por Huiqui, es una estructura cuya continuidad y composición dependen fundamentalmente de Alonso.

El contraste con Nicolás Larcamón, técnico elegido por Iván Alonso, resulta revelador. Cuando llegó a Cruz Azul en 2025, pudo incorporar a colaboradores de su confianza y con quienes ya había trabajado durante años: Javier Berges como auxiliar técnico, Juan Cruz Mónaco como preparador físico y Miguel Ángel Vásquez como analista de video. La directiva añadió inicialmente a Joel Huiqui como auxiliar institucional, aunque éste dejó el primer equipo para asumir la dirección de la Sub-21 antes del Clausura 2026 y no fue sustituido por una figura equivalente. Larcamón terminó así su etapa acompañado fundamentalmente por su propio equipo de trabajo, además del personal especializado del club en áreas como preparación física y porteros. En otras palabras, Larcamón conservó un núcleo técnico propio y una autonomía para conformarlo que contrasta con las condiciones bajo las cuales Huiqui asumió posteriormente el cargo.

Adrián Esparza, periodista de TUDN, mencionó en el programa Insiders (min. 16:35) que dentro de la dirección deportiva de Cruz Azul hay quienes consideran que no se ha fichado hasta ahora porque existe el temor de romper el buen grupo que se ha formado. Seguramente se trata de una confusión de Esparza. Cuesta imaginar que una estructura tan seria como la de Cruz Azul limite sus posibilidades de competir por temor a alterar la armonía del vestidor. La otra explicación sería menos tranquilizadora: que la dirección deportiva no confíe del todo en el técnico para gestionar nuevas incorporaciones o que prefiera no introducir nuevos actores en un vestidor que, al parecer, mantiene una cohesión particularmente estrecha con su director deportivo y no necesariamente con su DT.

En cualquier caso, pienso que Alonso conoce la valía de su trabajo y sabe que su legado no depende de haber elegido personalmente a los técnicos que terminaron como campeones. También confío en que Huiqui, por su trayectoria en el club, sus resultados y sus títulos, recibirá incluso más paciencia que Nicolás Larcamón, aunque no haya recibido la misma oportunidad que él en cuanto a refuerzos y a la conformación de su cuerpo técnico. Al final de cuentas, en Cruz Azul existe un proyecto institucional, no uno personal.

¿No es así?

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