Opinión

Símbolos, signos y nacionalismo

Canadá como dominio de EU

Como si fuera un juego con crayones en cualquier parvulario en Texas o Colorado, Donald Trump pintarrajea una hoja de papel y prolonga las barras y desparrama las estrellas de su bandera –ese lienzo cosido a mano por Betsy Ross en 1777, según dicen reputados vexilólogos—de forma tan seria como se apropia del luminoso poder esmeraldino de los “Green Lanterns”, y lanza destellos de poder fantástico (Alan Scott) tan inexistente como el universo también inexistente de DC Comics porque se trata de personajes de historieta, poderosos nada más en el cosmos de sus delirios de propaganda, porque nadie se lo puede tomar en serio aunque sí realice caprichos de naturaleza nacionalista y publicitaria, como llamarle de América al Golfo de México o nombrar Nuevo América a uno de los estados petroleros del sur conocido desde 1912 como Nuevo México.

Son desplantes innecesarios pero convenientes como expresiones de poderío en asuntos inútiles, como en el caso de las toponimias, como si a alguien se le ocurriera renombrar el Paso de Cortés y rebautizarlo con el indefinido “Paso de los pueblos originarios” sin atender la verdadera ruta de los mexicas cuya migración no se dio por esos rumbos sino por los ignotos caminos de Aztlán, mitológicamente ubicados en el occidente nacional con asentamientos sucesivos en Azcapotzalco y Cuicuilco antes de fundar la Gran Tenochtitlán convertida por artes de conquista, en la capital de la Nueva España.

Pero eso no tiene relación con los delirios de Trump frente a los cuales México ha reaccionado de manera muy patriótica, enjundiosa y septembrina, pues nos ha dicho con tono firme y severo nuestra bienamada señora presidenta (Con A):

“... En el mes de la patria reafirmamos que México no es ni será colonia ni protectorado de ningún país extranjero. Orgullosamente somos un país libre, independiente y soberano...”

Pero no somos los únicos en advertir el grotesco intento y protestar. En los Estados Unidos el periódico “Santa Fe New Mexican”, después de un largo recuento histórico del cual nos ocuparemos más adelante: Nuevo Mexico es Nuevo Mexico (sin acentos) y así permanecerá. Aprenda la lección.

“No contento de disfrutar de un domingo perezoso durante el fin de semana del Día del Trabajo, el presidente Donald Trump —como le gusta hacer para llamar la atención— continuó con su ola de cambio de nombres, esta vez publicando con un nuevo mapa para la Tierra del Encanto.

“Trump ha mostrado pasión por renombrar sitios geográficos: el Golfo de México se convirtió en el Golfo de América y el Monte Denali se cambió a Monte McKinley en los primeros días del segundo mandato de Trump. Más recientemente, decidió que el lago Ontario debería ser el Lago América.

“Esto, sin tomar en cuenta los antecedentes: el Lago Ontario se menciona como un punto fronterizo en el Tratado de Canandaigua de 1794, firmado (nada menos) por George Washington.

“Cuando se produjeron las primeras revisiones, predijimos que Nuevo México podría ser incluido en las mutilaciones y expresamos:

“... ¿Qué viene después? Si el Golfo de México está prohibido, ¿qué podría pasar con Nuevo México? Para que conste, el estado número 47, incorporado a la unión el 6 de enero de 1912, no quiere ser conocido como Nueva América. Nunca.”

“Sin embargo, ese es exactamente el mensaje que Trump transmitió el domingo a través de Truth Social, publicando un mapa de Nuevo México con una gran X roja sobre “México” y “América” debajo.

“La cuenta oficial de la Casa Blanca volvió a publicar el mapa en X. La publicación de Trump siguió a un engaño viral, en el que un rumor en línea afirmaba que una orden ejecutiva cambiaría el nombre del estado. Evidentemente, al presidente le hizo gracia y lo volvió a publicar en Truth Social.

“Más tarde escribió: ”Mucha gente sugirió cambiar el nombre de Nuevo México, uno de los estados con más grandes trampas electorales de todos los tiempos, a NUEVA AMÉRICA. Mucho más prestigioso y hermoso para la gente de ese estado potencialmente increíble. ¡Vaya, me encanta!

“Por si fuera poco, Trump continuó con un vídeo generado por inteligencia artificial en el que se le veía pegando “América” sobre “México” en un cartel de bienvenida estatal, mientras bailaba “YMCA” de forma extraña. Luego, Trump usó Truth Social para mostrar un mapa del suroeste con “New America” en lugar de Nuevo México.

“Si la sugerencia es que Nuevo México debería renombrarse como Nueva América, olvida la realidad de que el “México” en Nuevo México fue nombrado por exploradores españoles en el siglo XVI, antes del establecimiento formal de la nación mexicana tras su independencia de España en 1821.

“El nombre proviene de la palabra náhuatl, “Mexhico”, el antiguo nombre del Valle de México y la capital azteca de Tenochtitlán. Nuestro nombre es anterior tanto a EE. UU. o México. Nos gusta.

“Un presidente, por supuesto, carece de autoridad para renombrar estados. Cambiar el nombre oficial de un estado depende de las personas que viven en él, no del presidente.

“Como suele ocurrir, solo la sugerencia de un cambio de nombre causó un gran revuelo, con todos, desde la gobernadora Michelle Lujan Grisham hasta la delegación del Congreso y los ciudadanos comunes de Nuevo México. Todos opinaron igual.

“Como dijo la gobernadora:

“El nombre de Nuevo México no está en debate — ha sido nuestro desde antes de que existieran Estados Unidos. ¿Qué está en debate? ¿Quién está defendiendo a las familias trabajadoras?”

“Muchos republicanos —del partido del presidente— no tocaron la propuesta.

“Aun así, el candidato republicano Gregg Hull dijo lo siguiente: “Nuevo México no necesita un nombre nuevo. Este estado lleva la historia de las naciones nativas y los exploradores españoles que nombraron esta tierra hace casi quinientos años, y generaciones de familias que construyeron Nuevo México hasta convertirlo en lo que es hoy. Esa identidad no está en negociación.”

“Bien por él.

“Su oponente, la demócrata Deb Haaland, estuvo de acuerdo: “Nuevo México no es para cambiar de nombre. No está en venta.”

La única diferencia entre el capricho de nomenclatura y el mapa de una América extendida hasta Groenlandia, es la posibilidad. Lo primero, cambiarle el nombre a un Estado tras un farragoso procedimiento judicial y legislativo, es teóricamente posible.

Ya hubo un intento constitucional para cambiarle el nombre a este país porque extrañamente México no existe. Existen los Estados Unidos Mexicanos. Y nadie se preocupa por eso. Una noche vivíamos en el Distrito Federal y a la mañana siguiente estábamos en la CDMX.

Yo tuve un amigo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Vivía en Leningrado. Hoy está en Rusia y habita en San Petersburgo.

Pero lo otro es imposible. Y por tanto risible, aunque el gabinete de publicidad empuje a la presidenta a “engancharse” con las pavadas impracticables.

DESASTRE

Advierte Aurelio Nuño, ex secretario de Educación:

“Los resultados de la prueba PISA 2025 (OCDE) son peores de lo esperado:

“México cayó más que en 2022. Morena atribuyó el retroceso a la pandemia. Eso ya no se sostiene. Frente a 2018, antes de Morena, perdió 21 puntos en matemáticas y 5 en ciencias.

“En 2018, 44 por ciento de los estudiantes alcanzaba las competencias mínimas en matemáticas. Hoy sólo 31 por ciento. En lectura, cayó de 55 por ciento a 49 por ciento; en ciencias, de 53 por ciento a 50 por ciento...”

“Lo bueno es que vamos bien, requetebién...”

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