
Tras los hechos que marcaron el examen de ingreso a la licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México y que llevaron a la institución a la aplicación de un examen de control a cerca de 60 mil aspirantes, el viernes 4 de septiembre la Comisión Técnica de Personas Expertas convocada por el Rector Leonardo Lomelí Vanegas para analizar lo sucedido y proponer alternativas inmediatas y a futuro, entregó su informe final. Los medios de comunicación y la propia Universidad han dado cuenta de lo ocurrido y gracias a la decisión valiente de la autoridad universitaria, a la determinación técnica y objetiva de la Comisión y al trabajo coordinado de miles de universitarios, más de 50 mil jóvenes hoy ya se encuentran en las aulas universitarias. Las causas que provocaron el problema y los mecanismos para remediar el entuerto son públicos, pero a lo que quizá no se ha destinado espacio y tiempo suficiente es a comprender la manera en la que se resolvió una de las mayores crisis que ha enfrentado la Universidad en los últimos años.
Cuando el lunes 27 de julio se instaló esta Comisión Técnica, pocos comprendieron el alcance de esta y la seriedad con la que el Rector Lomelí estaba encarando la situación. Recurrir a la construcción colectiva de una solución es un recurso poco común en sociedades y tiempos en los que lo que prevalece son actitudes basadas en el individualismo y el egoísmo. Sin embargo, la colectividad para el análisis de los problemas y la búsqueda de alternativas es un ejercicio típico de instituciones académicas en las que la experiencia y el conocimiento, sin importar la ideología, prevalecen. A lo largo de seis semanas, Carlos Aramburo de la Hoz, Eduardo Backhoff Escudero, Eduardo Bárzana García, Héctor Benitez Pérez, Alejandro Frank Hoeflich, Ruth Selene Fuentes García, María Soledad Funes Argüello, Alma Maldonado Maldonado, Ramsés Humberto Mena Chávez, Lucía Guadalupe Monroy Cazorla, Alejandro Pisanty Baruch, Pablo Pruneda Gross, Juan José Rivaud Gallardo, Roberto Rodríguez Gómez y Elisa Speckman Guerra buscaron respuestas y construyeron alternativas. Lo que hoy parece evidente y resulta obvio, hace apenas un mes y medio se encontraba cubierto por un velo de duda e incertidumbre. En solo seis semanas, quince mexicanas y mexicanos extraordinarios, la mayoría de ellas y ellos universitarios, corrieron ese velo y devolvieron luz y expectativa de futuro a miles de jóvenes.
Hoy, la Universidad se encuentra mucho más fuerte que antes de la crisis no solo por haber salido de ella, sino por la manera en que lo hizo. La decisión de un examen de control no fue tomada de manera unipersonal ni respondió a simples ocurrencias, sino a un análisis en el que se concilió lo deseable con lo posible, obtenido la alternativa más justa. Hoy, la Universidad goza de una enorme legitimidad por el reconocimiento del error, pero sobre todo por la humildad de un Rector dispuesto a ofrecer disculpas a las personas afectadas. Lo que pudo convertirse en una tragedia para miles de familias que encuentran en la Universidad el mejor camino para la superación personal y profesional de sus hijos, se transformó en la oportunidad de revisar procesos, reflexionar sobre mecanismos de ingresos y replantear el camino hacia el futuro. La Comisión Técnica de Personas Expertas supo responder a las expectativas que la Universidad puso en ella y el Rector tuvo el temple de comprender el papel que le tocaba jugar como líder de una comunidad. Como universitario, no puedo sino agradecer el servicio que con su dedicación, experiencia, conocimiento y compromiso le hicieron a la institución y a las y los jóvenes que hoy forman parte de la comunidad universitaria libres de manchas de duda sobre su honestidad.
La sociedad mexicana y las instituciones públicas de nuestro país tienen mucho que aprender de la Universidad y de la forma en la que se enfrentan y resuelven los problemas. Si el error que provoca un problema es cosa grave, más lo es la soberbia para reconocer la equivocación. ¿Cuántas instituciones pueden hoy mirar de frente a la Nación afirmando que han sido capaces de asumir sus responsabilidades para enmendar las fallas y fortalecerse a partir de ejercicio más elemental de ética, honestidad y verdad? México será un mejor país cuando sus líderes sean capaces de asumir sus equivocaciones y tengan la humildad de recurrir a quienes cuentan con los elementos para construir respuestas. Hoy, tras estar al borde de su mayor crisis, la Universidad está más fuerte que antes y confirma que su reputación, prestigio e identidad no se basan solamente en su calidad académica o en su historia centenaria, sino en los valores, principios y congruencia que la sostienen.
Profesor de la UNAM
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