Opinión

El ciclo escolar en tiempos de la IA

Regreso a clases 2026
Regreso a clases 2026 Aspectos del uso del celular por parte de un niño, tras el regreso a clases (Rogelio Morales Ponce)

El inicio del ciclo escolar 2026-27 obliga a repensar el papel de la escuela, en sus diferentes niveles y en las circunstancias actuales. Lejos estamos de los tiempos en los que la escolaridad significaba, de manera casi automática, el principal elemento de movilidad social, y determinaba, de manera casi definitiva, el futuro lugar del educando en una sociedad estratificada. Pero la escuela sigue siendo el principal lugar de adquisición de conocimiento y de formación de las personas, al tiempo de que el nivel de escolaridad sigue teniendo gran importancia para su futuro laboral y social.

Hay muchas cosas que han cambiado rápidamente en años recientes. El advenimiento de nuevas tecnologías en la vida cotidiana y las explosiones expansivas de las redes sociales y de la inteligencia artificial, han generado un cambio generacional en cosas tan centrales para el aprendizaje como la capacidad de atención por tiempo largo, la concentración y la habilidad para usar las herramientas computacionales básicas (como moverse dentro de un teléfono móvil y entender sus características funcionales).

Hace pocas décadas se hacía la distinción entre nativos digitales y quienes tuvieron su formación sin acceso a computadoras personales o a internet. Ahora, la familiaridad de los nativos digitales con la tecnología es insuficiente ante la aparición de la inteligencia artificial, que representa un cambio de paradigma. No es lo mismo una herramienta lógica y predecible que una basada en la probabilística. No es lo mismo utilizar una palabra clave para encontrar información sobre un asunto, que enfrentarse a una hidra, como la IA, capaz de manejar una cantidad enorme de datos, de editar información y resolver problemas complejos, pero también de ser falible y llevar a conclusiones equivocadas. Al mismo tiempo, es impensable ya un futuro sin una amplia utilización de las IA.

Todo esto nos lleva a la brecha creciente que hay entre la forma en la que actualmente está organizada la escuela, las necesidades de los alumnos y la forma en la que éstos y sus maestros -aun los más jóvenes y tecnologizados- acceden a las fuentes de información. La escuela tradicional se dirige de manera imparable hacia la obsolescencia. Pero, al mismo tiempo, la formación escolar se vuelve más importante que nunca.

El problema es que, sin una formación escolar sólida, que privilegie el pensamiento crítico y creativo, el análisis de la información recibida, la ética y la inteligencia emocional, terminaremos con generaciones enteras al servicio de quienes controlen las IA, ya sean gobiernos, grandes empresas corporativas o, en el peor de los casos, las IA mismas, desprovistas de control.

¿Está la escuela actual, en México y en el resto del mundo, a la altura de ese reto? Todo indica a decir que no. Es claro que no basta el control sobre el uso de celulares en las escuelas, que empieza a darse en algunos países. Sirve para evitar distracciones perniciosas, pero no hará más entretenidas ni útiles las clases. Y no funcionan ni los sucedáneos de uso tecnológico moderno (como la preferencia por las presentaciones en pantalla) ni su contrario, que es el nuevo ludismo, que pretende desechar a la tecnología del proceso educativo (pero defiende la plaza del profesor analfabeto digital).

Pensando en estas nuevas circunstancias, ¿qué materias deberían recibir énfasis en las escuelas? Es curioso, pero al parecer deben ser las tradicionales: lengua y matemáticas, sólo que con un enfoque diferente. Si un niño no sabe expresarse bien, si no estructura de manera correcta las oraciones y tiene muchas faltas de ortografía, jamás va a poder escribir un buen prompt para la IA. Y si no entiende los conceptos matemáticos, estará condenado a utilizar la tecnología a ciegas y no podrá usar la máquina para resolver los problemas de verdad. Más que aprender de memoria reglas de gramática o a hacer cálculos simples de manera mecánica, hay que pasar a la redacción de textos e instrucciones o a encontrar patrones y lógica en las reglas de las matemáticas… y posteriormente enfocarse en estadística. Algo similar sucede para materias de ciencias naturales: la clave es entender cómo funcionan las cosas.

Las humanidades cobran también nueva importancia. Niños y jóvenes tienen que aprender a verificar fuentes, distinguir falsedades, entender que hay sesgos y perspectivas diferentes en la historia, identificar causas comunes y desarrollar empatía. La historia y las ciencias sociales ayudan a entender el contexto de las fuentes de información. La ética deviene fundamental, no sólo para vivir mejor, sino también como autodefensa individual y colectiva.

Finalmente, están las habilidades estéticas y manuales, que algo en lo que los humanos, todavía, tenemos ventaja. Por una parte, la imaginación nos da para aportar ideas originales que una máquina no puede inventar por sí misma y expresarlas sin que la tecnología reemplace la mano humana. Por otra, las actividades manuales no artísticas adquieren una importancia estrategia colosal en el contexto actual. Los oficios técnicos y las habilidades esenciales para la vida cotidiana serán el último refugio de la exclusividad humana, y desde hace años se han revalorizado económicamente (si no lo cree, pregúntele a su plomero). Recordemos que el cerebro humano evolucionó usando las manos. Y que el buen uso del cuerpo sigue siendo básico para manejarse en la vida.

Muy poco de estas adaptaciones se verá en los ciclos escolares que han empezado alrededor del mundo. Y menos en México, donde, bajo la consigna de estar transformándolo todo, nos dirigimos a lo que se soñaba como revolucionario en los años 80, y ya era caduco. Vivimos atados a las más añejas tradiciones, aunque digamos lo contrario.

Twitter: @franciscobaezr

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